Tras un operativo de traslado: misterio por la desaparición de dos cachorros de yaguareté en Misiones
El procedimiento, cuestionado por expertos y organizaciones conservacionistas, es investigado por una fiscalía ambiental; a casi cuatro meses del hecho, no hay certezas sobre el destino de los animales
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Hace poco menos de cuatro meses desaparecieron dos cachorros de yaguareté en el marco de un operativo liderado por el Ministerio de Ecología de Misiones. La desaparición y el propio procedimiento son motivo de investigación por parte de la Unidad Fiscal para la Investigación de Delitos contra el Medio Ambiente (Ufima), que abrió un expediente hace dos semanas.
El objetivo inicial del plan de la provincia fue trasladar únicamente a la madre de las crías: Pará, una felina que desde hacía tiempo había generado tensiones, en especial con la población de un barrio cercano a la ciudad de Puerto Iguazú, en la frontera con Brasil.
“Los vecinos estaban muy preocupados y los ánimos estaban caldeados. Pero también existía preocupación por los niños y por las personas”, describió hace dos semanas Martín Recaman, ministro de Ecología provincial, en una entrevista para Misiones Online.
Nadie aconsejaba una traslado, pero la situación se había transformado en un tema a resolver de manera urgente. Para septiembre pasado, desde la Subcomisión Selva Paranaense —que forma parte del Comité de Gestión del Plan Nacional de Conservación del Yaguareté, integrado por organizaciones dedicadas a la conservación de la especie, la Administración de Parques Nacionales y el Ministerio de Ecología— calcularon que Pará había depredado a más de 50 perros del barrio.
Por si fuera poco, semanas antes del operativo, la yaguareté había aparecido en cámaras caminando dentro de la galería de una casa, algo que, por supuesto, se viralizó en redes sociales y derivó en un estado de alerta de vecinos y cuestionamientos desde la prensa local. La población cultivaba un miedo peligroso. Tanto miembros de Proyecto Yaguareté, como Red Yaguareté y la Fundación Vida Silvestre aseguraron que la situación podía desembocar en dos escenarios: “O los vecinos le pegaban un tiro y la enterraban, o la yaguareté agredía a más mascotas e incluso a personas”. Pero trasladar a un animal de este tipo supone un precio alto a pagar, especialmente para el propio ejemplar, así coinciden estas tres organizaciones respaldadas también por la literatura científica internacional.
Cuando viven niveles tan altos de estrés, cualquier animal silvestre —y mucho más estos felinos— modifica su conducta de manera radical. No saben que van a un lugar mejor: cuando la jaula se abre, se encuentran en un sitio desconocido. Por eso los traslados son siempre la última instancia. La noche del 16 de octubre pasado, las autoridades provinciales y las organizaciones que acompañaron el operativo consideraron que se trataba de una situación extrema.
Esa noche, asistidos por científicos del Proyecto Yaguareté-Conicet, la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y miembros de la Administración de Parques Nacionales, representantes del Ministerio de Ecología de Misiones localizaron a Pará cerca de este barrio, ubicado en una zona conocida como “Las 2000 hectáreas”, bautizada así por la literalidad de su extensión. No fue difícil encontrarla, ya que la felina tenía un collar localizador. Lo que no esperaban era que estuviera acompañada de dos cachorros de no más de dos meses, lo que sumó un grado adicional de complejidad a la operación. “A fines de septiembre, en los videos con los que la monitoreábamos, la veíamos con panza y sospechamos que podía tener crías. Teníamos el apuro de intentar la traslocación antes de que pariera”, afirmó Agustín Paviolo, coordinador del Proyecto Yaguareté. Ya es complejo trasladar a un ejemplar adulto; hacerlo cuando tiene crías lo es mucho más.

“El traslado de Pará con dos cachorros tan pequeños —contra cualquier indicación técnica— es la consecuencia de una improvisación y una falta de criterio descomunales, desatendiendo antecedentes similares con final fatal. La negligencia no es neutral: puede costar vidas”, describió Nicolás Lodeiro, director de la organización Red Yaguareté, que tuvo conflictos con el subcomité durante el año pasado. Tanto él como Paviolo plantearon que casos como este operativo no existen en el mundo.
El destino de estos felinos fue el parque provincial Esmeralda, en el corazón de la Reserva de Biosfera Yabotí. Allí, además de los tres nuevos habitantes, las autoridades y organizaciones que trabajan en su conservación, han registrado la presencia de un solo yaguareté macho.
Paviolo planteó que la estrategia tendría un doble objetivo: salvar a Pará y reforzar la población de estos felinos. Pero cuando liberaron a la familia de yaguaretés en esa reserva, la madre escapó del lugar y sus crías quedaron allí, cerca de las jaulas en las que habían sido transportadas. Ante la consulta, varias organizaciones conservacionistas las presumen muertas, aunque no se sabe con certeza qué ocurrió. Paviolo puso en duda el destino de las crías, aunque no descarta esa posibilidad. A pesar de ello, reiteró que en Esmeralda, Pará y sus cachorros tenían mayores probabilidades de sobrevivir que en Las 2000 hectáreas. Para Lodeiro y Paviolo, además de otras personas involucradas en el caso que prefirieron no revelar su nombre, el parque provincial Esmeralda no era el mejor destino.

Semanas antes del operativo, cuando aún se discutía el destino del animal y se desconocía la existencia de las crías, tanto desde el Proyecto Yaguareté como desde la Administración de Parques Nacionales contactaron a la Fundación Rewilding para trasladar a estos felinos a Corrientes, al Parque Nacional Iberá, para que fueran resguardados al menos en una primera etapa. Paviolo reconoció que, desde el sector científico, siguen considerando que Iberá era la mejor opción. “Después propusimos enviarla a Esmeralda para desarrollar una estrategia de repoblación”, añadió. Desde la provincia existe un plan para construir recintos y trasladar hembras con el objetivo de promover la reproducción de la especie en esa área protegida. Sin embargo, hasta el momento no hay avances concretos.
LA NACION se contactó con el Ministerio de Ecología para conocer por qué se optó por la reserva de Esmeralda, pero hasta la publicación de esta nota no obtuvo respuesta. “Hay un provincialismo que muchas veces se sobrepone a la protección”, deslizó una fuente involucrada en el caso que prefirió no revelar su nombre. Otras dos fuentes consultadas calificaron la decisión del gobierno provincial más como un capricho que como el resultado de un criterio objetivo de conservación.
Hace una semana, Pará fue registrada dentro del parque provincial Esmeralda. De las crías no hay novedades, al ser juveniles no había posibilidad de ponerles un collar rastreador y en las cámaras trampa instaladas no aparecieron.
Según detallaron desde la unidad fiscal a LA NACION, la investigación preliminar se encuentra en tramite a la espera de una respuesta por parte de los organismos tenicos en la materia.
La semana pasada, el ministro Recaman explicó que, tras la polémica, decidieron invertir 40 millones de pesos en un “desarrollo urbano sustentable” en la zona de Las 2000 hectáreas. El dinero provendrá del Fondo Nacional de Bosques Nativos, contemplado en la Ley de Bosques (26.331) y aprobado, según declaró el propio ministro, por la Subsecretaría de Ambiente de la Nación. Sobre los recintos del parque provincial Esmeralda no hubo menciones, ni tampoco respuestas a este medio sobre ese punto.
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