Megaestafa en Chile: el testimonio de los argentinos engañados con alojamientos falsos en Reñaca
En detalles, los chats entre las víctimas y la empresa fantasma; pagos en dólares, cuentas verificadas y fotos clonadas
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Una estafa digital masiva frustró las vacaciones de más de 200 familias argentinas que habían reservado departamentos para la temporada de verano en Reñaca, Chile. El fraude, caracterizado por su alto nivel de sofisticación, incluyó la creación de una “empresa” ficticia llamada Holiday Reñaca, que contaba con página web, correos corporativos, cuenta de WhatsApp Business verificada y un perfil activo en Instagram.
Las víctimas, provenientes en su mayoría de Mendoza, cayeron en el engaño tras interactuar con plataformas que aparentaban total legitimidad.
Maricel Bonanno, abogada de esa provincia, fue una de las damnificadas. Ella viajó junto a su familia —seis personas y una mascota— con la convicción de tener su estadía asegurada. En diálogo con LA NACION contó que contactó a Holiday Reñaca tras ver una publicidad en Instagram de una cuenta que poseía casi 700 “Me gusta” y aparentaba seriedad profesional.
“En el momento en que nos dimos cuenta de que todo era una estafa nos dio vergüenza. Imaginate que yo soy abogada, te sentís muy mal y después te das cuenta de que probablemente es gente que es muy buena en lo que hace”, declaró.
La interacción incluyó el envío de un enlace de Booking —que correspondía a un propietario real con buenas reseñas para generar confianza— y la posterior derivación a un canal privado. “Me enviaron un correo electrónico empresarial para hacer la reserva. La verdad es que no dudé”, explicó Bonanno. El 16 de diciembre, transfirió 350.000 pesos chilenos (aproximadamente $570.000 argentinos) a través de un familiar. Recibió la confirmación inmediata del pago y los horarios de check-in y check-out.

Las señales de alarma comenzaron el 25 de diciembre, cuando intentó consultar sobre la ropa de cama y los supuestos administradores dejaron de responder, alegando luego una “saturación de consultas” mediante mensajes automáticos. Al viajar el 29 de diciembre y presentarse en el edificio Holiday Park de la calle Angamos 367, la recepcionista le confirmó la situación: “No, es una estafa, ya sos la decimoquinta persona. Ya habían venido otras familias con la misma situación”.
Entonces debió utilizar el dinero destinado a gastos vacacionales para pagar un nuevo alojamiento de emergencia, conseguido gracias a agentes inmobiliarios locales. Bonanno no realizó la denuncia policial debido al colapso en la Policía de Investigaciones (PDI) de Viña del Mar: “Yo había ido por 2 días, no podía perder el tiempo en una comisaría. Es una desgracia con suerte porque fueron 3 noches. Hay gente que pagó por 15 días”.
Ignacio Almenara, otro de los afectados, relató a LA NACION cómo la estafa vulneró incluso a quienes ya conocían el lugar. Su grupo de amigos había alquilado en el mismo complejo el año anterior y creyó que los dueños habían profesionalizado sus canales de comunicación. “Empezamos a ver la página web y se notaba todo real. El número de la empresa estaba verificado por WhatsApp, es decir, por Meta”, detalló.
El grupo pagó US$1328 por una estadía de 12 noches, atraídos por un descuento del 20% por pago total. La advertencia llegó tarde, el 30 de diciembre, a través de un posteo en redes sociales de una inmobiliaria de Viña del Mar que alertaba sobre el fraude.
“Al darnos cuenta de eso nos pusimos a investigar. Empezamos a mandar mensajes al número de WhatsApp con el que nos habíamos comunicado y nos dejó de responder”, explicó Ignacio. Al intentar recuperar el dinero, se encontraron con un dato insólito sobre el destino de los fondos: “Desconocimos la compra mediante el link de pago. Al tocar la opción de desconocer, el sistema nos dio la ubicación de que la cuenta está en la Isla de Pascua”, sostuvo.
Valentina Funes, agente inmobiliaria mendocina radicada en Chile hace ocho años, comentó a LA NACION que fue testigo directo del caos en el edificio Holiday Park. Su intervención comenzó cuando el conserje le pidió ayuda para asistir a un tercero que había sido mandado por un amigo para verificar que el condominio existía.
“El amigo tenía dos comprobantes de pago de la tarjeta de por unos 670 dólares cada uno. Le pregunté si tenía fotos y le dijeron que eran dos departamentos de tres habitaciones. Ahí se me prendieron las alarmas: en ese edificio el único departamento de tres habitaciones que se arrienda es uno solo”, relató Funes.
Al ver las fotos que los turistas tenían en sus celulares, Funes reconoció las propiedades: “Efectivamente era el departamento de un propietario acá en el edificio. Le hablé, le pregunté si conocía a esta persona y me dijo que no. Le dije: ‘Te están usando la foto y están estafando gente’”.
Funes describió así la situación: “Empezó a llegar gente y gente. Tratábamos de llamar por teléfono y no contestaban”. La agente y su esposo intentaron ubicar a algunas familias en departamentos disponibles, pero la demanda superó la oferta. Funes advirtió que el flujo de estafados todavía no terminó: “Han sido dos oleadas grandes, toda la gente de Año Nuevo y una parte que viene aproximadamente desde el 6 hasta el 15 de enero. Esa segunda tanda es más grande, son grupos de 6, 7 o hasta 8 personas”.

El paso a paso del delito
El primer contacto de las víctimas con la estafa se originó, en la mayoría de los casos, a través de anuncios pagos en Facebook o Instagram, lo que otorgaba una falsa sensación de seguridad inicial. En el chat inicial, una supuesta empleada identificada como “Marcela” respondía con un mensaje guionado: derivaba la conversación inmediatamente a un correo corporativo (reservas@holidayrenaca.com) y a una página web propia, buscando profesionalizar la interacción y sacar al cliente de la plataforma de la red social.
Para acelerar la decisión de compra, imponían condiciones rígidas bajo la excusa de la alta demanda. En las conversaciones, aclaraban que para fechas clave como Año Nuevo solo trabajaban con “paquetes” cerrados de varias noches, fijando un valor de 350.000 pesos chilenos para un grupo de hasta seis personas. Además, utilizaban la técnica de la urgencia: el 16 de diciembre, ante la consulta de la víctima, aseguraron que “solo quedan 2 disponibles”, presionando para concretar el cierre de la operación.
La banda delictiva se ganaba la confianza de los turistas accediendo a pedidos específicos, como la confirmación de estacionamiento para dos vehículos o la aceptación de mascotas, asegurando que recibían animales “muy limpios y que no hacen ruido”. A pesar de mantener un diálogo fluido por WhatsApp, insistían reiteradamente en formalizar el pedido mediante el envío de datos personales (nombre, teléfono, fecha de ingreso y salida) al correo electrónico corporativo, argumentando que era la vía oficial para la toma de reservas.
La operación se cerraba con una transacción que parecía legítima. Uno de los comprobantes de pago, emitido el 16 de diciembre de 2025 a las 14:52, muestra un abono exitoso de 350.000 pesos chilenos a través de la plataforma de pagos Flow.cl. El destinatario figuraba bajo el nombre genérico de “Reservas Alojamiento” y el sistema enviaba automáticamente un comprobante al correo de la víctima, completando así el circuito de apariencia legal antes de que los estafadores cortaran la comunicación.
El modus operandi de la estafa se basó en la suplantación de identidad y el robo de material visual. Utilizaron fotografías reales del propietario del lugar, Egon Pfaff, extraídas de su publicación legítima en Booking, para armar la fachada. El sitio web falso utilizaba el dominio “renaca” (sin la ñ) y promocionaba servicios inexistentes como atención permanente y precios promocionales en una de las zonas más exclusivas del balneario.
Ante la magnitud del fraude, Pfaff debió intervenir en las plataformas oficiales. En diálogo con LA NACION, habló por primera vez y explicó que tuvo que intervenir sus propias fotos de alquiler: “En todas las imágenes coloqué un mensaje que dice ‘Atención, tengan cuidado con esta página. Este departamento solo se arrienda por Booking y por mensajes directos conmigo’”.

Finalmente, tras la viralización de las denuncias y la baja de la página web fraudulenta, apareció un mensaje en la plataforma atribuido a la persona responsable de la estafa, reconociendo el delito y con una cita bíblica. “Perdón a todos, pero era necesario. Reconozco el daño y pido perdón por ello, sé que deberé pagar en algún momento y lo haré”, indicaba el texto. Después concluía con una justificación: “Lamento desde lo más profundo de mi alma el haberme aprovechado de ilusiones, pero era necesario para salir. No tuve elección”.
La página ya dejó de funcionar.
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