Milagros rescató a más de 100 perros callejeros y tiene solo 15 años

Hace tres años comenzó su misión gracias a los datos de sus vecinos; vive en un barrio humilde y sueña con ser veterinaria
Hace tres años comenzó su misión gracias a los datos de sus vecinos; vive en un barrio humilde y sueña con ser veterinaria
Marina Mon
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31 de agosto de 2016  • 00:00

Muchas veces, aunque las condiciones sean adversas, existe una pulsión más fuerte, inquebrantable, que empuja hasta los espíritus más débiles a actuar más allá de las vicisitudes.

Milagros Toledo tiene 15 años y una fuerza y un amor por los animales tan poderosos que las posibilidades de ayudar se potencian ante cada rescate que logra llevar a buen puerto. Y es que esta simpática quinceañera hace lo imposible por mejorar la vida de aquellos peluditos que encuentra en la calle abandonados, golpeados, enfermos y desnutridos.

La primera vez fue hace unos tres años, cuando unos vecinos -sabiendo de la predilección de Mili y su familia por los cuatro patas- acudieron a ellos por ayuda: habían localizado a un perro que estaba tirado agonizando, imposibilitado de moverse. Resultó que Pichilín, como lo bautizaron, tenía un severo golpe en la cadera que lo doblaba de dolor. Hoy, es uno de los reyes de la casa Toledo.

A partir de entonces, las voces del sumamente humilde barrio de Fátima, en Pilar, comenzaron a correr, y la fama de Mili se multiplicó. “ Calculo que habré rescatado más de 100 en dos años”, cuenta la joven, que hace muy poco pudo celebrar sus 15 años gracias a la solidaridad de sus seguidores de Facebook, que donaron lo necesario para que viva su noche de princesa.

Del colegio a la veterinaria

Mili lamenta no tener más tiempo para dedicarse a eso que más le gusta y la hace sentirse plena, esa tarea altruista que comparte con familia y amigos, aunque es ella la que se compromete con cada caso, con cada historia. Cuando sus estudios secundarios le dan un respiro, parte rauda a recorrer las calles de Pilar, donde por desgracia cada vez son más las almas abandonadas a su suerte. A veces los rescatados tienen sólo hambre, temor y una inmensa soledad. Pero en ocasiones el panorama es terrible: accidentes, episodios de violencia y maltrato, peleas con otros animales, hacen que Mili visite a Julieta Guidoni, su veterinaria de confianza, más seguido de lo que le gustaría. “Por suerte no me cobra las consultas, solamente los remedios; sin su ayuda no podría hacer esto”, agradece Milagros.

Las jornadas de rescate suelen ser largas y cansadoras, pero no terminan cuando se pone el sol. Una vez que los tiene en su casa, los lleva a curar y los cuida con esmero y dedicación hasta que estén en condiciones de ser dados en adopción o en tránsito, gracias a que sus contactos de Facebook le dan una gran mano para ubicarlos. El dinero no sobra, la comida tampoco. Pero la buena voluntad y el corazón generoso y solidario siempre pueden más.

“ Hoy en casa tengo 11 perros que viven conmigo, todos rescatados. Y es que no puedo mirar al costado y hacer como que no pasa nada, que no están”, confiesa con su voz de niña, aunque con un sentido de la responsabilidad que muchos mayores envidiarían. A ellos se le suman los que día a día se acercan a su casa a comer, cual comedor comunitario canino. Siempre hay un lugar para uno más, la comida no se le niega a nadie.

Mili dedica los sábados a recorrer ferias y eventos en los que vende aquello que tiene a mano para recaudar dinero y comprar alimento, mantas y remedios para sus rescatados. Su familia colabora a su lado, buscando comerciantes amigos que donen carne, huesos y arroz para cocinarles. El trabajo es mancomunado y constante; las necesidades, también. “ Por suerte la gente me ayuda, ya sea compartiendo mis casos en Facebook para encontrarles hogar (se la puede encontrar por Mili Perruna Toledo), donando dinero, comida o lo que puedan; todo nos ayuda”, agradece la joven.

“ También hago el seguimiento de los casos que doy en adopción, con compromiso de castración para evitar que haya más cachorros abandonados. Pero más de una vez tuve que traerme a los perros de vuelta a casa porque no los castraron y bueno….los tuve que llevar yo”, cuenta con pesar.

¿Qué sigue?

Y como no podría ser de otra manera, como toda jovencita también tiene sus sueños, que en el caso de ella consisten en estudiar para convertirse en veterinaria y tener su propio refugio para albergar a muchos perros y gatos. “Para eso me esfuerzo mucho en la escuela”, cuenta orgullosa.

Un coro de ladridos la interrumpe: llegó el momento de la cena. El “Milagros” de muchos cuatro patas corta con delicadeza la charla y pide disculpas, no puede hacerlos esperar. Con la frescura de su juventud y la alegría dibujada en esa sonrisa que no abandona nunca, se dispone a entrar a la cocina para satisfacer a esas almas que agradecen haberla cruzado en su camino.

Por: Marina Mon
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