La otra hija de la policía dijo: "Mamá mató a mi hermana"
Eso gritó cuando salió a la calle a pedir ayuda tras el dramático hecho; la oficial, que está detenida, se negó a declarar; conmoción en el barrio
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Aunque se negó a declarar ante la Justicia, los indicios se acumulan y parecen caer con todo el peso de la ley sobre la oficial de la Policía Federal Mirta Martínez, detenida y acusada de haber matado de un tiro en la sien a su hija de 12 años, Constanza Rocío Guevara, en su departamento de Caballito. Según el testimonio de una vecina, la hermana de la víctima, que tiene 13, fue quien dio aviso del homicidio al grito de "¡mi mamá mató a mi hermana!".
La policía, de 47 años, fue aprehendida el sábado a la noche, a las 23.30, cuando personal de la seccional 12» arribó a la vivienda situada en la avenida Alberdi 1430 por una llamada que alertó sobre el drama desatado en el departamento 2. Allí se constató que Rocío estaba muerta, con un orificio de entrada en la cabeza, producto de un disparo.
Martínez, que prestaba servicios en la División Asuntos Jurídicos, dijo que había tenido una discusión con su hija mientras miraban una serie de televisión, y que la chica se encerró en su cuarto y, con la pistola Browning de la policía, se disparó en la sien. Pero su versión de un suicidio comenzó a desmoronarse a partir de las contradicciones en su relato de la sucesión de hechos, según informaron fuentes del caso.
El juez Guillermo Carvajal espera la declaración de más vecinos y, en especial, lo que pudiera aportar la otra hija de la imputada, de 13 años, que según fuentes policiales estaba en la casa en el momento del hecho. "La chica salió de la casa diciendo que su madre había matado a su hermana", dijo uno de los jefes policiales que trabajan en la pesquisa. También se explicó que una vecina asistió a la menor hasta que llegaron la policía y su padre, el subcomisario Héctor Alejandro Guevara, que estaba separado desde hacía tiempo de su esposa policía y vivía en Villa Celina, partido de La Matanza.
Ayer, el barrio continuaba conmocionado por el caso. Frente al inmueble, donde hay cuatro departamentos, el único movimiento lo aportaba una policía de consigna que custodiaba el lugar de la tragedia. "Es triste lo que pasó. A la nena se la veía con mucha vitalidad", dijo a LA NACION una comerciante.
Tampoco hubo clases en la sede Caballito del Colegio Marianista, al que Rocío -como la llamaban- iba a 7° grado y al que también había ido su hermana hasta el año pasado. Se declaró jornada de duelo y ayer la tragedia fue motivo de intercambios y de comentarios entre los miembros de la comunidad educativa.
Allegados a padres de alumnos de ese establecimiento confiaron a LA NACION que había indicios de problemas familiares en las chicas Guevara y que el año pasado, cuando egresó la mayor de ellas, a los padres se les "sugirió" un cambio de colegio.
Para esclarecer el hecho se aguardaban los resultados preliminares de peritajes realizados por la Gendarmería en el lugar del hecho y sobre la pistola reglamentaria Browning calibre 9 milímetros de Martínez. Dos de los peritajes más esperados eran el del microscopio electrónico de barrido (MEB) para establecer si hay rastros de un disparo en las manos de la niña o de la madre, y el detalle de la autopsia, con el objetivo de determinar la distancia a la que se produjo el disparo mortal.
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