Insólito: pidió facturas, le mostró un arma a la empleada, le robó la recaudación, dio las gracias, saludó y se fue
El hecho ocurrió ayer en una panadería de Avellaneda; la víctima atendía con su hija al lado y, después de entregar la plata, también le agradeció al delincuente
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Una panadería de Avellaneda fue escenario de insólito hecho de inseguridad. Un ladrón se hizo pasar por cliente, pidió facturas para la merienda y cuando recibió el paquete, amedrentó a la cajera con un arma, le exigió que le entregara la recaudación completa, saludó, dio las gracias, saludó y se fue.
La escena ocurrió en una confitería de la localidad de Avellaneda, y toda la secuencia quedó registrada en la cámara de seguridad ubicada en el interior del negocio, con audio incluido.

Cuando faltaban un par de minutos para las 17, un hombre joven vestido de manera informal, de negro y con barbijo puesto, ingresó en el local y le pidió a la empleada media docena de facturas. La mujer preparó el pedido, mientras el “cliente” aguardaba pacientemente.
La panadera acomodó las facturas y cerró el envoltorio ante la vista del “cliente”. Todo parecía ir con total normalidad. Ella le dijo cuánto debía pagar y el joven se metió la mano en sus bolsillos, como si buscara el dinero. Acto seguido, el hombre tomó el paquete de manos de la mujer, cuya hija estaba sentada detrás del mostrador, con el celular en sus manos.
En ese momento, y sin estridencias, el falso cliente se levantó apenas el buzo y mostró brevemente que llevaba una pistola calzada entre el cinturón y el abdomen: “Te quiero avisar que esto es un robo, dame la plata”, le dijo contra tranquilidad, casi como el pedido de un favor. La mujer juntó sus manos y le rogó: “Estoy con mi nena, por favor”; enseguida levantó ambas manos y se dirigió hacia la caja registradora, a su izquierda. Mientras, su hija siguió como testigo de la escena, quieta.
“Quedate tranquila”, le indicó el delincuente a la mujer, que le respondió “sí, sí, sí, mirá así como está te doy todo”, mientras tomaba un fajo de billetes de la caja registradora y se los entregaba.
Finalmente, el hombre, con el dinero y el paquete de facturas en sus manos, agradeció, saludó, se dio media vuelta y ganó la calle. Mientras lo veía irse, la panadera también le dijo “gracias”.
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