Una cobertura marcada por la desinformación
La conmoción pública que generó el homicidio de Ángeles Rawson dio lugar a un sinfín de especulaciones y versiones. Aunque no parecen haber perjudicado el avance de la investigación hasta su estadio actual, los rumores y las informaciones no contrastadas no hicieron más que sumar confusión e, incluso, atribuir hipotéticas responsabilidades más allá de lo que las pruebas efectivamente sugerían.
En ese contexto debe entenderse, seguramente, el comunicado de prensa difundido por la fiscal que impulsa la acción penal en el caso, María Paula Asaro, a través del sitio web oficial del Ministerio Público Fiscal. El dictamen público -que no necesariamente reproduce la totalidad de las constancias que existen actualmente en el expediente- puso claridad en muchos puntos sobre los cuales, hasta ayer, regían las medias palabras y la desinformación.
Los medios de comunicación, en general, fueron portavoces de esa confusión. En muchos casos, el sensacionalismo y la desinformación llenaron espacios allí donde no había certezas ni información fidedigna. Tanto fue así que, incluso, hubo medios que dieron por detenido al padrastro de la víctima, Oscar Opatowski, en el mismo momento en el que, en realidad, comenzaba a consumarse la confesión del encargado Jorge Mangeri, hasta ese momento "invisible" en las sospechas de la prensa.
En el ejercicio informativo diario durante toda la semana de cobertura del caso se dieron por ciertas algunas sospechas.
Un ejemplo fue el de la mecánica de la muerte: el primer día se tomó como un hecho que Ángeles había sido estrangulada y violada; al día siguiente, la fiscal reveló que no había en la víctima signos de abuso. Y toda la prensa dio por cierto que la chica había muerto por estrangulamiento, a pesar de que el comunicado de Asaro sólo hablaba de "la acción que causó su muerte", sin especificar cuál era ésta.
Los comunicados de la fiscalía dieron precisiones acerca de horarios, causas de deceso y, ahora, de las circunstancias que rodearon la transformación de la declaración del encargado Mangeri de testimonial a indagatoria. Pero así como esas afirmaciones de Asaro aportan claridad al caso para su difusión social, otras aseveraciones vertidas en el dictamen todavía no encuentran, al menos en la información revelada públicamente, su correlato en pruebas.
Todavía no se conoce el móvil del crimen; en este punto, sólo hay, de nuevo, especulaciones. Pudo haber sido un intento de abuso no consumado o una pelea cuyo origen es todavía difícil de vislumbrar. Eso decían, hasta anoche, calificadas fuentes vinculadas con la investigación.
El caso de Ángeles Rawson seguirá ocupando, ahora más que nunca, un espacio destacado en las páginas escritas, en la radio y en la televisión. Seguramente aparecerán nuevas preguntas sin respuesta, y renovadas explicaciones que, es de esperar esta vez, aporten claridad y no más confusión.
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