Sólo el 4% de la población carcelaria es femenina: ¿por qué las mujeres delinquen menos que los varones?

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Mercedes Uranga
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28 de febrero de 2019  • 02:08

"Todos tenemos la capacidad de hacer daño y de reprimirnos", dice la criminóloga y perfiladora criminal Laura Quiñones Urquiza. Sin embargo, según la última encuesta del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (Sneep) solo el 4% de la población carcelaria argentina está compuesta por mujeres. Las noticias se hacen eco de esta realidad a diario: en lo que va de 2019 hubo más de 30 femicidios en el país y, mayormente, quienes protagonizan robos, violaciones y homicidios, entre otros delitos, son varones. Si bien actualmente no hay una explicación universalmente aceptada sobre el origen del delito, las cifras de nuestro país indican que son los varones quienes cometen mayor cantidad de infracciones a la ley.

¿Cuáles son las razones detrás de los números? LA NACION dialogó con criminólogos argentinos y extranjeros para intentar comprender el por qué de este fenómeno. Los especialistas coinciden en que, si bien el delito no se justifica de ningún modo, las metas culturales impuestas a uno y otro género, así como el rol social asignado a la mujer a través de la historia, influyen de manera significativa en esto. Pero también factores que se dan en la mujer y que hacen que desista del delito en mayor medida que el hombre: la maternidad, una mejor predisposición al diálogo y una mayor conciencia sobre la imagen y el qué dirán.

La feminista chilena Carmen Antony, criminóloga de reconocida trayectoria, explica que cualquier análisis sobre el tema debe contemplar contextos históricos y situacionales, además del rol asignado a la mujer dentro de la sociedad y del control social por parte del Estado. En cuanto a las estadísticas, se refiere solamente a las de América Latina: "Ciertamente la cifra de participación de las mujeres en delitos es más baja que la de los hombres, en América latina oscila entre el 6 al 10% y no varía fundamentalmente", dice, a través de un correo electrónico desde Chile. "Todo ello a pesar de los avances de las mujeres y su mayor participación en la sociedad", añade.

Hasta el momento, en la Argentina, la incursión de la mujer en el delito sigue siendo categóricamente más baja que la del varón, aunque va en aumento.

Según el informe Sneep publicado en octubre de 2018, la población alojada en unidades penitenciarias en todo el país varió de 54 mil personas en 2006 a 85.283 en 2017. Dentro de ese total, hay 3602 mujeres detenidas, cifra que aumentó en un 11% con relación a 2016 (la próxima estadística se publicará en octubre de este año y reflejará los números del año pasado).

Los roles y las metas culturales

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El criminólogo argentino Fabián Quintero explica a través de diversos autores cómo las metas culturales impuestas por la sociedad funcionan como punta de lanza para ciertos comportamientos; o al menos para incidir en ellos. Señala que el sociólogo estadounidense Robert Merton decía que "la desviación reconocida como delito" está basada en una contradicción entre los fines culturales a los que se enseña a aspirar y los medios sociales que permiten alcanzar esos fines.

"Esto genera una disfunción entre valores y normas. Para Merton muchos de los delincuentes son personas que, aspirando a las metas culturales, optan por medios sociales ilegítimos para lograrlos", dice Quintero. Y agrega: "La mayor parte de los criminólogos del siglo XX y siglo XXI coinciden en que el delito se aprende como cualquier otra actividad".

El criminólogo dice que -históricamente- a las mujeres se les enseñó a tener metas culturales diferentes a las de los hombres. "El prestigio económico, el poder, la propiedad, siempre fue patrimonio masculino. Ahí es donde estas teorías pueden explicar no sólo las diferencias históricas de delitos entre hombres y mujeres sino también el cambio en la tasa de delitos en las últimas décadas".

Quintero publicó un trabajo en el que señala que, en la provincia de Buenos Aires, en 1990 hubo 9000 varones y 220 mujeres (2%) presos, mientras que en 2010 hubo 23.000 varones y 900 mujeres (4%) detenidas. "Esto marca una tendencia ascendente en el encarcelamiento femenino relativo. Hay que tener en cuenta que, a nivel global, las diferencias masculino-femenino han sido paulatinamente disminuidas. Es esperable entonces que las metas culturales de las mujeres se acerquen paulatinamente a las de los hombres, con sus componentes positivos y negativos", señala.

El abogado penalista y profesor en la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, Gabriel Regino García, dice: "Mujeres y hombres no tienen diferencias significativas en cuanto a capacidad criminal". Pero, tal como sus colegas, indica que el rol de la mujer dentro de la sociedad ha sido trascendental a la hora de analizar este fenómeno.

"La razón de la baja incidencia de delitos realizados por mujeres es consecuencia de su rol limitado en el ámbito social. Basta ver, por ejemplo, si en el Congreso hay más diputadas o diputados, en las instituciones, más investigadoras o investigadores. La limitada participación social de la mujer repercute de manera directa en sus posibilidades de cometer delitos. A mayor participación social, mayor posibilidad de cometer crímenes", explica.

Sin embargo, también dice que, ante una misma situación, hombres y mujeres no reaccionan ni reaccionarían de la misma manera. Y no por las diferencias entre uno y otro sexo sino porque todos los seres humanos son seres individuales. "Dependerá mucho del rol que cada individuo desempeñe para concluir que no es cuestión de género sino de educación, posicionamiento cultural y obligaciones el cómo reaccione", apunta.

Cómo juega la maternidad

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Entre los especialistas consultados son varios los que señalan a la maternidad como un factor que incide en el desistimiento del delito. Quiñones Urquiza comenta que así lo demuestran diversos estudios criminológicos. "En relación a los varones, las mujeres sienten que sus actuales o próximas responsabilidades maternales son un factor motivador para desistir del delito", cuenta. Otros estudios -agrega- hablan de que las mujeres valoran sus "relaciones con los demás", en referencia a su imagen pública, más que los hombres. "Los círculos sociales o el temor a ser etiquetadas ayudan a que impidan su ingreso o persistencia en el delito".

Según el informe Sneep, se contabilizaron 175 casos en 2017 de mujeres que viven con sus hijos en centros penales, lo que representa solo al 5% de las 3602 mujeres detenidas (por ley pueden convivir con ellos hasta que cumplen 4 años).

La psicóloga y especialista en investigación científica del delito Magalí Moreno relaciona el ser madre con una menor incursión en el consumo de drogas y que ésto "se asocia como un factor de riesgo para la comisión de ilícitos". En ese sentido, dice que el consumo es notoriamente mayor en los hombres infractores que en las mujeres infractoras: "La proporción es de 4 a 1".

Según Moreno, las mujeres poseen una mayor predisposición al empleo del diálogo, mientras que los varones son "más egocéntricos y menos empáticos". Siguiendo esa línea, sostiene: "Ellos tienen un nivel mayor de agresividad, impulsividad y tendencia a situaciones peligrosas que las mujeres".

Para la psicóloga también es importante -para no incurrir en la comisión de delitos- una adecuada inserción escolar y laboral. "Usualmente las mujeres que delinquen poseen parejas que cuentan con antecedentes criminales y que las iniciaron en el delito", dice.

La estadística publicada en 2018, refiere: "La población penitenciaria tiene una destacada presencia de varones jóvenes argentinos con un bajo nivel de escolarización". Dentro de los 85.283 reclusos, 34.854 se encontraban desocupados al momento del encarcelamiento.

Cuatro mujeres participaron de una prueba piloto en 2017 conviviendo junto a sus pequeños hijos en casas, dentro de un penal de Florencio Varela
Cuatro mujeres participaron de una prueba piloto en 2017 conviviendo junto a sus pequeños hijos en casas, dentro de un penal de Florencio Varela Fuente: Archivo

Cómo mata una mujer y cómo lo hace un hombre

"En algunos homicidios que he visto efectuados por mujeres, y en los que hubo un exceso de violencia, siempre les fue necesario inmovilizar, sorprender o sedar a la víctima, colocarla en un estado de indefensión física para asesinarla y rara vez con sus puños", cuenta Quiñones Urquiza.

En cambio -dice- en los hombres no hubo reparos en una lucha cuerpo a cuerpo, ya que se valían de su supremacía física, salvo casos excepcionales en que la amenaza y el uso de un arma de fuego los hacía amos de la escena criminal sin tener que mancharse. "Las diferencias biológicas hacen que los hombres puedan utilizar la fuerza, la contextura y la estatura que tienen en su beneficio", agrega la perfiladora criminal.

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Asimismo, señala que la delincuencia ha variado con el tiempo y los lugares, y destaca, por ejemplo, el rol de las mujeres dentro del narcotráfico. "Muchas veces las mujeres llamadas ‘mulas del narcotráfico’ son utilizadas por ser menos sospechosas, por el constructo social de fragilidad que existe, pero a su vez, ese mismo aspecto es el que ven otros criminales para someterlas a la esclavitud sexual, por ejemplo", apunta Quiñones.

Desde México, Regino dice que el rol de la mujer en el narcotráfico "es más decisivo de lo que se cree", y recalca que es usual que haya bandas criminales con mujeres a la cabeza de la organización, algo que también se está dando en la Argentina. "Ellas hábilmente operan a través de varones para no ser objeto de seguimiento por parte de las autoridades", informa.

Población trans

El informe Sneep se refiere a la población carcelaria masculina y femenina pero no realiza una distinción sobre población trans. La licenciada en sociología Josefina Alfonsín, perteneciente al equipo de Género y Diversidad Sexual de la Procuración Penitenciaria de la Nación, señaló que dentro de la cárcel las personas trans enfrentan altos índices de violencia y discriminación: "Uno de los principales problemas es que la cárcel, al igual que la mayoría de las instituciones, se encuentra estructurada bajo criterios cisnormativos y binarios". Es decir, normas pensadas para varones o mujeres cuya identidad de género coincide con la que les asignaron al nacer.

La especialista explicó que hoy casi el 70% de las mujeres trans y travestis se encuentran detenidas por la infracción a la ley de drogas vinculados al comercio, tráfico e incluso tenencia simple, y que le "resulta alarmante" que el 79% se encuentre detenida en calidad de procesada y no de condenada.

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