Una discusión banal, pie para la pelea mortal en Hurlingham
El delantero Nahuel Oviedo admitió que tuvo en su mano el cuchillo usado para asesinar al arquero Facundo Espíndola
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"¿Es necesario que griten tanto?". Esa pregunta capciosa, lanzada desde un auto en movimiento hacia el grupo que acababa de salir del boliche Jack's Home, de Hurlingham , encendió la mecha de la pelea que terminó con el exarquero de Almagro Facundo Espíndola muerto de una cuchillada en el abdomen y con Nahuel Oviedo, delantero de San Telmo, preso y acusado como autor material del homicidio.
Quien habría disparado aquella frase provocadora es, según pudo reconstruir LA NACION de fuentes judiciales, el paraguayo Ever Caseres, que también fue detenido después de la mortal agresión ocurrida delante del estacionamiento de un McDonald's a las 6.40, cuando aún no había amanecido el domingo.
El arquero formado en River y su grupo le respondieron; empezaron los insultos cruzados. Caseres le gritó al futbolista, desde el Peugeot 308 blanco: "Escuchame, flaco, yo soy de Nordelta. De acá me voy a navegar con mi lancha, gil". Espíndola le contestó: "Yo soy de Martín Coronado y me la banco". Ya no hubo vuelta atrás. En ese momento, según reconstruyó la Justicia, llegó la primera trompada: Oviedo, el artillero de San Telmo, se la dio a Espíndola.
Parte de la secuencia del enfrentamiento fue registrada por las cámaras de seguridad. Lo que no se ve en las imágenes difundidas anteayer es el momento en que, según se sospecha, Oviedo le clavó el cuchillo a Espíndola en la entrada del estacionamiento del McDonald's situado en Jauretche 978.

Los dos imputados declararon ayer ante la fiscal de Morón Adriana Suárez Corripio. El primero en ingresar en la Unidad Fiscal Instructiva (UFI) Nº 8 de Morón fue Caseres. Negó haberle dado el cuchillo a Oviedo, a pesar de que esa acción, según fuentes judiciales, se advierte en las imágenes de las videocámaras.
Minutos después, a las 14.30, Oviedo entró en la fiscalía vestido de jogging y chaleco gris. Admitió que Caseres le había dado el arma y que la "descartaron", aunque dijo no recordar el momento exacto en el que, según se sospecha, acuchilló a Espíndola, a quien no conocía.
El cuchillo en cuestión -de 25 centímetros de largo y dos de ancho- fue encontrado anteayer a la tarde frente al 1151 de la calle Rodríguez, en Villa Tesei, a pocas cuadras del lugar del crimen. Los peritajes revelaron que el arma tenía restos de la sangre de Espíndola.
Según fuentes judiciales, los testigos vieron el momento exacto en que Caseres le dio el arma a Oviedo; primero pensaron que era una pistola. Por eso en las imágenes de las cámaras de seguridad se ve a Espíndola hacer con la mano el gesto típico de un arma mientras les gritaba a los del Peugeot: "¡Dale, dispará!".
La pelea continuó. Se agarraron y se golpearon. En un momento, Caseres regresó al auto e intentó irse del lugar. Dio una vuelta en U para rescatar a su amigo y esquivó el tumulto. Allí se subió Oviedo. Según relataron a LA NACION fuentes con acceso a la causa, los imputados vieron al exarquero de Almagro cruzar hacia el restaurante de comidas rápidas y fueron tras él. Hubo un nuevo forcejeo y, según es objeto de investigación, Oviedo, desde el asiento del acompañante, le hincó a Espíndola el cuchillo en el abdomen. El dúo escapó de la zona en el Peugeot y la víctima quedó tirada en la calzada del estacionamiento.
Murió poco después, mientras que el auto era rastrillado a través de las sucesivas capturas del sistema de monitoreo de videocámaras municipal hasta que la policía lo interceptó en Vergara y Azurduy, a pocas cuadras del hecho.
Por ahora, Oviedo y Caseres seguirán presos como autor y partícipe necesario de homicidio simple, delito para el cual se prevé una pena de entre 8 y 25 años de cárcel.
Oviedo ya estuvo preso en dos ocasiones. La primera, en 2011, por participar del robo en una casa de Villa Devoto. La segunda, dos años después, acusado en un caso en el que golpearon a una policía para robarle el arma y el chaleco antibalas. Pasó tres meses en Ezeiza.
Ayer al mediodía, los restos de Espíndola fueron inhumados en el cementerio de Pablo Podestá. "No podemos creerlo. Lo que el asesino le hizo no es justificable, es algo salvaje", dijo Jorge, hermano de la víctima.
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