En Caballito el paro no se sintió: los comercios abrieron como todos los días
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Salvo por la ausencia de colectivos, el paro, como en muchos barrios porteños y en ciudades del país, no se notó en Caballito. La zona de Rivadavia y Acoyte presentaba hoy por la tarde el aspecto de cualquier día de semana: casi todos los locales comerciales estaban abiertos con más o menos clientes. Las calles estaban llenas de gente paseando y en el Parque Rivadavia muchos aprovechaban para tomar sol o hacer deporte.
Restaurantes, bares, pizzerías, locales de ropa, farmacias, todo estaba abierto. Desde grandes marcas, como Carrefour, Nike, Dexter, McDonald's, Mostaza, Farmacity, Ribeiro y Havanna hasta pequeños comercios barriales. También circulaban taxis y las infaltables bicis de reparto. Incluso la sucursal del Banco Provincia de Rivadavia y Acoyte estuvo abierta hasta las 15.

"Algunos vinimos caminando, a otros los acercó un compañero en auto. Vine porque es necesario trabajar", señala Luciano Olivera, vendedor en un local de ropa masculina sobre la avenida Rivadavia donde suena Take on me, de A-ha.

Layla Castellanos reparte volantes de Mostaza en la puerta del Village Caballito. Su padre la llevó en auto desde Flores y como la mayoría de sus compañeros son de la zona no tuvieron inconvenientes en llegar. Dice que fue a trabajar para "no perder el presentismo".
Natalia Tejedor es la encargada de unn local de la marca de ropa femenina Desiderata en la esquina de Rivadavia e Hidalgo. Cuenta que ella y sus compañeras fueron a trabajar en taxi, pagado por la empresa. "Algunas compañeras sí se adhirieron al paro, yo vengo porque no tengo problemas en venir a trabajar", señaló.

Lo mismo cuenta la venezolana Alejandra Manrique, que atiende otro local de ropa, sobre la avenida Rivadavia. "Vine en un taxi que me pagó la empresa, como el local abrió tenía que venir a trabajar para no perder el presentismo", cuenta la joven.
El dueño de la óptica Ker, Hugo Graviker, asegura que sus empleados fueron a trabajar en moto y en coche. "No estoy de acuerdo con el paro, es simple, tenemos que trabajar. Si es un momento difícil es difícil para todos. Las personas que están de acuerdo con el paro no cubren las cuentas con los bancos, no pagan la mercadería. Toda puerta abierta incita a entrar, la puerta cerrada no sirve para nada", asegura.
Graviker concuerda con la mayoría de los encargados de los negocios en que algo se trabajó, aunque menos que un día normal. Quienes sí parecían estar haciendo negocio eran los cafés y locales de comida, que estaban llenos.
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