
Abuso
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CÓRDOBA.– Fernando José Soria, de 60 años, se presentaba como un gurú espiritual. Lideraba diferentes espacios que tenían nombres como las escuelas de la Divina Sabiduría, de la Divina Naturaleza o las fundaciones Energías del Tercer Tiempo o Hermano en la Luz. Detenido desde mayo de 2023, comenzó hoy a ser juzgado por un jurado popular en la ciudad de Córdoba por privación ilegítima calificada de la libertad, abuso sexual simple doblemente agravado, abuso sexual con acceso carnal doblemente agravado por ser un ministro de culto y encargado de la educación, lesiones leves calificadas por violencia de género y tenencia ilegal de armas de fuego de uso civil. Además, como una de sus alumnas se suicidó, la Fiscalía también lo acusa por esa muerte.
Soria les ofrecía a sus alumnos y seguidores que transformarían su vida y que se curarían de enfermedades. A las mujeres les planteaba que eran “cálices para que bajen los espíritus”. Como en otros casos de este tipo, utilizaba técnicas de manipulación con las que se aprovechaba de quienes llegaban en situación de vulnerabilidad.
A quienes llegaban a su escuela les planteaba que, para que sus terapias dieran resultado, tenían que alejarse, aislarse de su círculo y, después, quedarse junto a él si querían resolver sus problemas, fueran estos de salud, de dinero, de familia o de trabajo. Cobraba por cada una de las acciones que realizaba; hubo gente que se endeudó y que vendió bienes para pagarle.
El encargado de investigar la historia que llegó a juicio fue el fiscal de Alta Gracia, Alejandro Peralta Ottonello. El representante del Ministerio Público contó a LA NACION que, en 2020, se le acercó una familia que había concurrido al establecimiento. “Llegaron por recomendación de un ‘maestro’ que le haría bien. La mujer va primero, después va el marido y uno de los hijos, que era menor. Ahí advierten hechos complejos, como que no los dejaban retirarse del lugar, cobraban, presionaban. A partir de ahí empieza la investigación y se detectan hechos muy anteriores a la primera denuncia y también posteriores, de mayor gravedad, como abusos sexuales con acceso carnal. Las declaraciones de las víctimas fueron recepcionadas en la Fiscalía, porque no había más denuncias”.
La sede principal estaba en Alta Gracia, a 40 minutos de Córdoba capital, aunque también había puntos de reunión “en algunos lugares donde vivían personas que él había captado y transformado en ‘maestras’”. Hubo mujeres que fueron acusadas de estafas, pero se pidió que quedaran fuera del juicio en virtud de la gravedad de la manipulación que también sufrieron.
En muchas de las prácticas, Soria obligaba a los alumnos a estar desnudos y les decía que debían “usar” su cuerpo, indicándoles él mismo cómo. También les enfatizaba que nada de lo que ocurría en el predio podía trascender.
En 2023, el fiscal Peralta Ottonello pidió la detención de Soria, quien llegó al juicio en la Cámara Octava del Crimen desde la cárcel de Bouwer donde está preso. El “gurú” nació en Frías (Santiago del Estero) y, según la investigación, generaba una relación “de sumisión y sometimiento” con quienes convencía de que era un “enviado divino”.
En ese contexto de vínculos asimétricos se producían estafas, privación de la libertad y abusos sexuales. El “camino” que proponía constaba de “siete niveles de evolución”, que les permitirían a quienes lo transitaban superar los obstáculos de la vida.
Igual que el “sanador egipcio” —procesado por trata de personas con fines de explotación laboral y económica, abuso sexual, estafas reiteradas y ejercicio ilegal de la psicología; estuvo con prisión preventiva durante tres años, pero está en libertad a la espera del juicio oral—, en el momento de la pandemia Soria sostuvo que el virus del Covid era una “conspiración” creada por “poderes iluminatis” con fines económicos.
La mujer que fue violada y que había dado testimonio en la etapa de investigación se suicidó, por lo que el fiscal Almirón agravó la acusación contra Soria, que por esa causa puede ser condenado a prisión perpetua.




