Murió Hipólito, el hipopótamo “dócil y amigable” del Bioparque de La Plata
Tenía casi 26 años y, en las últimas semanas, atravesaba un cuadro digestivo severo; es el cuarto animal argentino que muere en cautiverio en los últimos cinco meses
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Hace unas horas, durante la madrugada del viernes, murió Hipólito, el hipopótamo macho de poco menos de 26 años que vivía en el Bioparque de La Plata. Así lo dieron a conocer las autoridades del predio hace unos minutos.
Durante las últimas semanas estaba pasando un cuadro clínico asociado a un proceso digestivo severo. A lo largo de la evolución clínica se implementaron distintos tratamientos de sostén y manejo paliativo, entre ellos analgésicos, protectores gástricos y antibioticoterapia. Según las autoridades del bioparque, durante todo este proceso Hipólito estuvo permanentemente acompañado y monitoreado por el personal, que siguió de cerca su evolución y le brindó los cuidados necesarios.
Hipólito nació en el 2000 en cautiverio y, a los cinco años, lo trasladaron a un zoológico donde vivió hasta los ocho. A esa edad ingresó al Bioparque La Plata, donde se encontraba desde entonces. Era pareja de Mafalda y tuvieron una cría bautizada Felipe.
“Hipólito era un animal muy colaborador con toda persona que trabajaba con él. Se caracterizaba por su temperamento tranquilo, lo que facilitaba las rutinas diarias de manejo y cuidado”, explicaron en el comunicado de prensa del Bioparque de La Plata.
Tenía un vínculo de confianza con cuidadores y veterinarios, respondiendo de manera positiva a los entrenamientos y a las intervenciones necesarias para su bienestar.

Era un animal dócil y colaborativo. Sus cuidadores podían hacerle controles y procedimientos sin que Hipólito sintiera estrés. En 2025 se logró realizar extracciones de sangre por entrenamiento. En otras palabras, sin sedación y con la colaboración del ejemplar, se desarrolló un método complementario inédito en las instituciones que trabajan con animales silvestres y exóticos en Argentina.
El año pasado Hipólito había sido sometido a una cirugía de alta complejidad que permitió salvar su vida en aquel momento. Ese procedimiento representó un hito para la medicina veterinaria en fauna silvestre, ya que fue el primer caso registrado en Argentina de una intervención de este tipo en un hipopótamo, con resultados positivos en su recuperación posterior.
Desde el Bioparque de La Plata informaron que, debido a las características propias de la especie y a las condiciones de manejo necesarias para garantizar su bienestar, “los procedimientos diagnósticos y terapéuticos debieron realizarse bajo protocolos específicos y estrictas medidas de seguridad, con la intervención del equipo técnico especializado (áreas de veterinaria, cuidadores, comportamiento, biología y nutrición)”.
Cuatro muertes en cinco meses
La muerte de Hipólito no fue la primera del año en el Bioparque de La Plata. Lamentablemente, en febrero pasado también murió el emblemático chimpancé, Tomy. Sus cuidadores lo hallaron una mañana, durante la rutina que todos los días hacían dentro de su recinto. Ellos explicaron que no presentaba complicaciones de salud ni enfermedades. Tenía 49 años.
El chimpancé, que pertenecía a la especie Pan troglodytes, había nacido en 1977 y llegó al entonces Zoológico de La Plata el 8 de enero de 1980, con apenas tres años, luego de integrar el Circo Tihany. Tomy vivió toda su vida en el espacio y dejó una huella imborrable, a tal punto que su cuidador de siempre intentó declararlo “sujeto de derecho”.
Además de este icónico chimpancé, unos meses antes, en las costas de San Clemente del Tuyú murió también Kshamenk, la última orca en cautiverio de la Argentina. Se encontraba en el estanque donde pasó una buena parte de su vida, en Mundo Marino, hasta que en diciembre del año pasado sufrió un paro cardiorrespiratorio. No se sabía su edad con certeza, pero calculaban 36 años. Fue encontrada encallada en la costa argentina en 1992, y desde entonces vivió en cautiverio.
En sus últimos años, el animal se movía lento y mostraba evidentes signos de deterioro. Lejos de la imagen imponente de los saltos y piruetas que mostró a millones de visitantes en Mundo Marino, a la orca le cepillaban los dientes y le daban pescado procesado en unas albóndigas.
Dos meses antes, Pupy, un elefante argentino, murió en Brasil. El animal había sido trasladado pocos meses antes desde el Ecoparque porteño hacia el Santuario de Elefantes de Brasil, en Chapada dos Guimarães, estado de Mato Grosso. Las autoridades de la institución que la recibió detallaron que la elefanta tenía problemas gastrointestinales intermitentes. El dolor le había quitado el apetito y la había debilitado.
“A la hora de la comida nocturna, Pupy parecía algo inestable sobre sus patas. Scott Blais, director y cofundador del santuario, se acercó para darle agua y, en ese momento, sus patas cedieron y cayó al suelo. Kenya, la otra elefanta africana que vive en el lugar, se mostró inmediatamente preocupada, pero permitió que el equipo la trasladara al corral contiguo, desde donde observó, a unos veinte metros, mientras intentaban asistirla”, explicaron a LA NACION en octubre pasado.
Estas muertes no están relacionadas, pero sí marcan hitos en la historia de los animales que atravesaron la vida de la sociedad argentina y que transitaron el cambio de paradigma de los zoológicos y del cuidado animal. Ninguno podría haber vuelto a su hábitat original, presumen los expertos.
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