Los mensajeros del Papa: varios vendedores de humo y algunos "correos del zar"

Hugo Alconada Mon
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22 de diciembre de 2013  

La secretaria creyó que se trataba de un bromista. También... es muy difícil creer que es verdad cuando, del otro lado del teléfono, un hombre dice: "Hola, habla el papa Francisco". Por eso, la asistente dejó en espera a su interlocutor unos 15 minutos, mientras su jefe terminaba con otra conversación. Cuando le avisó que tenía a un gracioso en el teléfono, se percató de que no era ningún chiste, pero la comunicación encima se había cortado.

Para alivio de la secretaria en Buenos Aires, el Papa volvió a discar. Y la llamada finalmente fluyó como un rayo dentro de la consultora. Pero la secretaria puede colgarse una insólita medalla en su foja: ¿cuántas personas pueden decir que tuvieron al Papa en espera durante 15 minutos?

El episodio, sin embargo, dista de ser sólo una anécdota, según reconstruyó la nacion durante las últimas semanas, luego de dialogar con más de una docena de sacerdotes, políticos, empresarios, banqueros, gremialistas y colaboradores actuales o pasados de Jorge Bergoglio.

¿El objetivo? Comprender, con más detalle del que hoy se conoce, cómo y cuáles son los canales reales de comunicación que existen entre el Vaticano y Buenos Aires.

Todas las fuentes consultadas estuvieron de acuerdo en un primer punto: cuando el Papa quiere o necesita comunicarse con alguien, llama él. Y lo hace sin intermediarios.

Pueden confirmarlo la presidenta Cristina Kirchner, varios gobernadores, unos pocos empresarios y sindicalistas, y un número creciente de fieles que le escriben para contarle sus problemas y sus sueños. A veces, días después, suena el teléfono, desde el Vaticano.

Las llamadas responden a situaciones que Francisco considera "sensibles", sea para su lista de prioridades o para su corazón. La primera está encabezada por una en particular: la necesidad de que la Argentina complete una transición ordenada hacia 2015. La segunda lista, la de su corazón, está liderada por quienes afrontan problemas de salud. Por eso, habló con la presidenta Cristina Kirchner. También, lo hizo con el gobernador Daniel Scioli tras la inundación de La Plata, y con Córdoba, después de los saqueos de este mes.

En otras ocasiones, sin embargo, el Papa sí recurre a mensajeros, sus "correos del zar". O, en rigor, "del Jefe", como lo apodan, por detrás, sus colaboradores. Convoca a hombres y mujeres de su confianza para que comuniquen su posición sobre ciertos temas, incluso por fuera de la estructura del Episcopado argentino.

"En función de los temas –si son políticos, religiosos o de otra índole–, apela a distintos interlocutores", explica un viejo colaborador suyo, de cuando Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires. De hecho, Bergoglio siempre prefirió una comunicación radial, por lo que suele moverse con varios emisarios a la vez y sin que cada uno sepa las tareas que asignó a otros", agregó su veterano asistente.

Esa práctica, que compartió con el ex presidente Néstor Kirchner, no pocas veces derivó en fricciones.

"Con el proyecto de reforma del Código Civil pasó eso", detalló otro colaborador. Mientras que el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo, apareció como la voz oficial de la Iglesia argentina para impulsar y negociar retoques en el proyecto oficial, el Papa movió sus hilos en paralelo, y apeló a un amigo, el rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), monseñor Víctor Fernández.

"Tucho" para sus amigos, Fernández se convirtió en un puente para que ciertos mensajes lleguen a los políticos que redactan y editan el nuevo Código Civil. En particular, en asuntos sensibles para la Iglesia, como el inicio de la vida humana y el alquiler de vientres, entre otros.

Francisco se mueve con una premisa adicional. Desea que sus colaboradores mantengan un perfil muy bajo. Por eso, todos los que hablaron con la nacion exigieron el anonimato, por el temor a que se corte la comunicación privilegiada con el Vaticano si se difunden declaraciones con sus nombres.

Algunos interlocutores son más conocidos que otros: incluso afloran los "vendedores de humo". Son esos que afirman mantener un diálogo fluido con quien apenas se sacaron una foto de ocasión o conversaron unos pocos segundos, en una de las audiencias públicas de los miércoles en el Vaticano, y que incluso hasta tarifan sus gestiones, según detectaron en el entorno del Papa.

Uno de sus verdaderos interlocutores es el ex funcionario menemista, hoy sciolista, Aldo Carreras, con quien comparte una historia de militancia cercana a Guardia de Hierro. A través de "el Profesor", como se lo conoce, fueron mensajes y volvieron varias cartas escritas del puño y letra papal.

Más acotado que Carreras, otro dirigente local con diálogo es el titular de la Pastoral Social del Episcopado, monseñor Jorge Lozano.

A él se suman, aunque más acotados, el director ejecutivo del Congreso Judío Latinoamericano, Claudio Epelman, y el uruguayo Guzmán Carriquiry, el primer laico secretario de la Pontificia Comisión para América Latina. Residente en Roma desde hace décadas, conoce a Bergoglio desde hace largo tiempo, además de ser viajero frecuente, aún hoy y con algún mensaje, a la Argentina.

Otro canal de comunicación, según cuentan al lado de Bergoglio, es su sucesor como arzobispo porteño, Mario Poli, que juega en una posición intermedia. Mantiene diálogo directo con el Papa, pero no es "un soldado" suyo, menos aún desde la concepción jesuítica de la palabra.

Otros se esfuerzan, pero mantienen un acceso menos frecuente. Entre ellos, el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez –que llegó a Bergoglio a través de Carreras y cruzó mensajes por medio de "Tucho" Fernández–, y el titular de la Pastoral Social porteña, Carlos Accaputo. "El Gordo" retrocedió posiciones luego de que apareciera una nota sobre él, en este diario, como "el brazo político" del Papa.

El enlace

Hay algunos que se encuentran aún más lejos, aunque pugnan por acercarse. Entre ellos están el titular del gremio de los taxistas, Omar Viviani, y el secretario general del sindicato del gas, Oscar Mangone, con quien comparte su afición por el club San Lorenzo.

Ellos, al igual que varios políticos, analistas y empresarios, pueden afirmar que se comunican con el Papa. Aunque la mayoría de las veces medie el padre Fabián Pedacchio de enlace. Se trata del secretario privado de "Su Santidad", como suele llamarlo en los correos electrónicos que escribe, recibe y filtra.

A ese filtro se suma que, después de los primeros meses, el Papa se volvió más estricto para conceder audiencias a los dirigentes argentinos, que ahora se limitan al "besamanos" posterior a la audiencia general de los miércoles.

A algunos aprecia más, sea porque reafirmaron sus vínculos con él, como Scioli, cuando el kirchnerismo buscaba aislarlo, o porque trabajaron juntos en la Mesa de Diálogo, tras el colapso argentino de fines de 2001, como José Pampuro, el ex ministro de Defensa, o en la lucha contra la trata de personas, como el referente de La Alameda, Gustavo Vera, flamante diputado porteño.

"Para Bergoglio, las fotos que valen no son las de blanco, son las que se tomaron cuando él vestía de negro", graficó otro interlocutor. Traducción: aquellos que lo ignoraron o destrataron cuando estaba en Buenos Aires hoy enfrentan un arduo camino para que se abra el Vaticano.

Uno de ellos es el ex intendente y flamante diputado nacional Sergio Massa, que no logró que se le abran las puertas del Vaticano a pesar de sus reiterados intentos y de su viaje a Europa, con espera incluida.

"El Papa podrá recibirlo en algún momento, pero no olvida que, junto a su amigo Jorge O‘Reilly y a Bernardini [Adriano, ex nuncio apostólico en la Argentina entre 2003 y 2011], Massa intentó sacarlo del Arzobispado de Buenos Aires y reemplazarlo por [Oscar] Sarlinga", detalló un interlocutor del Papa, en alusión al actual obispo de Zárate-Campana.

La misma explicación sobre la distancia que media entre el Papa y Massa la dieron luego otros dos interlocutores asiduos de Bergoglio. Así puede certificarlo Sarlinga, que recibió una durísima llamada suya. Tal vez, para acercarse, Massa podría empezar por enviar a Roma una caja de alfajores Cachafaz, los preferidos del Papa.

Distinto es el caso del embajador argentino ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero. Según cuentan en Roma, Francisco lo considera "un caballero" y, aunque antes del cónclave no había diálogo posible entre ellos debido a la distancia que imponía la Casa Rosada, ahora la relación entre ellos es buena.

Acaso su viaje a Roma le permita al ex secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, entablar su propio puente con el Vaticano. No sólo porque junto a Domínguez y Gabriel Mariotto estuvo entre los oficialistas que lo defendieron puertas adentro del kirchnerismo, sino porque su esposa, Marta Cascales, al igual que Carreras o que Julio Bárbaro, lo conoce desde hace muchos años. De Guardia de Hierro. La vieja guardia.

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