Ningunear o amplificar para influir en la conversación

Fernando Ruiz
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20 de septiembre de 2012  

No hay sociedad sin pasión por las noticias. Las personas se llaman y se encuentran para contarse cosas. Nos sirve integrarnos socialmente para tener noticias y tener noticias para integrarnos socialmente. Eso ha sido así en la época colonial y también en este 2012, y ahora decimos en Facebook lo que antes se decía en el mercado o en la pulpería. Por eso las redes sociales son medios de comunicación cooperativos y alternativos para compartir información y así formar comunidad.

Las noticias son nuestro alimento social, nos nutrimos con ellas y los canales de noticias son sueros esenciales de este menú diario. Y hay muchos en Argentina, lo que no es malo.

Pero la enorme cantidad de canales de cable se explica por la política y no por el mercado. ¿Quiénes son los dueños de estos canales? Los empresarios kirchneristas Cristóbal López y Sergio Szpolski, los empresarios posmenemistas mediáticos Daniel Vila, José Luis Manzano y Alberto Pierri, Héctor Ricardo García, quien pone su canal al servicio de políticos diversos, y el Grupo Clarín.

Ese no es un mercado empresario de canales que buscan vincularse a una audiencia, sino un parlamento de voces políticas donde varios de estos dueños restringen mucho la autonomía profesional de los periodistas que trabajan allí.

Es muy productivo desde el punto de vista político llegar a tener el canal de noticias al que todo el país -que conectado al cable- se remite cuando hay alguna crisis. Y estos empresarios políticos de medios están peleando por ese trono. Permite ir ninguneando o amplificando acontecimientos durante todo el día y pueden ser medios potentes para influir en las conversaciones diarias.

Uno de los detonantes de la pelea del gobierno nacional contra el Grupo Clarín en marzo de 2008 fue cuando el canal TN difundía los piquetes de los productores rurales, en vez de obviarlos.

En el cacerolazo de la semana pasada se pudo ver también la actitud política de cada canal de noticias. Están los canales que fogonearon el cacerolazo, los que lo trataron como una noticia una vez que estaba en marcha y los que lo minimizaron o ridiculizaron.

Pero esa pluralidad de canales no hay que demonizarla, es un valor, hay que conservarla, aunque se produzca muchas veces a costa de la calidad periodística. Ante el ultimátum del 7 de diciembre, la consigna para todo tipo de medios debería ser: sostener el pluralismo a través de la creación de nuevos medios, sin cerrar ninguno. Que nadie pueda usar falazmente el argumento de la pluralidad para apagar un medio. Ya no estamos en los tiempos de la colonia, no alcanza con ir a la pulpería, necesitamos los canales libres. Nadie quiere ser ninguneado.

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