La colocación de estos dispositivos en la Ciudad tiene como fin disuadir a los conductores para que no tengan conductas peligrosas al volante; la fiscalización y las multas siguen generando discusiones
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La instalación de radares de velocidad no solo funciona como un elemento disuasorio y persuasivo, sino también como respaldo para castigar a quienes no cumplen con las normas de tránsito y, también, como un aliciente para aquellos que cumplen la ley y buscan una mayor seguridad vial.
“Si bien en nuestro país la utilización de radares tiene más de 20 años, comenzó a estudiarse su uso, homologarlo y aplicarlo como política de estado al crearse la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) hace aproximadamente una década. Se implementó su uso sobre la ruta 2 hacia la Costa Atlántica primero de manera experimental y de uso estadístico, y luego como una herramienta de control, definiendo aspectos legales que hacen a su uso y aplicación”, dijeron desde el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi) de Argentina.
Desde la Secretaría de Transporte y Obras Públicas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires indicaron que en 2000 se puso en marcha el sistema de fiscalización electrónica y que “a partir de entonces el número de víctimas fatales por año ha ido disminuyendo considerablemente, al punto que en 2021 ha sido de un 39% menor comparado con aquel año. Es un eje clave para la modificación de conductas riesgosas en términos de seguridad vial, pues el exceso de velocidad es uno de los mayores factores de riesgo y tiene incidencia en seis de cada diez siniestros viales que ocurren en la ciudad. En ese sentido, las cámaras de velocidad son una herramienta clave para generar el cambio de hábito en los automovilistas”.
“En la Argentina los radares son pocos y se usan menos; tendrían que ser de vital importancia para la Seguridad Vial, ya que el exceso de velocidad es la principal causa de siniestros graves y muerte en las rutas del país”, dijo el presidente de Luchemos por la Vida Asociación Civil, Alberto Silveira. Y agregó que en los países exitosos en seguridad vial son un pilar fundamental: “Hace unos años, cuando en Francia se incorporaron 2000 cámaras más a las rutas, se logró una disminución de las muertes cercana al 20 por ciento”.

Según el informe de víctimas fatales presentado por el Observatorio de Movilidad y Seguridad Vial, en 2021 en la Ciudad de Buenos Aires un 65% de las víctimas se registraron en avenidas y un 15% en autopistas, incrementando su participación respecto al promedio de años anteriores. “El nuevo sistema de fiscalización tiene como objetivo mejorar la seguridad vial para seguir bajando las víctimas en el tránsito”, indicaron desde la Secretaría.
Así, para los conductores que excedan la velocidad o violen la luz roja en la ciudad, el nuevo sistema de fiscalización electrónica alcanzará 208 puntos distribuidos en distintas arterias. “Las nuevas cámaras de infracción estarán ubicadas en puntos clave de la ciudad. Los criterios de ubicación se analizan según el tipo de conducta a fiscalizar; por ejemplo, para las cámaras que detectan cruces en rojo se identifican las intersecciones más peligrosas, con mayor riesgo peatonal y con mayor circulación como los centros de trasbordo. En el caso de los controles de velocidad, se pondrá el foco en los puntos con mayor cantidad de incidentes graves, en los reclamos de los vecinos y en las autopistas urbanas”.
“En las ciudades y rutas la instalación de los radares sí ha modificado la seguridad vial, ya que el factor velocidad tiene un peso categórico en la ocurrencia y magnitud de los siniestros. No solamente puede detectar al conductor con un exceso importante a la velocidad, sino que, además, genera un efecto de alineación con la velocidad máxima del resto de los conductores”, indicaron desde el Cesvi. Y afirmaron: “Vemos un uso difundido en casi todas las provincias y en su instalación deben firmar un convenio con la ANSV, pero en muchos casos vemos emplazamiento de radares en lugares confusos o con restricciones a la velocidad no tan claras o mal señalizados. Desde Cesvi cuestionamos el uso de este recurso de esa manera, ya que entendemos que no es solamente que el aparato radar esté homologado, sino que además su emplazamiento debe estar alineado con una estrategia que proteja al conductor de un accidente por velocidad”.
Función
Aunque muchos conductores describan a los radares como un “atrapa bobos” para Silveira “tienen cualidades que los hacen ideales y mucho más efectivos que cualquier otro agente de control, ya que: controlan a un número grande de conductores a la vez, funcionan las 24 horas los 365 días, no se distraen ni son susceptibles de amiguismos, sobornos o coimas. Además, tienen como adicional la objetividad en la medición, que aventaja los errores de los controladores humanos. Pero claro: es fundamental que detrás de una infracción labrada por un radar, venga, y rápido, la ejecución de la sanción, sin que haya perdones ni olvidos por decisiones políticas populistas”.
En el país, los sistemas de fiscalización como radares fijos y móviles que operan en rutas nacionales son autorizados por la ANSV (https://www.argentina.gob.ar/seguridadvial/radares-fijos-y-moviles-autorizados-para-operar-en-rutas-nacionales), en tanto, aquellos instalados en rutas provinciales o dentro de ejidos urbanos no interviene en su autorización. La instalación de cada aparato sigue un proceso de análisis, efecto en la seguridad vial, implementación y mantenimiento.

Por eso, si un conductor recibe un acta de infracción “existen sitios de la ANSV y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, INTI, donde uno puede consultar por un radar determinado (que está en la multa fotográfica) para saber si en la fecha de la infracción el radar estaba con la certificación correspondiente y de esta forma hacer el reclamo”, comentaron desde el Cesvi.
Según el informe anual de víctimas fatales que presentó la Secretaría de Transporte y Obras Públicas de CABA, durante 2021 fallecieron 96 personas como consecuencia de siniestros viales. “Es la cifra más baja de los últimos años (sin contar el 2020, año atípico en términos de movilidad). En el marco del segundo Plan de Seguridad Vial que lleva adelante la ciudad y con el objetivo principal de seguir disminuyendo las víctimas fatales y modificar comportamientos, se renueva el sistema de fiscalización electrónica. Estas nuevas cámaras representan un avance tecnológico que permitirá entre otras cosas, mejorar el proceso de notificación al vecino infractor y la generación de evidencia de mayor calidad”, comentaron desde la Secretaría, y aclararon que “todos los dispositivos que lo componen se encontrarán reportando en tiempo real y serán una gran fuente de datos para la planificación y gestión de la movilidad”. Así, este tipo de dispositivos de tecnología avanzada permiten optimizar los controles en la calle y resultan importante en una ciudad como Buenos Aires, donde circulan cada día 1.600.000 automóviles, 37 mil taxis y 10 mil colectivos.
Conductores
En general, los entrevistados indicaron que los conductores sí respetan los radares y en ese tramo donde se ubican los vehículos circulan a un velocidad permitida. En este punto, Silveira destacó que “los conductores respetan los radares en la medida que tengan la convicción de que éstos están en funcionamiento y que las sanciones y multas van a llegar y no se va a poder escapar fácilmente de ellas”.
Estudios realizados por el Cesvi respecto de las contradicciones en las señalizaciones viales han indicado que “en muchos casos se colocan señales de 20 km/h en rutas nacionales como única forma de resolver un problema vial, más allá de entender que es imposible que circulen en ese lugar a esa velocidad”.
GCBA algunos valores de las infracciones
- Por velocidad: de 70 a 4000 UF (o sea, de $4085,9 a $233.480)
- Circular a más de 140 km/h en cualquier tipo de vía. Para transporte público en servicio se eleva al doble. No se acepta el pago voluntario. Desde $23.348 (400 UF) a $233.480 (4000 UF).
- Según el tipo de arteria y el exceso de velocidad: $14.592,5 (250 UF).
- Exceso de velocidad de más de 40 km/h en vías rápidas (hasta 140 km/h). Transporte público en servicio se eleva al doble: $29.185 (500 UF).
- Exceso de velocidad de más de 20 km/h en calles y avenidas (hasta 140 km/h). Transporte público en servicio se eleva al doble: $29.185 (500 UF).
- No respetar la velocidad mínima: $4085,9 (70 UF).
- El valor actual de la unidad fija es de $58,37 (desde marzo 2022).
¿Por qué tantos conductores consideran que no se hace un buen uso de los radares? “En muchos casos el uso se desvirtúa y genera situaciones de mala fe; por ejemplo, proponer un gradiente de velocidad imposible o que obligue al conductor a generar una maniobra peligrosa de frenado, que no esté informado el valor de velocidad o que se penalice un valor de velocidad que no guarde relación con el riesgo en el lugar”, informaron desde el Cesvi. Además, aunque hacen falta radares en rutas y autopistas afirmaron que “en principio deberían penalizarse las velocidades máximas y no las restricciones, como por ejemplo en autopistas al superar los 120 km/h o 130 km/h, en rutas los 110 km/h y no buscar lugares con máxima 60 km/h para colocar un radar”.
Para que los conductores estén avisados de que se acercan a un radar, si bien en la actualidad existen diferentes aplicaciones que anuncian vía GPS la cercanía a éstos, “debe tener un cartel de fiscalización y ser claro en la información de velocidad generando en las restricciones una progresión posible. En muchos casos el cartel de velocidad máxima debería estar sobre ambas manos para que sea visto por los conductores que están realizando sobrepasos”, informaron desde el Cesvi. Así, la correcta y progresiva señalización de los radares evitaría que los conductores realicen maniobras bruscas para aminorar la marcha.
Según Silveira, “es importante que las autoridades no transformen los radares en un elemento de recaudación, evitando los radares caza bobos o ubicados en lugares elegidos adrede donde el conductor es sobre exigido por un cambio brusco de velocidad máxima y, por ende, muy proclive a fallar”.

En este aspecto, desde la Secretaría comentaron que “todo depende del tipo de infraestructura vial con la que se cuenta; por ejemplo, para evitar el efecto canguro (aceleración posterior al radar) se recomienda el control de la velocidad promedio. Esto permite en tramos viales extensos (especialmente autopistas) controlar que de un punto A a un punto B los conductores circulen en todo el tramo sin exceder el límite de velocidad y, consecuentemente, evitar el efecto mencionado”.
Para consultar la ubicación de las cámaras de infracción que se encuentran en la CABA pueden verse en Data Buenos Aires. Y en cuanto al mantenimiento de los equipos cinemómetros de la ciudad “lo realizan las empresas contratistas Cecaitra y NEC y se hacen calibraciones periódicas anuales que son verificadas por el INTI”, aportaron desde la Secretaría.
En definitiva, “la finalidad de los radares o cámaras debe ser educar al conductor, obligándolo a cumplir con los máximos de velocidad y así salvar vidas y nunca la de recaudar, porque es nefasto cuando se genera la sensación de que lo que se busca es sacar plata y no prevenir siniestros”, explicó Silveira. Y concluyó: “Las cámaras y radares deben ser ubicadas en forma aleatoria, de modo que ningún conductor sepa de antemano dónde y cuándo va a ser controlado. Pero en muchos países existe la obligación legal de anunciarlos, con lo cual disminuye su eficacia, que queda limitada al lugar donde está instalado el radar”.
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