El Renegade Sport tiene un corte más urbano, pero mantiene la impronta de la marca que es sinónimo de off-road; con motor 1,8, esta versión de entrada de gama cuenta con tracción delantera
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Cuando se nombra Jeep instantáneamente viene a la mente la imagen de aquellos viejos vehículos de uso militar que se mostraban casi indestructibles en el campo de batalla. De ahí que cuando el público en general vio las prestaciones de estos móviles comenzó a darles un uso más ligado con el esparcimiento, especialmente para incursionar en terrenos a los que ningún otro vehículo podía atreverse. Claro que, con el tiempo, la marca fue evolucionando y creando modelos, pero que tenían como denominador común el mantener ese ADN original que lo muestra como sinónimo de aventura y diversión.
Ese espíritu original está presente en el nuevo Renegade, el primer SUV compacto de la marca, que fabricado en Brasil llega a nuestro mercado para competir nada menos que contra modelos fuertemente instalados, como el Ford EcoSport y el Renault Duster, y otros que también gozan de las preferencias de los argentinos, como el Chevrolet Tracker, el Honda HR-V y el recientemente lanzado Peugeot 2008. Está presente especialmente en las versiones más altas Sport Plus y Latitude, mientras que en la de arranque, Sport (que probamos), tiene un perfil más urbano y dirigido al uso cotidiano.
En cuanto a las medidas, el Renegade Sport está dentro de los estándares del segmento, con 4,23 m de largo, 1,8 m de ancho, 1,67 de alto y una generosa distancia entre ejes de 2,57 m. También están acordes con el rango la capacidad off -road, con un despeje de 20,7 cm y ángulos de entrada y salida de 18° y 30°, respectivamente.
Voluminoso y robusto, la estética muestra claramente el ADN de la marca. Con una parrilla que lleva las siete barras verticales clásicas de Jeep y que son un claro homenaje al viejo y querido Willys (el primer vehículo de quien esto escribe fue, precisamente, un Willys 1946), un capot alto, los clásicos faros redondos y un paragolpes también fornido que lleva los antinieblas, es claramente un Jeep se lo vea por donde se lo vea. Lo confirman también los guardabarros voluminosos y la silueta más bien cuadrada que son una marca registrada del pionero de los todoterreno. A todo esto lo acompañan muy bien las llantas de aleación de 16" de logrado diseño y unos faros traseros en forma de X que buscan homenajear al símbolo que tenían estampado los viejos tanques de nafta externos del modelo de uso militar.

En el interior lo primero que se destaca son las terminaciones, no sólo en lo que hace a la calidad de los materiales utilizados (plásticos, telas, metal y demás), sino también en la prolijidad y correcto uso de los apliques. También lo hacen la consola central en la que se destaca una pantalla táctil de 5" y un tablero muy completo con display de 3,5" en la que se maneja la computadora de viaje. Un equipamiento completo (con central multimedia, climatizador, entradas USB, control crucero y demás), lo hacen destacarse en el segmento.
La posición de manejo elevada –como en todos los SUV– es muy confortable y es fácil encontrar el punto justo gracias a que el volante se regula tanto en altura como en profundidad y las butacas (cómodas y de buena sujección) también se pueden adaptar en múltiples posiciones. La visibilidad también es muy buena, especialmente hacia adelante, y eso pese a lo voluminoso de los parantes.
El espacio interior abunda y se destaca la comodidad de las plazas traseras, donde dos adultos fornidos viajan con absoluta comodidad. La capacidad del baúl es correcta, con 260 L, que se quintuplica cuando se rebaten los asientos traseros hasta llegar a los 1300.
El equipamiento de seguridad es de los más completos del segmento, con doble airbag frontal, frenos con ABS, EBD y asistente de frenado de emergencia, control de estabilidad, asistente de ascenso en pendiente, control de balanceo de tráiler, sistema de mitigación de rolido, control de tracción automático, cinturones inerciales de tres puntos en las cinco plazas, anclajes Isofix y sensores de estacionamiento traseros. Como se ve, nada mal.
El motor es un viejo conocido. Se trata del E.torQ 1.8 naftero de 130 CV a 5250 rpm con un par de 18,9 kgm a 3750 rpm ya probado en el Fiat Línea, que ofrece prestaciones correctas: acelera de 0 a 100 km/h en 11,5 s, alcanza una velocidad de 179 km/h y recupera de 80 a 120 km/h en 13,51 s en cuarta y en 20,2 s en quinta.

A este impulsor lo acompaña una caja manual de cinco velocidades. Y aquí hay un punto a mejorar, ya que si bien en ciudad muestra un comportamiento correcto –pese a ser un poco lento en la salida debido al acelerador electrónico–, en ruta viaja bastante pasado de vueltas. Lo comprueban los números: 3250 rpm a 120 km/h. De ahí que una sexta no le vendría nada mal.
Con suspensión independiente tipo McPherson en el eje delantero y multilink atrás, el andar es muy confortable tanto en pavimento como en el empedrado, mientras que en ruta se muestra aplomado, con buen agarre y estabilidad.
El Renegade Sport se vende a $ 418.950, con garantía de 3 años o 100.000 km, un precio que se ubica por arriba de las versiones full de sus competidores, pero que seguramente no influirá en los amantes de una marca que es leyenda.








