Mendoza más que vino: un estilo de vida
1 minuto de lectura'
Redundando. Tuve la suerte de vivir una vida de porteño atípico, porque la vida fue haciendo que por distintas circunstancias viviera constantemente en contacto con el interior de nuestro país, y haber podido conocer y apreciar una forma de vivir totalmente diferente a las que nos tiene acostumbrado esta inmensidad superpoblada que es Buenos Aires. Pasé temporadas en la selva subtropical de Salta, en el límite con Bolivia; y disfruté de haber hecho buenos amigos en Ushuaia. Así, de punta a punta, le puedo decir que casi conozco la Argentina por metro cuadrado.
Mendoza. Pero Mendoza me volvió a enamorar una vez más. Esa provincia reconocida mundialmente por sus vinos, pero que esconde petróleo en su subsuelo, que vuelca como una suerte de cuerno de la abundancia, cantidades de frutas y verduras de primera calidad, y que la encontré con una vitalidad que se expresa de la mejor forma en sus bodegas. Pero sus bodegas esconden otro tesoro, que es su gente, que vive la transformación que están produciendo con una mezcla equilibrada de ímpetu y calma.

Chakana. En esta bodega me encontré dos cosas interesantes. Una es su desarrollo agroindustrial. Un emprendimiento empezado desde cero, por un empresario porteño, Juan Pelizzatti, que hizo todo aprendiendo de los mejores, como en el caso del consultor enológico, que es nada menos que Alberto Antonini, un profesional italiano de los que se llama de "clase mundial".
El nombre de la bodega es interesante, porque no sólo permite pronunciarlo en distintos idiomas, sino que es como los incas llamaban a la Cruz del Sur. Además, tiene un diseño típico en el Noroeste de nuestro país, reconociéndosela también como una cruz protectora. Lo curioso es que estaba en la bodega cuando se presentó lo que prometía que iba a ser una pedrada de esas a las que tiene acostumbrados la zona de Agrelo a los productores que buscan la feracidad de sus suelos. Negrura total, panorama sombrío desde el punto de vista productivo, mucho trueno y... ¡nada!, pasó todo de largo, o como dirían en las pampas rioplatenses: "refaló", para explicar que la tormenta había resbalado hacia lugares menos sensibles a su potencial destructivo.
Darío y Gonzalo. Son los hombres de Juan Pelizzatti, su dueño, en la bodega. Uno hace el manejo operativo, el otro el manejo comercial. Me refiero a Darío El Negro Failla y Gonzalo Pérez Cerini. Excelentes anfitriones, cultores de la "obsecuencia debida" hacia su jefe, me explicaron con extraordinaria paciencia las virtudes de algunos de sus vinos insignia como el Chakana Yaguareté Collection 2009 - un malbec muy bien hecho y me atraparon con el Chakana Bonarda 2009 .
Seguramente, ambos buenos en lo suyo, la tarea del Negro Failla salta a la vista al ver el estado tanto de los viñedos y la propia bodega. No hace falta entender mucho para saber que mantener todo aquello de esa forma no es cuestión de plata solamente.
Nota de humor. Ambos me contaron una anécdota memorable. La bodega tiene un funcionario "mail adicto", y en los viñedos alejados de la ciudad, no siempre la Internet funciona al 100%. El hombre, parece que tenía la costumbre de llamar constantemente buscando auxilio técnico para que le mantuvieran en funcionamiento eficiente la conexión, y así poder trasladarse desde la ciudad a la bodega sin quedar cibernéticamente aislado. Un día, Darío, algo cansado de estos reclamos de eficiencia, le dijo: "cualquier problema, lo llamás a Donoso a tal telefono. Él te soluciona todo...". El hombre volvió a tener un problema, llamó al número indicado, pidió por Donoso y del otro lado hubo un espeso silencio. Insistió impaciente, explicando que no tenía tiempo para perder y necesitaba su conexión, y del otro lado le dijeron: "señor, ¿Don Oso dijo? Este es el teléfono del zoológico de Mendoza...". Como ve, se pueden hacer vinos serios, en un clima de trabajo distendido...

Tapiz. Una vez más, me subió a su auto el Juampi Lupiañez, baqueano de la zona, y me dijo: "vamos a ver lo que está haciendo Fabián Valenzuela en Tapiz". Y descubrí, de entrada nomás, que la bodega mostraba un andamiaje arquitectónico de excelencia, atribuido a Eduardo Carletti, pero Fabián explicó que quien está detrás de los detalles, tanto en el interior como en el exterior de la bodega, es "la señora Cristina", es decir, la patrona, mujer de Jorge Ortiz.
Fabián, hombre circunspecto, de pocas palabras, modesto dijo: "miren, acá hay un Bonarda 2009 de Tupungato..." Y yo dije: ¡epa! ¿Dónde tenía este vino Tapiz? Después siguió con un Tapiz Selección de Barrica, un assamblage (por favor, no diga "blend", porque el vino habla francés... como el whisky habla en inglés) de cepas cabernet, malbec, merlot, syrah y bonarda, nada menos, que es una promesa de gran vino.
Valenzuela, siempre con austeridad de palabras, puso sobre la mesa de degustación el Black Tears , un malbec 2007, indudablemente pensado para el mercado americano, pero con un presente extraordinario, que ningún paladar argentino dejará de apreciar.
Botellas livianas. Tapiz era de las bodegas que encontré embotellando en esta época, y tomé una de las botellas y me llamó la atención que era extraordinariamente liviana. Fabián explicó: "son botellas ecológicas...". Esto quiere decir, que se hacen con un vidrio más delgado de lo común. Me explicó que la cosa en Europa está seria en este sentido, y que las botellas pesadas (en las que algunos creyeron encontrar una veta para el marketing de alto vuelo, pero que me ocupé de criticar años atrás) eran mal vistas por el mercado. Otra que le gané a los bodegueros impermeables a las sugerencias... ¡hurra!
Antonio Mas. Circulando por la calle Cobos en Agrelo, llegué a Finca La Anita. Primera sorpresa: en sus portones hay un cartel que advierte que no se aceptan visitas. No me amilané, le hice un gesto a Luis Pirillo para que los abriera para entrar el auto, y nos arriesgamos a averiguar si don Antonio Mas, hermano del afamado Manuel, se encontraba en la casa.
Y apareció Antonio. Campechano, encantador, generoso, y rápidamente abrió tanto las puertas de la bodega como las botellas que iríamos a probar en el correr de las horas que duró la visita.

¡Otra vez Mallmann! Estábamos probando un vino, y en una bodega a su espalda, había una cierta cantidad de botellas de las que colgaba un cartel que decía "Mallmann". Mi indagatoria me llevó a averiguar que se trata de una guarda privada que tiene Francis de unos Syrah ´97; otros malbec ´99, algo de Chardonnay-Semillón y unos Semillón ´97, en total unas 2900 botellas etiquetadas a su nombre, compradas por el maestro de los fuegos apenas los probó en aquellos años en que se produjeron. ¿Qué hará esta mezcla de fenicio piromaniaco y genio de la cocina con este stock tan valioso? Huuummm, creo saberlo pero se lo contaré cuando lo haya hecho.
El patio. La charla con don Antonio se fue derramando lentamente, sentados en un patio sombreado con una parra, con vista al cuidado parque que tiene la bodega. Una mesa de madera muy rústica soportaba nuestras copas, mientras las empanadas caseras hechas por "la" Rosa, iban aproximándose a medida que las iba entregando el horno de barro que estaba a nuestras espaldas.
Con el tiempo detenido, de tanto en tanto, el dueño de casa se levantaba y volvía con copas llenas, con un simple: "a ver como está este vino...". Y aparecía con un Syrah 2007 que estaban embotellando; o un Línea Tonel 2000 que tiene 70% de syrah y 30% de malbec. Vinos aterciopelados, que se deslizan fácilmente por la garganta.
Frases encantadoras. Antonio Mas es un hombre con muchos años de Patagonia Norte, es decir, de la zona de Cipolletti. La primera persona que encuentro que recuerda la existencia del ingenio de remolacha azucarera que había construido mi abuelo Francisco en esa zona, hace una ponchada de años. "¿Sabe como terminó?" Yo le conté que en mi familia se decía que lo habían comprado y destruido algunos ingenios cañeros tucumanos. "Así fue -contestó él- y le digo más: lo dinamitaron para que no quede rastro de él...".
"Acá viene gente a trabajar en la viña, olvidándose que la viña también crece el día sábado...". Hablando de los corchos, se preocupa por la calidad de los de alcornoque, que a veces entre los buenos, vienen "corchos sin memoria".
El arte. Y también esta bodega, no importa su tamaño ni si prefiere no ser visitada, tiene una galería de esculturas de un mendocino que se llamaba Lorenzo Domínguez, que fuera amigo de los Mas, y que en los años ´60 supo irse a pasar una larga temporada en la isla de Pascua, cuando sospecho que tenía comodidades bastante menores a las actuales. Obras maestras, desconocidas para la mayor parte de los argentinos, y por suerte hoy en custodia de Finca La Anita.
Finale. En fin, sospecho que el otro Mas, Manuel, me gustará tanto como éste por el simple hecho de haber financiado este esfuerzo y editar la revista "Varúa" (que quiere decir Pasión), pero me fui con ganas de extender esa charla mendocina, en el patio bajo la parra, con una copa de vino bueno siempre llena, escuchando las reflexiones sabias y sencillas, de un patagónico adoptivo, que apenas le aflojan el pial vuelve por unos días al pago, pero recordando que "las viñas también crecen los sábados".
Vi muchas más cosas en Mendoza. Se las iré contando de a poco. Disculpe si no le hablé de "cueros húmedos" o "frutos rojos", de vinos "complejos" ni de bodegas grandes que no precisan que yo las ande mentando a los lectores. Quédese con la Mendoza de la siesta con ruido de acequias al fondo, la gente sencilla, el buen vino, Chacras de Coria, Agrelo, y esa omnipresencia imponente del Cordón de Plata, que la flanquea inexorable por el oeste. Lo otro volverá, es medio como inevitable….
<b> Miscelánea fueguina. </b>
1Cortes de luz, en vivo: dónde se registra falta de suministro en Buenos Aires este miércoles
2Así funcionan los supermercados hoy, jueves 1° de enero de 2026
- 3
Apagón en el AMBA: miles de usuarios pasaron Año Nuevo a oscuras y más de 12.000 siguen aún sin luz
4Colesterol: los seis alimentos que ayudan a prevenirlo y en qué cantidades hay que consumirlos


