
Violencia de género
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Con la instalación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva se pensó revitalizar la zona de Palermo cercana a las vías del ferrocarril San Martín. Allí se inauguró en octubre pasado la Plaza de las Ciencias y se ubicó una sede del Conicet. Pero a pocos metros de esos lugares no manda la investigación y el conocimiento, sino el delito y la inseguridad. El pasadizo que desde la calle Soler, entre Godoy Cruz y Juan B. Justo, lleva a galpones ocupados por grupos de indigentes y bandas de delincuentes se volvió un punto muy conflictivo en la ciudad.
"Es tiempo de brillar", dice el gran mosaico que adorna el cruce bajo las vías de la calle Soler. En ese lugar, pegado al acceso a un precario asentamiento donde dos hombres intentaron violar a la periodista Manuela Fernández Mendy el domingo pasado, los vecinos sienten miedo. La policía llegó ayer, después de conocerse el caso de la periodista atacada. Antes fue escasa la presencia policial, según cuentan en esa zona.
En un recorrido por el barrio, LA NACION dialogó con víctimas del delito, quienes comentaron que la inseguridad aumentó en el último mes. En ese lugar, las mujeres son el blanco principal de violentos arrebatadores. "A la noche no podés pasar, te agarran, te manotean", dijo Angélica Ester Agüero, una profesora de gimnasia que vive a una cuadra del pasillo que lleva a los galpones ocupados.
"El otro día me agarraron dos tipos, me quisieron robar, pero no tenía nada. En ningún momento vi a un policía. Antes me gustaba salir a correr y ahora no puedo más", añadió.
Alejandra, una joven diseñadora gráfica de una firma de la zona, sufrió un violento asalto el 4 de enero mientras se dirigía a las oficinas de esa empresa. "Eran las 9.20 am. Doblé por Juan B. Justo a la altura de Soler y vi que apareció un chico medio sospechoso. Me agarró del morral que llevaba y me arrastró por el piso varios metros. Terminé con lastimaduras en las piernas, la cara y los brazos. Había un policía cerca, pero cuando escapó el pibe se tomó todo el tiempo del mundo para venir y preguntarme qué había pasado."
Como consecuencia de las heridas que sufrió durante este episodio, Alejandra debió ausentarse dos días de la oficina: "En el trabajo ya le pasó a varias compañeras. No se entiende cómo sucedieron tantas cosas malas en tan poco tiempo".
Para Valentina Rico, mesera en un restaurante en Humboldt entre Soler y Guatemala, enero ha sido un mes particularmente difícil. "Hace tres semanas rompieron la puerta y robaron la caja. La semana siguiente, una pareja cenaba afuera y un chico sacó un revólver de su mochila y los asaltó. Vivo a tres cuadras y también entraron a robar en mi edificio. La policía está sólo hasta las 19 y los delincuentes lo saben muy bien. Soy de Venezuela, un país muy inseguro, y vine a la Argentina para escapar de eso. Ahora me veo obligada a tomar precauciones que antes no contemplaba", aseguró.
No sólo las mujeres son víctimas de la inseguridad. Nicolás Borowski, encargado de Deco Turner, un local especializado en artículos para la construcción, contó que ha sufrido cinco robos a manos de boqueteros en el último año, dos en las últimas dos semanas. "No es gente que vive ahí. La misma policía nos dice que los ve llegar en los trenes, que usan carros de cartoneros para camuflar las cosas que roban."
María Elena Leuzzi, titular de la ONG Ayuda a Víctimas de la Violación (Avivi), coincidió con Borowski respecto del origen de los delincuentes. "No creo que pertenezcan al asentamiento. No son de la zona, se trasladan a través del tren", afirmó. Estima que es fundamental mejorar los controles y la iluminación en el cruce bajo las vías para evitar la repetición de delitos. Tras las denuncias, el gobierno porteño reforzó la presencia policial y espera órdenes judiciales para desalojar los galpones.
Cómo sigue
El gobierno porteño busca alternativas para desalojar los galpones linderos con las vías del ferrocarril San Martín.
Porqué es importante
Ese lugar se volvió un punto rojo en la inseguridad urbana.
Qué significa
La inteligencia criminal debería marcar las zonas de peligro antes de las denuncias públicas.
Andrés Krom




