Femicidio: "Mi papá mató a mi mamá", el grito de un niña a un vecino

Natalia Bandiera tenía 42 años y fue asesinada de dos balazos por su expareja, Guillermo Farías
Natalia Bandiera tenía 42 años y fue asesinada de dos balazos por su expareja, Guillermo Farías
Darío Palavecino
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18 de noviembre de 2019  • 14:08

NECOCHEA.- "Mi papá mató a mi mamá", gritó la niña de 12 años a su vecino de una casa del otro lado de la calle, desde donde ya habían escuchado los dos balazos con los que Guillermo Farías, de 42 años, había asesinado a Natalia Bandiera, de 41, que había sido su pareja hasta hace unos días, cuando ella decidió cortar la relación de manera definitiva.

Desde allí, junto a otros residentes de esa calle 100 al 4500 y cercanías, en Necochea, palpitaron y sufrieron el paso siguiente del femicida, que enfrentó a dos policías que llegaron al lugar y también les disparó.

Uno de los proyectiles dio en el parante del patrullero, del lado del acompañante. En la vereda, el femicida resistió, entre amenazas de suicidarse o asesinar a los efectivos.

"Si se acercan, los mato", les advertía. Casi cuatro horas llevó la negociación para que depusiera su actitud y entregara el revólver calibre 38 que manipulaba.

Si bien la niña le reconocía el rol dentro del grupo familiar, Farías no era su padre biológico ni de los otros dos hijos de Bandiera, una de 17 y otro de 21, que no estaban en la casa. Solo se encontraba la más pequeña junto a una prima. "Todavía no sabemos si ellas vieron cuando la mató, porque están muy shockeadas, pero es muy probable que así haya sido", confió a LA NACION una fuente de la investigación.

Guillermo Farías se resistió a los tiros cuando llegó la policía
Guillermo Farías se resistió a los tiros cuando llegó la policía

La autopsia confirmó que la muerte se produjo por dos heridas de bala, en ambos casos a quemarropa. Uno de los proyectiles perforó el abdomen de la víctima, con el arma apoyada contra el cuerpo. El otro le dio sobre el rostro. La víctima murió en el acto.

La mujer ya había presentado una denuncia por violencia de género en un tribunal de familia local. La citaron con la intención de avanzar con una orden de restricción de acercamiento para su ex pareja, que la hostigaba a partir de que ella decidió separarse. "La citaron, pero no fue", aseguraron LA NACION fuentes judiciales.

El hobby de la víctima

En pleno proceso de ruptura de la pareja, Bandiera decidió refugiarse en la casa de un familiar. Luego volvió a su hogar porque él habría aceptado irse y dejarle el lugar donde ella vivía con sus hijas. Allí también tenía la ropa que vendía, su forma de ganarse la vida que compartía con un hobby: cantar. En esa veta artística la conocían en la ciudad como La Naty.

Farías, que trabaja en la construcción y hace changas como personal de seguridad en eventos, volvió durante la tarde de este domingo a la que había sido su casa. Como ella no abría la puerta, ingresó por la ventana. Rompió el vidrio y en la cocina, con vista a la calle, la mató antes de que avanzara cualquier discusión. Las dos niñas, que estaban en el interior, a los gritos corrieron en busca de ayuda.

El ahora detenido, que deberá prestar declaración durante la tarde de hoy ante el fiscal Eduardo Núñez, a cargo de la Unidad Fiscal 10 especializada en violencia de género y abuso sexual, salió a la vereda y decidió atrincherarse apenas se vio cercado por la policía.

Se convocó a negociadores del Grupo Halcón, pero durante la espera tomaron la posta tres uniformados que estaba en el lugar. De a poco ganaron metros y confianza con el femicida, que por momentos resistía y en otros ponía condiciones para entregarse. Mientras tanto se apoyaba el caño del revólver en la sien, en otros momentos lo ingresaba en su boca, como amenazas de suicidio. O apuntaba a los oficiales, con ese vozarrón que advertía que estaba decidido a disparar a quien se le acercara demasiado.

A la negociación se sumó el fiscal José Luis Cipoletti, que estaba de turno y se acercó al lugar. Allí también interactuó con Farías, con quien pudo dialogar. " Hay que destacar el nivel profesional y humano de los policías que lo llevaron a entregarse", destacó.

Los vecinos, encerrados en sus casas, espiaban por las hendijas de las ventanas una escena de extrema tensión y dramatismo. Cuando caía la noche, de rodillas sobre la vereda, aceptó entregar el arma y que lo detuvieran. Quedó alojado en un calabozo de la Comisaría 1a. de Necochea.

La acusación contra Farías es la de homicidio doblemente agravado, lo que incluye la acusación por femicidio, que prevé la pena de prisión perpetua. Y suma la de tentativa de homicidio también doblemente agravado por los disparos contra el personal policial.

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