Contenedores colapsados: el desborde de basura ya es parte del paisaje en los cinco barrios porteños con más reclamos
El manejo de los residuos es uno de los principales problemas en la ciudad; sostenido crecimiento de planteos de los vecinos
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“Hay días que hago tres cuadras para tirar la basura y cuando llego no entra más; no me queda otra que dejarla afuera”, dice Simón Gentili mientras apoya una bolsa sobre otra, al costado de un contenedor desbordado en una calle interna del barrio porteño de San Nicolás. El olor es penetrante, una mezcla de residuos acumulados y orina que se impregna en la vereda. A pocos metros, otra escena repite el patrón: bolsas abiertas, líquidos oscuros que escurren hacia la calle y restos que quedaron fuera del alcance de la recolección. La postal, que se multiplica en distintas cuadras, convive con otra muy distinta sobre las avenidas principales, donde los contenedores aparecen vacíos o en mejores condiciones, aunque el olor persiste.

Hace un año, LA NACION había recorrido Recoleta para documentar cómo la basura empezaba a formar parte del paisaje urbano. Doce meses después, y con datos que muestran un crecimiento sostenido de los reclamos, este medio volvió a salir a la calle. A partir de los datos del Sistema Único de Atención Ciudadana (Suaci), la plataforma oficial del gobierno porteño para gestionar reclamos, denuncias, quejas, sugerencias y solicitudes de los vecinos, los barrios con más reclamos por higiene entre enero de 2025 y enero de 2026 por cada 1.000 habitantes fueron, según los datos procesados por LN Data, San Nicolás (460), Nueva Pompeya (425), Colegiales (391), Agronomía (331) y Parque Chas (305). Con ese mapa, la recorrida buscó contrastar los números con lo que ocurre en la calle.
Los datos muestran que la higiene urbana es hoy la principal preocupación de los vecinos dentro del sistema de atención ciudadana. Entre enero de 2025 y enero de 2026 se registraron 558.748 contactos por este tema, frente a 331.535 en el mismo período anterior, lo que implica un aumento del 69%.
En ese mismo lapso, de los 1.500.000 contactos ingresados al sistema, el 35% correspondió a higiene, muy por encima de la segunda categoría, desarrollo urbano, que sumó 273.002 (17%). La diferencia se amplía al observar la evolución mensual: enero de 2025 comenzó con 29.513 reclamos; febrero tuvo 29.949; marzo, 33.885, y abril, 34.130.
Luego se registraron 30.582 en mayo, 27.408 en junio, 30.903 en julio y 30.204 en agosto. El quiebre se produjo en septiembre, cuando los contactos treparon a 40.354. Desde entonces, la curva no volvió a los niveles anteriores: octubre cerró con 66.105 reclamos, noviembre con 64.052 y diciembre alcanzó el pico de 75.190. En enero de 2026, el sistema registró 66.473 contactos, más del doble que en enero del año anterior (29.513). En términos diarios, el salto también es evidente: de un promedio de 984 contactos por día a principios de 2025 a 2506 hacia fines de ese año, con 2216 diarios en enero de 2026.
Dentro de ese universo, dos prestaciones concentran casi dos tercios de los reclamos. El retiro de escombros y restos de obra acumuló 182.558 contactos (33% del total). La recolección de residuos fuera del contenedor, es decir, la basura que desborda y queda en la vereda, sumó 169.055 contactos (30%) y es la prestación que más contactos sumó: pasó de 3.880 contactos en enero de 2025 a 27.271 en enero de 2026, lo que implica un aumento del 603%. Durante el primer semestre de 2025, este tipo de reclamo oscilaba entre 3.900 y 5.500 por mes; en septiembre subió a 8.508, en octubre llegó a 29.966 y en diciembre cerró en 37.467.

En términos de volumen total, los barrios con más reclamos fueron Caballito (36.478), Palermo (33.837), Flores (26.152), Balvanera (23.202) y Recoleta (23.161). Sin embargo, al analizar en proporción a la población, el mapa cambia y ubica a San Nicolás al frente, seguido por Nueva Pompeya y Colegiales, completando luego Agronomía y Parque Chas dentro de los cinco con mayor tasa.
También se modifica al observar el crecimiento interanual: San Nicolás lidera con un aumento del 534%, seguido por Puerto Madero (485%), San Telmo (456%), Nueva Pompeya (449%) y Balvanera (385%).
En San Nicolás, esos números se traducen en escenas concretas. “Hay días que hago tres cuadras para tirar la basura y cuando llego está todo lleno. No es que uno quiera dejarla afuera, es que no entra más. Me ha pasado de encontrar el contenedor lleno durante días, con bolsas que ya llegan hasta la calle. Entonces uno apoya la bolsa como puede, esperando que después alguien la levante, pero eso no pasa. Y lo peor es el olor, que queda impregnado todo el día”, amplía Gentili.
Sobre la calle Lavalle, entre Uruguay y Libertad, un contenedor de obra se transformó en basural improvisado. “Esa basura está así hace como cinco días. El olor es insoportable, se mete en las casas. No es digno vivir así. Sumaron contenedores, pero no alcanza con poner más si no los vacían o no levantan lo que queda afuera. Vivís rodeada de basura, es como un pasillo permanente y uno ya no sabe a quién reclamarle”, describe Rosa Aranda.

Bruno Navarro, también vecino del barrio, suma otra dimensión: “El problema no es solo que se llenen, es que no hay una lógica en el servicio. A veces pasan, vacían uno sí y otro no. O limpian adentro, pero dejan todo lo que está afuera, que es justamente lo que más se ve. Entonces salís de tu casa y lo primero que tenés es basura acumulada. Esto no es algo de un día, es constante, y eso genera bronca porque sentís que nadie controla nada”.

En la zona cercana a la Avenida 9 de Julio, hacia el bajo porteño y el área que conecta con la Casa Rosada, la concentración de contenedores aumenta, pero no resuelve la acumulación. “Te ponen cuatro contenedores juntos y pensás que eso va a mejorar, pero la basura sigue estando. La vereda está llena de líquido oscuro, el olor es fuerte y esto dura días enteros. No es un rato, es constante y cada vez parece peor”, dice Valeria Acosta.
Federico Mansilla agrega: “Yo trabajo de noche, no puedo sacar la basura en el horario que dicen. La saco cuando puedo. Lo que no entiendo es por qué levantan lo de adentro y dejan todo lo demás. Si ya están ahí, ¿por qué no limpian completo? Eso es lo que genera que se acumule cada vez más y que la cuadra esté siempre sucia”.

A 11 kilómetros, en Nueva Pompeya, los contenedores cambian de forma, pero no de problema. Predominan las unidades viejas; las grises no llegaron y las actuales están muy dañadas. “Estamos acostumbrados a esto. Nadie le da bola al sur. Los contenedores están rotos, la basura sale por arriba y por los agujeros. A veces ni siquiera podés acercarte porque está todo desbordado, y eso ya forma parte de lo cotidiano”, dice Laura Suárez. Su marido agrega: “En hora pico pasan cientos de personas. Esto no es solo una cuestión estética, es un problema sanitario. La basura queda ahí, se acumula, se rompe y nadie viene a ver qué pasa. Es como si fuera normal vivir así”.

Sobre Traful, llegando a Enrique Ochoa, Catalina Bogado muestra un punto crítico: “Este contenedor estuvo cuatro días lleno. Cuando finalmente lo vaciaron, dejaron todas las bolsas alrededor. Es como si hicieran la mitad del trabajo. Después eso queda ahí, se rompe, se mezcla con la lluvia y el olor es peor. Nadie vuelve a levantar lo que quedó afuera y eso se va acumulando con lo nuevo”.
Gastón Mallo señala a este medio: “Acá el problema es que sentís abandono. No importa si mejora o empeora, porque no hay presencia. No ves controles, no ves soluciones. Es como si esta zona no existiera dentro de la ciudad”.

Un barrendero de la zona, que pidió reserva de su identidad, describe las limitaciones: “Intento limpiar todo, pero es imposible. En cada cuadra hay mucho para hacer. Me puedo quedar mucho tiempo en una sola porque hay basura acumulada de días. Como mucho llego a hacer diez cuadras por jornada, porque la cantidad de residuos que hay en cada punto es grande y no alcanza el tiempo”.
“Caminás y tenés que esquivar basura”
En Colegiales, tercer barrio en el ranking con 391 reclamos cada 1.000 habitantes, la percepción es similar. “Nunca vi el barrio tan sucio. Las esquinas se están convirtiendo en basurales. Antes esto no pasaba, ahora es cotidiano, y uno termina acostumbrándose a algo que no debería ser normal”, dice Mariana Ferrer. Juan Ibarra agrega: “Hay contenedores que chorrean líquido, bolsas rotas en diversas esquinas. Caminás y tenés que esquivar basura. Es como si se hubiera naturalizado vivir así, y eso es lo más preocupante”.

En Agronomía, Silvia Gómez señala un contenedor del que se desprende un líquido oscuro que recorre la vereda: “El olor es insoportable, no podés abrir la ventana. Esto no es algo puntual, pasa seguido y nadie viene a limpiar lo que queda alrededor”.
En Parque Chas, Martín Roldán coincide: “Es todos los días lo mismo. No es que un día falló el servicio, es constante. Ves bolsas acumuladas, contenedores llenos, y eso termina formando parte del paisaje”.

En Recoleta, donde el problema había sido documentado un año atrás, la situación persiste. “Recoleta dejó de ser lo que era. Pagamos para vivir en un lugar cuidado y ahora convivimos con basura acumulada durante días. El olor es impresionante y no se va”, dice Carolina Méndez. Luis Fernández agrega: “Esto antes era impensado. Ahora ves bolsas acumuladas, contenedores desbordados, y pasan días hasta que alguien se acuerda de venir a limpiar. Cambió mucho en poco tiempo”.
Patrón reiterativo
El análisis por prestación en los principales barrios de la ciudad muestra un patrón que se repite: el retiro de escombros y restos de obra es el contacto más frecuente en todos los casos analizados. Las diferencias aparecen en el segundo lugar: en Balvanera y Recoleta predomina la recolección de residuos fuera del contenedor, lo que apunta a problemas específicos en el sistema de recolección.
Desde el Gobierno de la Ciudad reconocen la problemática. El jefe de Gobierno, Jorge Macri, abordó el tema en la apertura de sesiones de la Legislatura porteña al afirmar: “Esta ciudad va a estar más limpia, sé que todos los porteños la queremos más limpia. La ciudad no está todavía como quisiéramos”.
En diálogo con LA NACION, desde la propia gestión porteña señalaron: “La situación mejoró respecto del año pasado, y los indicadores de percepción así lo reflejan. Pero eso no nos impide decir lo que vemos. Lo que se observa hoy es que el servicio de limpieza brindado por las empresas prestatarias es totalmente deficiente. Las fallas son concretas: recolección deficiente que deja residuos alrededor de los contenedores, lavado obligatorio cada 15 días que no se cumple, barrenderos que trabajan en promedio la mitad de su jornada, rutas de recolección en horarios dispersos y facturación de adicionales por tareas que ya deberían realizar en el servicio básico”.

Y agregaron: “Frente a esto, llevamos los plazos de pago al máximo contractual, con una demora de 60 días. No vamos a pagar por servicios que no se prestan. Si la situación no se revierte, avanzaremos con medidas más firmes. En paralelo, reforzamos las inspecciones con operativos nocturnos diarios. También hay un rol clave de los vecinos. Los residuos deben sacarse a la vía pública entre las 19 y las 21 y se deben disponer dentro del contenedor. Cumplir ese horario es fundamental para que el sistema funcione: la basura que se saca fuera de horario permanece más tiempo en la calle, dificulta el trabajo de recolección y genera complicaciones en la prestación del servicio. Estamos reforzando la comunicación para que este hábito se instale en toda la ciudad. Respecto a las personas que revuelven, no se trata de una cuestión punitiva, sino de una convivencia básica: les pedimos que si revuelven el contenedor, dejen lo que sacan dentro del mismo".

En cuanto a las zonas con mayores dificultades, señalan: “Las identificamos a partir de una combinación de factores: volumen de reclamos e incidencias, índices de calidad del servicio, concentración de locales gastronómicos, alto tránsito peatonal y presencia de centros de trasbordo. Son justamente esas características las que generan mayor demanda sobre el sistema y las que priorizamos en nuestra gestión”. Con respecto a los comercios, suman, “los que no sacan la basura de 19 a 21 o que se detecta que tiran fuera de los contenedores se los clausura preventivamente”.

En ese cruce entre datos y recorrida, los números encuentran su correlato en la calle. La acumulación de residuos fuera de los contenedores, que explica el 30% de los reclamos y creció más de 600% en un año, aparece como una constante en los barrios relevados. Y mientras los pedidos siguen en aumento y superan ampliamente a cualquier otra categoría del sistema, la escena que describen los vecinos —bolsas desbordadas, olores persistentes y días de acumulación— se repite, con matices, en distintos puntos de la ciudad.
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