Los Naranjos, un mundo de cerámica y esperanza
La fundación que funciona en Don Torcuato capacita a jóvenes de contextos vulnerables para aprender un oficio y mejorar su vida
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Cruzar la puerta de la Fundación Los Naranjos es ingresar en un mundo de luz y colores en el que se mezclan macetas, bachas, vasos, tazas, jarras y platos de cerámica de las tonalidades más intensas. Ubicada en Don Torcuato, la fábrica de esta ONG que busca principalmente capacitar a jóvenes de contextos vulnerables para que aprendan un oficio es una usina de las creaciones más singulares, a la vez que abre una ventana de crecimiento personal y profesional para aquellos con menos posibilidades.
Josefina Espigares es ceramista y alfarera de profesión. Madre de cinco hijos, durante 30 años trabajó desde su casa en su oficio, dando clases y afianzando su clientela. Alfredo, el hermano de su mejor amiga, apadrinaba los hogares de la ONG El Arca, en Moreno, y el contacto con esta realidad despertó en ella la necesidad de armar un taller de oficio en cerámica para ofrecerles una salida laboral a estos chicos sin familia.
"Alquilamos una casita cerca del hogar. Montamos el taller y yo trasladé mi clientela y mi producción. Arrancamos a producir con tres o cuatro chicos", recuerda Espigares mientras en la fábrica 10 adolescentes concentrados moldean, pintan, hornean y terminan piezas.
Con el tiempo, el emprendimiento empezó a crecer, los chicos aprendían el oficio y Espigares iba tocando la vida de cada uno de ellos. "Aprendí hasta dónde dar, exigir, poner límites y cuidarme a mí misma. Además de la capacitación en el oficio, el foco siempre estuvo en darles apoyo, contención, afecto, brindarles una mirada y alguien con quien hablar", resalta Espigares.
El crecimiento fue tan grande que montaron dos showrooms, uno en San Isidro y otro en Palermo, crecieron comercialmente y se instalaron en Don Torcuato.
Leandro, de 24 años, es uno de los 18 empleados que trabajan en la fábrica. "También hago changuitas porque tengo que ayudar en mi casa. Tengo dos hermanas y soy el único varón. Los fines de semana hago tareas de jardinero y ayudo a mi papá, que es tapicero y hace butacas para autos en Escobar", cuenta Leandro.
Los jóvenes pasan primero por un proceso de capacitación de cuatro horas diarias que dura dos años para poder empezar a pasar al plantel permanente. Actualmente, son alrededor de 40 entre los que trabajan y los que están en proceso de aprendizaje.
Los interesados en colaborar pueden conocer más del proyecto ingresando en www.fundacionlosnaranjos.org , o llamando al (011) 4727-1967 o directamente a Josefina al (011) 153-672-6783.
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