Basura, autos abandonados e inseguridad: un histórico espacio verde del conurbano, jaqueado por la desidia y los conflictos
Reserva de Biosfera desde 2007, el ecosistema único del Parque Pereyra Iraola atraviesa una de sus etapas más complejas
11 minutos de lectura'

Es un lugar difícil de definir. Es único en su concepción, su geografía, su historia y en la diversidad que alberga. Es tan grande que muchos lo atraviesan sin saber que están dentro de sus límites. El Parque Pereyra Iraola es el pulmón verde más grande del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Esa misma singularidad, sin embargo, también lo lleva a enfrentar problemáticas complejas desde hace varios años.
La gestión de residuos es uno de los problemas que persisten desde hace muchos años y uno de los más difíciles de resolver. “El tema de la basura es algo que nos preocupa diariamente. El mayor problema lo tenemos en Florencio Varela y Berazategui”, explicó a LA NACION la directora del Parque Pereyra Iraola, Marina de Sousa.

La acumulación de desechos no solo degrada el ambiente, sino que también está directamente vinculada con los incendios. “En el verano apagamos fuego todos los días, y en general tiene que ver con la basura. Diría que el 80% es por eso. Es una cuestión que nos preocupa mucho y que estamos tratando de resolver. Incluso estamos evaluando empezar a multar, algo que hasta ahora no ocurría. Venimos trabajando con los guardaparques: hay gente que tenemos identificada, a la que le decimos ‘No tires la basura acá, dámela a mí’ si el contenedor está lleno, pero aun así se la llevan y la tiran igual”, explicó De Sousa.
A esto se suman otros factores de riesgo, como los focos ígneos provocados por asados o prácticas rituales. “Tenemos gualichos. Salimos a la mañana a caballo y hay por todos lados, vinculados con prácticas de magia negra. Eso genera incendios: dejan velas encendidas o creen que las apagaron”, sostuvo la funcionaria.

Incluso en zonas menos accesibles del parque se detecta la presencia de residuos. “El tamaño del parque se entiende cuando uno lo recorre: son 10.248 hectáreas, lo repito, son 10.248, es enorme. Hay sectores a los que solo se puede llegar a caballo. Hace unos cuatro o cinco meses fuimos con trabajadores del parque a una zona así. Nos internamos varios kilómetros y, aun en un lugar de muy difícil acceso, encontramos basura. Y no cualquier basura: había pañales relativamente nuevos, una pelopincho… restos de una familia que había ido hasta allí y había dejado todo tirado”, explicó la directora.
Para los vecinos, el problema de la basura es una de las principales preocupaciones y concentra muchas críticas. Si bien hay zonas que, según destacaron, se mantienen conservadas, como el sector de la Estación de Cría de Animales Silvestres (ECAS) y el casco de la estancia Santa Rosa, entre el Camino General Belgrano y el Camino Centenario, áreas muy concurridas pero bien cuidadas, otras presentan un deterioro evidente.
Fines de semana
“Antes los senderos del parque no eran tan concurridos, por lo que se conservaban mejor. Creo que después de la pandemia de Covid la gente tomó dimensión de lo que brinda el parque y hoy es muchísimo mayor la cantidad de personas que van los fines de semana. Como consecuencia, se pueden observar las huellas que dejamos: mucha basura, mucho plástico y contaminación sonora”, explicó Lucas Velasco, vecino de la zona.

Y agregó: “En la zona del arco este, que da a la rotonda de Alpargatas, al recorrer los senderos de esa área se pueden encontrar hasta autos abandonados y hay muchos casos de robos de bicicletas, sobre todo cerca de la Escuela Agraria N°1. El único cambio que tuvo el parque es la cantidad de basura que hay. Pasaron distintas gestiones y no cambia nada”.
En la misma línea, Sergio Perdoni, instructor de trekking de la Asociación Argentina de Guías de Montaña (AAGM) y docente e investigador en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), señaló: “Hay un sector que va desde el cruce entre Camino Centenario y Camino Belgrano hasta la rotonda de Alpargatas, donde el parque se va estrechando. Allí hay zonas ocupadas y otras con grandes pastizales que se han convertido en depósitos de basura. Sobre todo en la franja entre las dos manos del Camino Centenario, donde hay un marcado abandono: no hay mantenimiento, no se corta el pasto ni se recogen los residuos, se han formado basurales. Es una de las zonas en peor estado”.

Antes de convertirse en un espacio público, estas tierras pertenecieron a la familia Pereyra Iraola hasta 1949, cuando el gobierno de Juan Domingo Perón decidió expropiarlas para crear, el 24 de febrero de 1950, el Parque de los Derechos de la Ancianidad. Tras el golpe de Estado de 1955, el predio adoptó su nombre actual.
El predio tiene una extensión de 10.248 hectáreas y se despliega entre los partidos de Ensenada, La Plata, Berazategui y Florencio Varela. En ese marco, su valor ambiental resulta clave dentro del entramado urbano de la región.
“Es el único corredor verde entre la Ciudad de Buenos Aires, el AMBA y el Gran La Plata. Su importancia es enorme. Es una reserva de biosfera y resulta crucial: no hay nada parecido en esta zona de la Argentina. Permite armonizar la conservación de la biodiversidad y funciona como un laboratorio vivo. Dentro del parque hay institutos de investigación, espacios de educación ambiental y de gestión sostenible”, sostuvo Alejandro Manuel Castro Estrada, vecino de la zona y usuario frecuente del parque.
En la misma línea, Velasco afirmó: “El parque es un lugar único en la provincia. Por sus grandes dimensiones y su diversidad de flora y fauna, se convierte en un espacio invaluable para quienes lo utilizan”.

A las problemáticas vinculadas con la basura se suman, además, cuestiones de seguridad, especialmente relacionadas con la ocupación de tierras en las inmediaciones de las vías del tren, cerca de la estación Pereyra.
Asentamientos
“El asentamiento cerca de las vías existe desde 1999 y es un tema complejísimo. Durante los ’90, con el desmantelamiento de los ferrocarriles, muchas estaciones fueron cerrando y esos espacios se transformaron en asentamientos. Los primeros pobladores, incluso, eran los propios trabajadores ferroviarios”, apuntó De Sousa.
Y añadió: “Esas son tierras del ferrocarril, siguen siendo de jurisdicción nacional, por lo que no tenemos competencia legal para intervenir. No podemos hacer nada. Por eso, desde la provincia lo único que podemos hacer es contener y acompañar”.
Si bien las vías están a cargo de La Nación, el resto del predio está administrado por tres ministerios de la provincia de Buenos Aires, en un esquema de gestión tripartita en el que intervienen las carteras de Desarrollo Agrario, Ambiente y Seguridad.
La falta de luminarias en distintos sectores impacta también la seguridad en el predio. “Hay algunas zonas del parque que no tienen luz. Además, tenemos problemas de tensión: hay veces que se nos corta la luz”, explicó la directora.
Y advirtió sobre los riesgos durante la noche: “Algo que decimos siempre es que no hay que olvidarse de que esto es un parque y hay que saber qué implica transitarlo a la noche. Hemos tenido casos, como el de una chica que quedó varada con su auto o el de un joven al que le rompieron el vidrio, los dos en lugares complicados de acceso. Siempre hay personal presente, pero es mucho más difícil actuar durante la noche”. Uno de los proyectos de este año para la administración es reforzar las luminarias en distintas zonas del parque.
A las problemáticas vinculadas con la basura y la seguridad se suman, además, desafíos en la preservación y conservación de la biodiversidad. En ese sentido, los desarrollos urbanos cercanos aparecen como un factor de tensión, ya que habrían ocupado terrenos del predio y alterado el ecosistema, con el consecuente desplazamiento de fauna autóctona.

“Hay un country que está en el límite con el arroyo Baldovinos, que pertenece al parque Pereyra Iraola. Sin embargo, se apropiaron de un sector donde se formó una laguna y terminaron expulsando a los carpinchos”, explicó Estrada, en referencia a situaciones similares que suceden en barrios cerrados del norte del conurbano bonaerense.
Desequilibrio de especies
A su vez, el equilibrio entre especies nativas y exóticas es otro problema por la tensión entre el valor histórico de su forestación y los riesgos ecológicos y de seguridad que implica. “Esta composición histórica de distintas especies genera todavía grandes problemas. Los eucaliptos por ejemplo, una (especie nativa), se nos caen, lo que representa un peligro constante para los visitantes y exige un mantenimiento permanente”, explicó la directora.
Desde 1860, la forestación del predio se basó en especies traídas de Europa, Asia y Australia, como robles, eucaliptos, plátanos, tilos, acacias y pinos. Entre sus ejemplares más emblemáticos de origen exótico se encuentra el llamado Árbol de Cristal (Agathis), traído desde Malasia: de los 12 originales plantados en el parque, hoy solo sobrevive uno. Fue declarado Monumento Natural por la Cámara de Diputados bonaerense (ley 11.341) en 1992.

La dirección del Parque plantea la importancia de comprender la relación entre los dos y cómo pueden coexistir. “En los parques nacionales, durante mucho tiempo, la lógica fue clara: lo nativo se preserva y lo exótico se elimina. Pero con el tiempo esa mirada empezó a revisarse, porque hay casos en los que lo exótico también se integra al ecosistema. Por ejemplo, un ombú que lleva 300 años en un lugar puede haberse incorporado, todo va cambiando”, explicó De Sousa.
Además de su gestión tripartita, el parque se organiza en distintas zonas con funciones específicas. Por un lado, existe una zona núcleo, con áreas de protección estricta destinadas a la conservación de los paisajes, los ecosistemas y la diversidad genética. Alrededor se ubican las zonas de amortiguamiento, donde se desarrollan actividades compatibles con prácticas ecológicas y se promueven la investigación científica, la formación y la educación ambiental. Finalmente, se encuentra la zona de transición, donde las comunidades llevan adelante actividades económicas y sociales bajo criterios de sostenibilidad, dividida a su vez en subzonas de uso productivo, público y mixto.
Este espacio también enfrenta desafíos en su transición hacia modelos más sustentables. “Estamos avanzando en un proceso de regularización y promoviendo la agroecología, para que los productores del Pereyra vayan adoptando progresivamente este enfoque. Queremos repensar esa regularización, con prácticas que tiendan a la agroecología y a un uso más responsable de los agroquímicos”, explicó De Sousa.

Y añadió: “Todo ese acompañamiento se articula con otras áreas del ministerio, como Agricultura Familiar, y con una dirección provincial que es relativamente nueva. No es algo habitual, pero está orientado a los productores y se vincula con el modelo original de la expropiación”.
En la zona productiva residen unas 300 familias de productores, cuya presencia forma parte de la historia misma del predio. “Ese sector fue cedido y está conveniado. No es un asentamiento. Cuando se realizó la expropiación hace 76 años, se contemplaba otorgar tierras productivas a colonos y ese modelo continúa hasta hoy”, explicó de Sousa. Actualmente, en el espacio productivo se cultivan principalmente tomates, frutillas y hortalizas de hoja.
En 2007, el parque fue declarado Reserva de Biosfera por la Unesco, cuenta con una avifauna bonaerense de 288 especies, además de 46 de mamíferos, 26 de anfibios, 31 de reptiles y 870 de plantas vasculares nativas de la provincia.

Para las autoridades, sostener ese estatus implica tener acceso a mayores recursos. “Necesitamos más personal. No alcanza. Pero también hay algo: no alcanza porque queremos un parque mejor. Queremos el pasto cortado en las 10.000 hectáreas, que todos los chicos estén en la escuela, que los productores trabajen de forma agroecológica. Queremos hacer muchas cosas, y para todo eso necesitamos más manos”, explicó De Sousa.
En la actualidad, por el Ministerio de Desarrollo Agrario trabajan 63 personas, entre guardaparques, brigadistas, personal técnico y administrativo. El Ministerio de Ambiente destina 19 trabajadores, mientras que no se pudo conocer la cifra de agentes que aporta el Ministerio de Seguridad porque esa dependencia no respondió a la consulta de LA NACION.
Casco de estancia y capilla
El parque alberga, además, múltiples instituciones educativas y espacios de conservación, como la ECAS, creada en 1971, que ocupa unas 230 hectáreas de bosques, talares y pastizales en uno de los últimos vestigios del ecosistema ribereño original.

En su interior también se conservan construcciones emblemáticas, como el casco de la estancia Santa Rosa, el molino holandés y la capilla Santa Elena, finalizada en 1940 y nombrada en honor de la hija mayor de Martín Pereyra Iraola.
A esto se suman edificaciones menos conocidas, como el Monumento a las Madres. Según distintas versiones, allí se realizaron reuniones iniciales vinculadas con las marchas en la Plaza de Mayo por las personas desaparecidas durante la dictadura.
1La Justicia levantó el secreto bancario de Adorni; Artemis II llega hoy a la noche a la Tierra
2Eclipse Solar Anular 2027: un lugar del sur argentino se convertirá en el punto ideal para ver el fenómeno
3Una joven murió en Villa Devoto tras bajar del colectivo y ser atropellada: se le enganchó la mochila
4Habló la madre Ángel, el niño de cuatro años muerto en Comodoro Rivadavia: “Yo no maté a mi hijo”





