Día Mundial de la Diabetes: mitos y verdades sobre la alimentación que se debe seguir

Nutricionistas y médicos aclaran algunas de las dudas y despejan prejuicios sobre qué puede comer una persona con diabetes
Nicolás de la Barrera
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14 de noviembre de 2016  • 12:38

Dietas especiales y alimentos prohibidos. Para beber, agua o soda. Las gaseosas, por su parte, deben convertirse en algo del pasado. Y, por sobre todo, nada de dulces. Los mitos y verdades a medias en torno a la alimentación de las personas diabéticas son variados pero, en general, suelen confluir en una sola idea: las prohibiciones que deberían tener en cuenta quienes conviven con esta enfermedad crónica a la hora de elegir qué comer y qué no. Sin embargo, los especialistas aclaran que, lejos de tener que cumplir con rutinas estrictas y consumir solo un pequeño número de comidas, hoy en día un plan alimentario para personas diabéticas no deja casi alimentos excluidos: la clave está en el tamaño de las porciones.

En el Día Mundial de la Diabetes, según el Ministerio de Salud de la Nación, en nuestro país la enfermedad afecta a más de tres millones de personas y la mitad de ellas no conoce su condición. En el caso de la diabetes tipo 1, se presenta cuando el cuerpo no genera insulina, la hormona que regula el nivel de glucosa, o azúcar en la sangre. En cambio, la diabetes tipo 2 corresponde a la mayoría de los casos, y sucede por una producción insuficiente de insulina por parte del páncreas. Está asociada a la obesidad, el sedentarismo y los malos hábitos alimentarios, y suele aparecer en adultos aunque los médicos cada vez más la diagnostican en edades tempranas.

Dietas estrictas y el fantasma de los hidratos de carbono

Una de las creencias más extendidas es la de un plan alimentario especial que supuestamente debieran seguir los pacientes con diabetes. Sin embargo, la médica especialista en nutrición y diabetes Marcela de la Plaza aclara: “Todos los diabéticos, niños y grandes, deben comer igual que una persona no diabética. No deben tener una dieta especial, salvo dos o tres ajustes muy pequeños, que en realidad también son para todos”. El primero de estos, indica, es hacer a un lado las bebidas azucaradas desde el momento en que se tiene un diagnóstico. “Las bebidas con azúcar producen un pico en la sangre que es muy difícil de controlar, y eso en realidad se le puede decir a cualquiera, porque una persona que trabaja y que es sedentaria se tiene que cuidar mucho de las calorías. Sí pueden tomar todas las infusiones con edulcorante y las gaseosas y gelatinas que no tienen azúcar. Esto es muy importante porque sino a la gente le dicen que puede tomar agua y soda nada más, y la persona con diabetes tiene una enfermedad de por vida, por lo tanto uno le tiene que dar la mayor cantidad de variantes de elementos posibles”, aclara de la Plaza, integrante de la Federación Argentina de Diabetes.

Los hidratos de carbono, uno de los macronutrientes junto con las proteínas y las grasas, también suelen ser un motivo de advertencia por la glucosa que aportan. Sin embargo, de la Plaza explica: “Hay que aprender a incorporar en todos los menúes mucha verdura y cuidarse en la porción de lo que sube más, que son los almidones. Así que es muy importante una variedad de verduras, no solo las de hojas, porque hay médicos que dicen que pueden consumir verduras verdes, pero por qué no tomate, coliflor, brócoli, palmitos, champignones, zapallitos o berenjenas, que vienen muy bien para llenar un poquito la panza y comer menos de lo que nos gusta tanto, que es lo que tiene harina”.

En este sentido, Graciela Fuentes, médica especialista en nutrición y en diabetes, y jefa del servicio de Nutrición del Hospital Durand, sostiene que en la actualidad las restricciones absolutas no suelen ser parte de las indicaciones en el consultorio. “Tratamos de decir que no hay prohibidos. Lo que tiene que quitarse siempre son los excesos y el paciente que tiene diabetes debe saber en dónde se encuentra una cantidad mayor de hidratos de carbono para seleccionar la cantidad que puede ingerir. Pero puede comer arroz, fideos, papas o pan. El asunto es que que coma la cantidad que sea adecuada a su situación nutricional y al momento biológico que está viviendo”, explica.

Productos diet, pero con azúcar

Pensar en productos diet o light como beneficiosos para personas diabéticas es otra de las versiones que más fácilmente pueden aparecer. Y si bien las gaseosas sin azúcar son una opción, esto no siempre se traslada a otros productos. “Lo que pasa es que cuando uno está comiendo algo que es dietético tiene la sensación de que puede comer cantidades ilimitadas y esto no es así”, afirma Fuentes.

Martín Viñuales, médico especialista universitario en nutrición, agrega: “Light o diet significa que el producto original está modificado. Si le sacan un poco de grasa ya está modificado y le pueden poner ese cartel, pero por ahí le agregaron azúcar. Y en este caso uno quiere que el paciente adelgace, y por otro lado no querés que tenga azúcar porque es diabético y porque además también frena el adelgazamiento”, argumenta.

Viñuales, integrante de la Sociedad Argentina de Nutrición y de la Sociedad Norteamericana de Obesidad, pone el ejemplo en los yogures que se ofrecen con cero por ciento de grasa: “La mayoría tiene azúcar agregado, que es un disparate -dice-. La verdad que eso hay que señalárselo a la industria porque el paciente no tiene por qué saber que a ese yogur que tiene un cartel verde le meten 20 gramos de azúcar”.

La tentación social

Pero del otro lado de la vereda, un sinfín de comidas dulces suelen ser la tentación de muchos. Y un interrogante es qué sucede en eventos sociales, allí donde por lo general, sobran las calorías en comidas y bebidas. “Si el paciente va a una fiesta y hay torta, puede comer una porción. Quien use insulina y esté educado, sabrá qué cantidad de insulina extra deberá colocarse para que ese contenido de azúcar que comerá en la torta no le aumente desproporcionadamente la glucosa en la sangre. Y si es un diabético tipo 2, que toma pastillas y está en un ambiente de una reunión, tiene que ser moderado. Ahí entran los consejos cuando hay a una actividad social, que conviene tomarse un plato de sopa o comerse una fruta en casa antes de salir, cuestión de no llegar desesperado de hambre”, indica Fuentes.

Viñuales opinará en la misma línea: “Toda la vida se los sacó, arbitrariamente, y en realidad lo que hemos visto en los últimos años es que esa medida tan direccionada no se traduce siempre en una adherencia total sino que hay muchísima gente a la que le produce el mecanismo inverso. Por ahí hay que insistir que coman de lo que les gusta una porción chica, que elijan; no en todas las comidas, pero sí que lo hagan dos veces por semana. Que coman un bombón o un helado. Por lo menos yo les insisto que naturalicen el placer cada tanto. Si no, estás construyendo un mecanismo restrictivo, que cuando se sale de lugar terminás teniendo un lío más grande”.

La importancia de cumplir con las cuatro comidas, e incluso tener colaciones, es otro punto en el que coinciden los especialistas. “Los obesos por ahí no desayunan, no almuerzan y tal vez se comen todo a la noche. Esas horas que no comieron en realidad lo que hicieron fue estimular al cuerpo para que se ponga en modo ahorro. Piensan que les viene bien para adelgazar y en realidad es al revés. En el sobrepeso y en un diabético tipo 2, la comida es la principal aliada y no la enemiga”, concluye Viñuales.

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