Reconvierten una antigua residencia estudiantil del Opus Dei en un centro de salud de un sindicato
Es una mansión de estilo alemán situada en Barrio Martin, Rosario; desde sus inicios alojaba a estudiantes del interior del país
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ROSARIO.- Hace dos meses, la pesada puerta de madera de la esquina de 9 de Julio y Ayacucho, en el Barrio Martin de esta ciudad, volvió a abrirse. Esta vez no fue para recibir a estudiantes universitarios bajo tutela espiritual ni para alojar a sacerdotes en misión pastoral. Arquitectos, albañiles y pintores entraron a la que fue, durante décadas, una de las residencias más emblemáticas del Opus Dei en la Argentina.
La orden nacida en España, que llegó a Rosario antes que a Buenos Aires y que en los últimos años quedó en el centro de una tormenta judicial por presunta explotación laboral de mujeres, cerró el capítulo rosarino de su historia tras vender la propiedad al Sindicato de Luz y Fuerza. En ese mismo edificio, donde funcionó la Residencia Universitaria Litoral, se instalarán consultorios médicos, de imágenes, de salud mental y un laboratorio bioquímico.
La reconversión de la casona sintetiza, en un solo edificio y en menos de un siglo, varias capas de la historia de Rosario: la prosperidad de la comunidad alemana de principios del siglo XX, la expansión de la Iglesia Católica conservadora en la posguerra, la crisis institucional del Opus Dei en el siglo XXI y el rol que los sindicatos buscan asumir ante un sistema de salud pública que cruje.

La mansión de barrio Martin fue construida en 1930 por encargo de los Werner, propietarios de Molinos Félix, una empresa fundada en 1889 por Emilio Werner, dedicada a la molienda de trigo para la obtención de harinas, que sobrevivió a su creador y hoy es una de las mayores proveedoras de la industria alimenticia.
La obra quedó en manos de Hermann Waltz, un arquitecto nacido en el sur de Alemania que encontró en Rosario su lugar en el mundo. Fue el mismo profesional que diseñó el edificio de oficinas de Molinos Fénix, en Córdoba al 1400, y el edificio Metaldine, en Mitre y San Lorenzo, además de varias residencias para la comunidad alemana.
El edificio tiene tres plantas con mansardas de tejas rojas y una fachada de inspiración germánica que, durante décadas, llamó la atención en el barrio. La superficie total del terreno es de 37 por 21 metros. La casona cuenta con 14 habitaciones con baño privado y una capilla en el subsuelo: todas las casas de la institución tienen su propio oratorio, ya que no concurren a las iglesias como la mayoría de los católicos y celebran ceremonias particulares. Esa capilla, revestida en madera y mármol, es quizá el rincón más elocuente del edificio: elegante, íntima y completamente ajena a la mirada pública.

La labor del Opus Dei en la Argentina comenzó en Rosario. El obispo de la ciudad, el cardenal Antonio Caggiano, se lo había solicitado en varias ocasiones a Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote español y fundador de la orden, a través del intercambio epistolar que mantuvieron, según recordó a LA NACION un miembro de la organización.
El 12 de marzo de 1950, sacerdotes y profesores del Opus llegaron al país para conocer la región y preparar el trabajo apostólico. A instancias de Caggiano, Balaguer dispuso que se quedaran en Rosario, donde comenzaron a desarrollar su tarea pastoral y profesional. El 31 de agosto de ese mismo año se instalaron en una casa alquilada en San Juan 865, un lugar modesto que alojó la primera institución local: la Residencia Universitaria Litoral, que más tarde se mudó a la casona de los Werner en barrio Martin.
Allí funcionaron durante décadas una residencia para estudiantes universitarios y alojamientos para sacerdotes de paso. El edificio era conocido popularmente como “la casa del Opus”, aunque pocos sabían con exactitud qué ocurría puertas adentro.

En septiembre de 2024, en la propiedad apareció un cartel de venta. Unos años antes, en la Argentina y en Uruguay, se habían iniciado acciones judiciales contra la orden por presunta trata de personas, reducción a la servidumbre y explotación laboral de mujeres que pertenecían a la organización como numerarias auxiliares. Las investigaciones revelaron un sistema de trabajo no remunerado, aislamiento y coacción sobre mujeres provenientes de sectores vulnerables. Por eso, la venta del inmueble trascendió rápidamente las fronteras del barrio Martin.
Así lo confirmó la periodista y escritora Paula Bistagnino, autora de Te serviré, quien investigó el tema durante años. Su libro reconstruye la historia de mujeres reclutadas con la promesa de alcanzar la santidad en la vida cotidiana y que terminaron despojadas de sus bienes, de su libertad y hasta de su voluntad.

Para entender qué lugar ocupaban esas mujeres en la estructura, conviene recordar el funcionamiento interno. El Opus Dei tiene alrededor de 90.000 miembros en 68 países. Su organización es vertical: los numerarios y numerarias, que viven en comunidad y hacen votos de castidad, pobreza y obediencia, son los más orgánicos dentro del esquema.
El 12 de marzo de 1950 no es una fecha menor: Caggiano habilitó en Rosario la primera residencia del Opus Dei en la Argentina, institución ultraconservadora que quedó en la mira pública luego de que 43 mujeres que trabajaron como “numerarias auxiliares” denunciaran la falta de aportes, de salarios y la privación de la libertad. Siete de ellas desarrollaron tareas gratuitas en Rosario.
Cuando la inmobiliaria publicó el aviso de venta y difundió un video en Instagram mostrando el interior, el tono llamó la atención. La pieza destacaba lo pintoresco del edificio, sin mencionar para qué había sido utilizado ni qué actividades se realizaban, incluso al mostrar la capilla del subsuelo.

Nueve meses después de aquel cartel, en mayo de 2025, el Sindicato de Luz y Fuerza de Rosario adquirió la propiedad con el objetivo de ampliar el centro de salud que funciona en su sede de Paraguay al 1100. A mediados de enero comenzaron los trabajos para acondicionar la residencia y alojar consultorios médicos, de imágenes y de salud mental.
La casa estaba en perfectas condiciones de mantenimiento, con pisos de madera, ornamentación original y techos conservados, un punto que facilitó la decisión de compra.
El titular del sindicato, Alberto Botto, señaló al diario La Capital que el edificio “tendrá una adecuación mínima” para su nuevo funcionamiento. “Apenas se modificarán algunas cuestiones internas para hacerlo más funcional, pero su aspecto, tanto interno como externo, no tendrá grandes modificaciones”, afirmó.
Cuando se inaugure, el nuevo edificio permitirá sumar más especialidades médicas, consultorios de imágenes y de salud mental, un laboratorio bioquímico y un centro de rehabilitación. Los servicios serán gratuitos para los afiliados, aunque el proyecto contempla la posibilidad de establecer convenios con otros sindicatos. Además, el espacio contará con infraestructura para recibir a trabajadores del interior de la provincia que deban realizar tratamientos en Rosario.
La apertura del centro de salud está prevista para mediados de año, en coincidencia con el 98° aniversario del sindicato. Para Botto, la operación tiene una lectura política clara. “En tiempos donde el Estado se retira, nosotros como organización sindical redoblamos la apuesta por la salud”, sostuvo al anunciar la compra.
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