Agatha Christie: la autora best seller que hizo irrumpir la pesadilla del crimen en mundos de apariencia idílica
Los 50 años de la muerte de la escritora más vendida del mundo después de la Biblia y Shakespeare llegan con la reedición de su obra, una autobiografía hasta ahora inédita en el país y un estreno en Netflix
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“Soy todavía aquella niña formal con tirabuzones. La casa en que habita el espíritu crece, surgen en ella instintos, gustos, emociones y capacidades intelectuales, pero yo, la verdadera Agatha, soy la misma. No me conozco totalmente; solo Dios conoce así. Todas nosotras: la pequeña Agatha Miller, la Agatha Miller adulta, Agatha Christie y Agatha Mallowan recorremos nuestro camino... ¿hacia dónde? Como no se sabe, la vida resulta más interesante. Siempre me lo ha parecido así”, razonaba Agatha Christie, la autora de novelas policiales más famosa del mundo, en sus memorias escritas diez años antes de su muerte (por causas naturales, a los 85 años, el 12 de enero de 1976), de la que hoy se conmemora el 50° aniversario. Por pedido expreso de la escritora, Autobiografía se publicó un año después de su muerte, en 1977.
Había nacido el 15 de septiembre de 1890 en Torquay, Inglaterra, de padre norteamericano (y carácter complaciente, según su hija, que lo adoraba) y madre británica, con el nombre de Agatha Miller. En 1914 se casó con el coronel Archibald Christie, con quien tuvo una hija, Rosalind, y del que se divorció en 1928. Luego contrajo matrimonio con el arquéologo Max Mallowan, quince años menor que ella; “Un arqueólogo es el mejor marido que puede tener una mujer; cuanto más vieja se hace, más interesado está en ella”, bromeó. No solo en la esfera privada la escritora trascendió con humor el código moral victoriano en el que había sido educada y del que conservó el gusto por lo misterioso y lo interesante.

Incluso aquellos que jamás abrieron una de sus 66 novelas policiales saben quién es “La Reina del Crimen”, “La Dama del Misterio” y “La Duquesa de la Muerte”, a quien la reina Isabel designó Dama Comendadora de la Orden del Imperio Británico. Legó al menos dos personajes a la galería de la literatura universal: el detective Hércules Poirot (“Sería un hombre pequeño con un gran nombre: Hércules”, afirmó) y la venerable Miss Marple. “No es un personaje cruel, simplemente no confía en los demás; aunque siempre espera lo peor, acepta con amabilidad a la gente sea como sea”, la describió. Con el seudónimo de Mary Westmacott firmó algunas novelas románticas.
En 1920, pudo publicar su primera novela, El misterioso caso de Styles, protagonizada por Poirot, su “invención belga”, mientras trabajaba como enfermera al cuidado de soldados heridos en la Primera Guerra Mundial. Como advertiría años después, por la alegría que sintió no le pudo prestar atención a las abusivas cláusulas del contrato que la obligaban a ofrecer a la editorial The Bodley Head los cinco libros siguientes.
Christie publicaría a razón de un libro por año y se convertiría en la escritora de mayor éxito en ventas. “Los argumentos vienen a mí en momentos extraños, cuando estoy caminando por la calle o en una tienda de sombreros. De pronto, una espléndida idea me viene a la mente”, contó; para anotarlas, siempre tenía a mano una libreta. Cuando trabajaba en El misterio del tren azul, novela que consideró fallida, supo que dejaba de ser una escritora aficionada para convertirse en una profesional. “Asumí todas las cargas de una profesión como la de escritor, en la que tienes que escribir aunque no te guste lo que haces y aunque no esté demasiado bien escrito”, confesó. Y durante la Segunda Guerra Mundial, escribió una novela para cada uno de sus seres amados: Mallowan y Rosalind. “Lo hice pensando en que quizá moriría en los bombardeos, lo cual era muy probable teniendo en cuenta que trabajaba en Londres”, admitió.

“Empecé a leer a Agatha Christie cuando estaba en la primaria, porque mis padres tenían decenas de sus libros, en aquellas ediciones de Editorial El Molino que todavía se encuentran en las librerías de viejo -cuenta el escritor y académico Pablo De Santis a LA NACION-. Me resultaban perturbadoras las portadas hiperrealistas de Tom Adams con una vieja muñeca de porcelana sin un ojo, fotografías rotas, un cadáver con un ojo de cristal, que retrataban algún elemento siniestro de la novela. Esas portadas acertaban con el secreto de Agatha Christie: en un mundo en apariencia luminoso y ordenado, irrumpían el crimen y la pesadilla. La poesía y las canciones de infancia tenían un valor oscuro en sus novelas, como ocurre en Diez indiecitos [este título, también traducido como Diez negritos, por decisión de los herederos de la autora, se cambió a Y no quedó ninguno] o en Tres ratones ciegos. Se habla mucho en sus novelas de poesía: aparecen versos de Shakespeare, de Alfred Tennyson, inclusive de su contemporáneo T. S. Eliot”.
Para De Santis, muchas de las novelas de Christie -que también escribió colecciones de cuentos- son obras maestras del género. “Como las muy conocidas El asesinato de Roger Ackroyd, Muerte en el Nilo, Asesinato en el Orient Express -indica-. Pero hay otras que también son geniales: Después del funeral, Maldad bajo el sol, Se anuncia un asesinato, Muerte en la Mesopotamia, El caso de los anónimos, Las manzanas, que dio origen a la última película de Kenneth Branagh, Cacería en Venecia, o la extrañísima Némesis, continuación de Muerte en el Caribe. También es muy rara El cuadro, cuyo argumento tanto se parece a la primera temporada de True Detective”.
De Santis señala que hubo dos cambios en la obra de Christie. “El primero es que siempre evitó que las víctimas fueran niños o adolescentes, pero luego, al filo de los años sesenta, faltó a esta regla, como se puede ver en Las manzanas o en El templete de Nasse House -dice-. Eso la llevó a enfrentarse con el mal en estado puro. La segunda es que en los últimos años de su vida tuvo preferencia por los ‘crímenes dormidos’, es decir, asesinatos cometidos mucho antes del inicio la investigación. Así ocurre en Un crimen dormido, La puerta del destino y la extraordinaria Telón, donde Poirot se despide. La autora ya era mayor, y el género policial se había convertido para ella en una meditación sobre el pasado. Algunos clásicos tienen un extraordinario poder metafórico. Diez indiecitos no es solo una novela policial: es una especie de novela existencialista donde el paso del tiempo, y sus irreparables pérdidas, está representado en esa isla siniestra y en esos indiecitos que desaparecen”.
“Hace unos años volví a leer Diez negritos y sentí el impulso irrefrenable de terminar para saber quién es el asesino -dice la escritora María Inés Krimer-. El recurso de la canción infantil volvió a funcionar como si fuera la primera vez. No es una casualidad que la Christie, con 66 novelas en su haber, además de cuentos y obras de teatro, sea la autora más vendida después de la Biblia y Shakespeare. Christie no arrancó con el pie derecho, su primera novela fue rechazada y la segunda dio vueltas por varias editoriales por considerarla demasiado ingeniosa. Pero a esta altura ella había leído muy bien a Wilkie Collins, a todo Arthur Conan Doyle, y a su detective Sherlock Holmes, y sabía muy bien lo que hay que hacer para construir una obra. Más allá del paso del tiempo y de las innovaciones tecnológicas que complejizan el género, hay algo que se conserva intacto: la novela policial es el último refugio de la trama. Los lectores, agradecidos”.

Entre febrero y marzo, el sello Booket del Grupo Planeta publicará los diez títulos más vendidos de la autora, muchos de ellos adaptados al cine. Llegarán a librerías Y no quedó ninguno (ex Diez negritos), Asesinato en el Orient Express (“Toda mi vida había soñado con viajar en ese tren”, reveló la autora), Muerte en el Nilo, Cinco cerditos, Tercera muchacha, El misterioso caso de Styles, la genial La casa torcida, El asesinato de Roger Ackroyd, Muerte en la vicaría (la primera novela en la que aparece Miss Marple) y Cianuro espumoso, acaso uno de los favoritos de Yiya Murano, lectora de Christie si se le cree a la serie sobre la asesina correntina (el personaje interpretado por Julieta Zylberberg lee Peligro inminente mientras elucubra sus crímenes).
También en febrero, en el sello Espasa, se publicarán por primera vez en la Argentina las memorias de la autora. “Creemos que Autobiografía puede atraer lectores fanáticos de la autora y también es una entrada a su vida -dice Paula Acuña Galasso, editora de Booket-. Allí encontrarán detalles de su vida, sus viajes y curiosidades de su intimidad. Autobiografía y los diez más vendidos tienen por objetivo estar en librerías en un año donde se conmemoran los 50 años del fallecimiento de Christie”. Está previsto en el país el lanzamiento de Agatha Christie Detective Club. The Official Puzzle Book, de Gareth Moore y Laura Jayne Ayres, para chicos y adolescentes con ánimo detectivesco, lanzado en el Reino Unido en 2025.

En la plataforma Netflix, que no se la iba a perder, el jueves se estrenará la miniserie Agatha Christie: Las siete esferas (basada en la novela El misterio de las siete esferas), con dirección de Chris Sweeney y protagonizada por los muy británicos Mia McKenna-Bruce, Helena Bonham Carter y Martin Freeman. El director Jonathan Entwistle trabaja en una adaptación al cine de la novela Noche eterna.
La literatura de Christie fue llevada al cine, con mayor o menor suerte, en varias ocasiones por directores de la talla de Billy Wilder, René Clair, Guy Hamilton, Gilles Paquet-Brenner y Alan Gibson, entre otros. En Agatha, el director Michael Apted ficcionalizó el caso de desaparición de la escritora (interpretada por Vanessa Redgrave) por once días; si bien ella alegó un episodio de amnesia, algunos investigadores refirieron que se convirtió en protagonista de un misterio tras enterarse de la infidelidad de su primer esposo, de quien conservó el apellido que la hizo archifamosa.







