Cartón Pintado, el artista de la Villa 31 que expone en una galería de Palermo
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Creció en la Villa 31, en un hogar al cuidado de su madre costurera, nacida en Bolivia, y de sus hermanas. Es el único varón de la familia y después de la escuela secundaria estudió moda y curso en talleres de arte, donde le aconsejaron que se dedicara a dibujar. Mariano Altamirano nació en Buenos Aires en 1988, vive y trabaja en la Villa 31 y acaba de inaugurar su primera exposición en Quimera, una galería de arte de Palermo. Además de pintar sobre cartones que encuentra en la calle, compone canciones de amor con la guitarra, canta y baila.

Fan de Quinquela
Como bailarín, participó en una de las atrevidas performances de Osías Yanov, que fue el primero en comprar dos de sus obras, pequeños caniches sobre tela. En varias de sus pinturas, mascotas y animales salvajes conviven con criaturas mitológicas y humanos enmascarados. "Vivo en la 31 con mi madre, mis dos gatos y un perro", cuenta. En la galería se exhibe un delicado retrato de su madre, de aire berniano, junto a una máquina de coser. "Mi artista argentino favorito es Benito Quinquela Martín", revela. "Siempre lo amé. Uno de los primeros museos a los que fui era el de él, en La Boca. Iba cada diez días".

Desde su casa en la Villa 31, Cartón Pintado (un alias de Altamirano) trasladó dieciséis obras enormes a una galería de Palermo. Al cuidado del dúo de artistas Caterine Ful Lov, que conforman Nina Kovensky y Lucía Reissig, se expone en Quimera una selección de pinturas con técnica mixta sobre cartones de gran formato. "Soy fan de la música de La Piba Berreta y una tarde la invité a casa; se quedó a dormir y al día siguiente le mostré todos los cartones pintados. Ella me presentó a Nina [Kovensky]".
Caterine Ful Love es un proyecto que une arte y catering de comida vegana en eventos y acciones sociales. Reissig y Kovensky organizaron ollas populares durante el crudo invierno de 2019 y también una comida fría en la muestra de Ad Minoliti en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. "Tenemos que hacer una muestra con tus cartones", le propusieron a Altamirano y se comunicaron con Gabriel Bitterman, de la galería Quimera. ¿Qué expectativas tienen las jóvenes curadoras con la muestra Cartón Pintado por Cartón Pintado? "Primero, que se publique una nota en LA NACION, y segundo, que se venda mucho", bromea Kovensky, reconocida en el Barrio Joven de arteBA en 2018. Reissig agrega: "Nos gustaría que mucha gente conozca su obra, que es tan hermosa".

Mitologías anfibias
Durante 2019, Cartón Pintado participó de muestras colectivas en el Centro Cultural Haroldo Conti y en Alpha Centauri. Y este año y el que viene volverá a transitar territorio quinqueliano como integrante de una residencia artística de dos años en Munar, en La Boca, junto con otros cinco artistas jóvenes. Allí tendrá, por primera vez, un taller propio. "Hasta ahora, hice todas las obras encerrado en mi habitación", dice. "Mi familia está muy emocionada con la muestra –agrega–. Mi madre siempre tuvo que trabajar como personal doméstico y como costurera, y al principio no le prestaba mucha atención a lo que hacía yo, hasta que en un momento, cuando ya iba por el décimo cartón pintado, se dio cuenta de que lo mío iba por ese lado".
Altamirano trabaja en una oficina del Registro Nacional de las Personas (Renaper) que se abrió hace tres años en la Villa 31, seis horas diarias. Después de ver las pinturas, sus compañeros lo alentaron a participar de concursos nacionales, donde obtuvo menciones. Son retratos de gran formato, realizados en técnica mixta, con varias capas de óleo y apliques de látex, polvos y elementos de su vida cotidiana como dorsos de sachets de leche (que remedan guantes negros), anillos y recortes de cajas de papelillos dispuestos como bisutería en los atuendos de seres fabulosos. Muchos personajes de sus obras parecen seres de una mitología antigua y a la vez ultramoderna, anfibia y sensual. Cuando vio sus obras, Marcia Schvartz (otra artista con la que el trabajo de Cartón Pintado guarda estrecha relación) le dijo que era "un pintorazo".

"Mucho tiempo negué que quería ser artista –dice Altamirano–. Ahora mi idea es seguir formándome". Según él, las imágenes expresan sus vivencias en la Villa 31. "Desde chico, hubo muchas carencias en mi casa, como ser parte de una familia sin padre, y dificultades del entorno que fui naturalizando. Eso lo veo también en mis vecinos, en el hecho de que viven al día, para sobrevivir. La pintura me dio fuerzas para seguir".
Para agendar
Cartón Pintado por Cartón Pintadoen Quimera (Güemes 4474) se puede visitar de martes a viernes, de 15 a 20, hasta el 26 de marzo, con entrada libre y gratuita.
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