Fuga y asesinato. Roberto Carmona, la “hiena humana”, a las puertas de recibir su cuarta condena a prisión perpetua
El fiscal cerró la investigación por el asesinato de un taxista en diciembre pasado, cuando intentó escaparse en Córdoba durante una visita a su esposa, en pleno mundial de Qatar
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CÓRDOBA. Roberto José Carmona, la “Hiena humana”, uno de los presos más antiguos de la Argentina, que acumula tres condenas a prisión perpetua, enfrentará un nuevo juicio por homicidio. A los 61 años, está acusado del asesinato del taxista Javier Rodrigo Bocalón, de 42 años. Lo mató en diciembre del año pasado, cuando se fugó durante una visita a su esposa –para la que fue trasladado con fuerte custodia desde una cárcel de Chaco– y fue recapturado horas después, en medio de los festejos por la clasificación de la Argentina frente a Croacia en el Mundial de Qatar.
El fiscal Horacio Vázquez elevó a juicio la causa; ahora se debe realizar el sorteo para determinar qué sala de la Cámara del Crimen llevará adelante el proceso, con jurados populares. También irán a juicio los seis guardiacárceles chaqueños que estaban a cargo de su custodia en la visita autorizada por la magistrada Ligia Duca, a cargo del Juzgado de Ejecución Penal Nº2 de Resistencia, ciudad en la que él estaba detenido, por la imposibilidad de mantenerlo encerrado en Córdoba. También estará en el banquillo de los acusados la esposa de Carmona, Ángela Etudié, bajo la sospecha de que le habría facilitado las llaves de la casa para que se escapara.
A la hora de fugarse subió a un taxi y amenazó al chofer para que lo llevara. En el trayecto, lo atacó con un cuchillo –el cuerpo de la víctima presenta cortes en las piernas y en el cuello– y se hizo cargo del volante, obligándolo a sentarse al lado. Carmona, que hacía 25 años que no conducía un vehículo, perdió el control y chocó contra un poste de luz. El taxista murió, no por ese impacto, sino por el shock hipovolémico que le provocaron los cortes en el cuello que le propinó el asesino múltiple con un cuchillo en su decisión de quitárselo del medio para procurar su escape.
Después de que el taxi se estrellara, le robó el auto a una mujer –a la que amenazó con el mismo cuchillo–, chocó, regresó a la misma zona del primer accidente y se mezcló con los festejos. Pero ya se había desplegado un operativo por aire y por tierra para dar con él y fue atrapado entre la multitud que celebraba el pase de la Argentina a la final del mundial.
Los antecedentes
Aunque delinquió por primera vez a los 10 años –abrió el auto de un policía y robó una pistola calibre 45– su nombre trascendió en febrero de 1986, cuando asesinó a Gabriela Ceppi en Córdoba. Un mes antes, el 15 de enero, detuvo su Ford Taunus a treinta metros de un Fiat 600 que había pinchado un neumático en el camino de Villa Carlos Paz a Córdoba. Junto al coche estaban tres jóvenes que venían de bailar: Guillermo Elena, Alejandro del Campillo y Ceppi.
Les robó todo lo que tenían, que era poco, y obligó a Ceppi a subir a su auto. La violó y la mató. Abandonó el cuerpo en un descampado.
En agosto de 1988 la Cámara 5ª del Crimen de Córdoba lo declaró culpable de robo calificado, privación ilegítima de la libertad calificada, homicidio calificado y robo calificado reiterado. Le dictó reclusión perpetua con el agregado de reclusión por tiempo indeterminado y la declaración de reincidencia.
En la cárcel de San Martín (cerrada por el gobierno cordobés en 2015) fue conflictivo. En 1988 le dio un “puntazo” a otro recluso, Martín Castro. La herida no fue grave, pero a la noche le tiró aceite hirviendo en la cara; lo desfiguró.
En 1994 mató a Héctor Bolea, un preso “líder”. Después de eso, sus compañeros quisieron lincharlo; la decisión del Servicio Penitenciario fue trasladarlo a Chaco. La Cámara 3ª del Crimen lo condenó a 16 años de prisión, más la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado y declaración de cuarta reincidencia.
En el pabellón de máxima seguridad de Resistencia mató a su compañero Demetrio Pérez Araujo, en 1997. Lo atacó con una “púa” casera. La Cámara 1ª en lo Criminal lo condenó a reclusión perpetua, más la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Lo enviaron de nuevo a Córdoba, donde pidió estar separado del resto de los detenidos.
En 2021, de regreso a la cárcel de Sáenz Peña, se cosió la boca en protesta porque no le permitían acceder a un celular para comunicarse con sus familiares. Ya en ese año gozaba de salidas transitorias.
También accedió a las visitas conyugales, que obligaban a un fuerte operativo para su traslado desde Chaco hasta Córdoba. En el último de esos viajes intentó fugarse a todo o nada. Y volvió a matar.
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