Cómo es pasar la Navidad en un parador comunitario
Testimonios de personas sin hogar que compartirán la Nochebuena en uno de los refugios nocturnos de la Ciudad; qué desean para 2010
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La Navidad no será para ellos una celebración familiar. Como cada tardecita llegarán con sus bolsos raquíticos a instalarse durante las horas del sueño a uno de los paradores nocturnos de la Ciudad de Buenos Aires. En el parador Beppo Ghezzi tres hombres matean en la cocina. Fueron los primeros en llegar al lugar. Juan Marcelo Franco, Raúl Angel Reboredo, Alberto Agustín Blanco, se presentan e invitan a compartir la mesa.
Cuando faltaba una semana para Navidad, esa Nochebuena era para ellos una fecha lejana. No querían ni pensar en esta noche que pasarán, como casi todas, entre otros compañeros sin familia y sin hogar. Todos se consuelan pensando que pasaron navidades en la cárcel y esa tristeza no se compara con nada.
Atardece y el parador Azucena Villaflor está con movimiento a pleno: es la hora de ingreso de las 20 mujeres con sus niños. Mientras ellas se acomodan en sus dormitorios, los chicos pasan al comedor y se sientan en torno de una mesa larga. Una maestra jardinera les trajo pinturas y papeles de colores para que armen los adornos de un árbol de Navidad de cartón. Ellos se entusiasman.
Sus madres prefieren no pensar en las fiestas. Algunas sueñan con acercarse a la casa de algún familiar en la Nochebuena; las que saben que eso no será posible prefieren pensar estas fiestas como el umbral de un año más próspero en dinero, en trabajo y, sobre todo, en afecto.
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