Siete meses después, la Justicia federal investigará la desaparición de Delicia Mamani como un caso de trata de personas
La chica, estudiante de magisterio de 25 años, fue vista por última vez en noviembre de 2025; la madre recibió un mensaje que decía “me voy a recorrer el mundo”, que se presume falso
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Primero hubo un mensaje improbable enviado desde el celular. “Mamita querida, me voy a recorrer el mundo, no me esperes”. Esas mismas palabras, ajenas, como dictadas por alguien, fueron replicadas en una carta convenientemente encontrada días después.
Pero la farsa de la partida voluntaria de Delicia Mamani, una estudiante de magisterio de 25 años, no alcanzó a disuadir a sus compañeras y docentes de la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó, en Córdoba, que ya habían activado las redes de búsqueda y organizado movilizaciones para visibilizar lo que denunciaban como otro caso de captación con fines de explotación.
Después de más de seis meses de reclamos, finalmente la Justicia ordenó que la causa pase al fuero federal al reconocer la existencia de indicios suficientes que apuntan al delito de trata de personas.

“Recién ahora la investigación mira hacia una red de trata, donde hay un captor y cómplices. Medio año después estamos mirando allí donde la Justicia debió buscar desde el principio. Ese tiempo en la vida de una persona es un montón”, se lamenta la abogada Natalia Lescano, quien junto a Alina Dutto, se ofrecieron a trabajar ad honorem en el caso representando a María Mamani, madre de Delicia.
“Han querido fingir una ida voluntaria de alguien que es mayor de edad, y justamente porque se trata de una mujer que supuestamente se fue por sus propios medios, nadie la busca”, asegura.
La madre de Delicia hablaba de aquel 21 de noviembre de 2025, cuando Delicia salió, como todos los días, de su casa en Punta de Agua, un paraje rural en el centro de la provincia, al sur de la capital cordobesa. Caminó sola los tres kilómetros hasta la parada del colectivo interurbano. Una vez en la ciudad de Córdoba no ingresó al curso del segundo año del profesorado de Educación Primaria. Ahora se sabe que en su mochila cargaba dos jeans y una notebook. No llevaba dinero ni el pasaporte. Tampoco ensayó alguna despedida especial.
“Después de mucho esfuerzo, Delicia había llegado a regularizar materias y estaba rindiendo los finales; por eso nos pareció extraño que faltara al curso. El martes 24 de noviembre una compañera suya vio en TikTok que una influencer daba la noticia de que la estaban buscando en Jujuy. No entendíamos nada, pues ella vivía y estudiaba en Córdoba. Esa fue la primera alarma de que algo no andaba bien”, recuerda Mara, docente de Delicia y una de las mujeres que acompañó a la familia a realizar la denuncia por su desaparición.
El sábado 29 de noviembre, ocho días después de la última vez que Delicia fue vista, una comitiva de docentes y estudiantes del “Carbó” ingresó al despacho de la Unidad Judicial N°2 de Córdoba para reclamar, a través de una denuncia formal, que se realicen todas las diligencias necesarias para dar con el paradero de la joven.
En su resolución de hace algunos días, la Sala B de la Cámara Federal de Córdoba consideró que podría haber “desprotección e intervención de terceros al evaluar el silencio absoluto de Delicia, su borrón digital abrupto, la vulnerabilidad que sufría por su realidad socioeconómica, la existencia de registros de movimientos fronterizos contradictorios y la sospecha de intervención de personas con antecedentes de explotación laboral y coerción económica”.
“Nosotras –insiste la abogada Lescano– venimos denunciando con nombre y apellido a quien consideramos que puede saber dónde está Delicia, pero la Justicia provincial demoró el traspaso al fuero federal. Después de seis meses empezamos una investigación de cero”.

“La queremos viva y sana”
El apuntado por las denunciantes es Cancio Tencuri Flores, esposo de una de las hermanas de Delicia. Pero en la familia nadie lo llama por su nombre: para todos es “El viajante”, por la costumbre de moverse de un lugar a otro sin trabajo fijo, aunque con insondables ingresos de dinero. Él mismo fue quien se apuró a radicar la primera denuncia por la desaparición de la joven en Jujuy con un detalle escandaloso: lo hizo haciéndose pasar por el hermano de Delicia.
También fue el responsable de enviarle a la madre de la joven desaparecida videos que la muestran en la terminal de Villazón, Bolivia, junto a un mensaje perturbador: “María, quédese tranquila que su hija está haciendo compritas”.
Esas imágenes fueron tomadas desde una pantalla de monitoreo, es decir, un material al que solo tiene acceso personal de seguridad, lo que obliga a descartar la actuación solitaria de Tencuri Flores.
“Hemos denunciado a esta persona porque sabemos que en octubre, antes de la desaparición de Delicia, estuvo en Córdoba reclamándole a la madre una deuda de dinero y le ha dicho que se la iba a cobrar con su hija. Él ya se había llevado a Delicia contra su voluntad a Mendoza para trabajar en la cosecha de uva. Suponemos que ahora la ha vendido o entregado para algún tipo de trabajo esclavo o de explotación sexual. Todas las hipótesis de trata son posibles”, afirma Lescano.
El Juzgado Federal N°3 de Córdoba, a cargo de Miguel Hugo Vaca Narvaja, tomó nota de la denuncia de la querella y trascendió, pese al estricto secreto de sumario, que ya libró una orden de captura contra el cuñado de Delicia con resultado negativo hasta el momento.
“Las docentes y compañeras de Delicia hicimos el trabajo que debió haber hecho la Justicia. Como comunidad educativa, exigimos que se activen los protocolos de búsqueda porque la queremos viva y sana. Las personas no desaparecen: en algún lado están”, concluyó la docente de la joven.

“Hipervulnerabilidad”
“La Argentina está obligada a cumplir con ciertos estándares internacionales de derechos humanos y cuando se trata de desapariciones de niñas y mujeres existen las 100 Reglas de Brasilia, que ponen el foco en las condiciones de vulnerabilidad de las víctimas. En el caso de Delicia hay condiciones de hipervulnerabilidad”, destaca la abogada Natalia Lescano, que representa a la querella.
Las 100 Reglas de Brasilia sobre el acceso a la Justicia de las personas en condición de vulnerabilidad son un conjunto de principios acordados en 2008 en la XIV Cumbre Judicial Iberoamericana. Su objetivo es garantizar un acceso efectivo a la Justicia para quienes se encuentran en situaciones de desventaja —por razones económicas, sociales, de género, condición migratoria, entre otras—, recomendando medidas específicas para que los sistemas judiciales las atiendan de manera adecuada y sin discriminación.
“La realidad de Delicia es muy dura, de una pobreza que te duele en el alma. Vive en un rancho de adobe con piso de tierra en el medio del campo. Además, tiene una discapacidad motriz. Todo esto formó en ella una personalidad retraída; le costaba mucho establecer vínculos, siempre estaba callada”, destaca Mara, docente del segundo año del profesorado de Educación Primaria que cursaba Delicia en la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó, de Córdoba.
En este contexto, la abogada de la familia invocó las Reglas de Brasilia para que la Justicia reconozca a Delicia como sujeto de derecho en situación de vulnerabilidad y actúe en consecuencia, “con celeridad, sensibilidad y perspectiva de derechos humanos”.
Otro punto clave que plantea es la posibilidad concreta de que estemos frente a un caso de trata de personas. Este tipo de delito se sostiene muchas veces sobre la captación de mujeres jóvenes, pobres, migrantes y de personalidad reservada. La historia personal de Delicia responde sin dudas a ese patrón.
La trata de personas, además, implica activar protocolos específicos, articular con organismos especializados y desplegar una búsqueda que no se limite al entorno inmediato de la víctima.
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