Memoria natural, memoria política y memoria personal: distintas formas de reconstruir el pasado
Diversas novedades editoriales exploran el recuerdo con diferentes perspectivas; este sábado se presenta “Hubo una vez un patio”, de los hermanos Ana Julia y Martín Bonetto, en la librería Naesqui
9 minutos de lectura'
La producción editorial del primer cuatrimestre de 2026 pone en evidencia un marcado interés por la reconstrucción del pasado. La conmemoración de los 50 años del golpe militar brinda la motivación ideal para la publicación de una serie de libros que indagan en los hechos ocurridos durante la última dictadura, pero la tendencia se expande también hacia otras formas de memoria como pueden ser los recuerdos de los espacios naturales o la indagación de la genealogía personal. El lanzamiento de este corpus de novedades coincide con el inicio de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y presenta un abanico de obras que van desde la narrativa pura hasta el registro visual pasando por la crónica documental, todas vinculadas por el ejercicio de recuperar lo que el tiempo o la violencia fueron erosionando.
Esta nueva edición de la Feria del Libro se desarrollará desde el 23 de abril hasta el 11 de mayo en La Rural y tendrá, por primera vez, un discurso inaugural en forma de diálogo entre tres autoras: Leila Guerriero, Gabriela Cabezón Cámara y Selva Almada. El intercambio sobre el estado del libro, la lectura y el rol del escritor en el contexto actual está programado para el 23 de abril, a las 18, con la moderación de la periodista María O’Donnell.
Memoria natural
Además de su participación en el diálogo inaugural, Selva Almada llega a la feria para presentar su nueva novela titulada Una casa sola (Random House, $32.999). La autora entrerriana, que alcanzó proyección global con No es un río y El viento que arrasa propone ahora un original desplazamiento del punto de vista narrativo. Esta vez, el relato se encuentra a cargo de una casa perdida en el monte: recuerdos sueltos, fragmentarios pero también extremadamente concretos. En este punto es donde la perspectiva ambiental de la casa produce un calce perfecto con la sensibilidad descriptiva de Almada y con la importancia que los entornos naturales tienen en su obra y sobre sus personajes.
“Mientras avanzaba en la escritura, me di cuenta de que aparecía otra voz, que, a veces ya no era la de ese narrador que sí empezaba a parecerse cada vez a una primera persona. Probé ir por ahí y me gustó cómo sonaba, cómo empezaba a funcionar”, explicaba en una entrevista reciente con LA NACION.

Sin reducirse a la conciencia objetual que Virginia Woolf le atribuye a la casa de verano de Al faro (1927) o al encuadre estático y transhistórico que Robert Zemeckis utiliza en su película Aquí (2024), el punto de vista que propone la escritora se parece más a un devenir-casa: una fusión, un encuentro entre humanidad y objetualidad. En este cruce, la memoria histórica aparece en forma fragmentaria y caótica. El recuerdo de la casa va y viene en el tiempo, retiene detalles caprichosos que le llaman la atención pero, a menudo, queda ajena a los comienzos y finales de las historias que la atraviesan. Eso sucede, por ejemplo, con la familia Lucero, cuyos integrantes desaparecen de un día para otro sin motivo aparente. O esa chica que un día descubre que tiene poderes de curación. O el excombatiente de Malvinas que vuelve sin piernas ni ganas de seguir viviendo. De todos ellos es testigo la casa, que va formando una memoria que no pretende síntesis ni interpretaciones, sino que solo responde a la contingencia de lo que va sucediendo entre sus cuatro paredes.

En esta misma línea, se inscribe Diario de las flores del mar, de Larisa Cumin (Bosque Energético, $26.900). Como si fuera la contracara del libro de Selva Almada, la autora indaga en su vida y su escritura, las cuales se van transformando a través de su contacto con la naturaleza: “El tiempo de las plantas es lento para la simple percepción humana, un tiempo que sucede cuando no estás mirando. Cuando estoy con las plantas pienso en otras cosas, en otras personas que no soy yo, en sus vínculos con las plantas, en sus vínculos conmigo, o no pienso en nada.” De este modo, las ambiciones de una memoria y un relato biográfico se van despojando de la urgencia del yo, para encontrar su verdadera forma en la quietud y el tiempo paciente de lo vivo.
Memoria personal
En el caso de Lila Bendersky la búsqueda es completamente opuesta. Luego de vivir más de 30 años con un relato identitario formado por las historias provenientes de su círculo familiar, la autora decide introducirse en una investigación minuciosa que le permita reescribir su propia historia. De allí nace Un cactus en el medio (Vinilo Editora, $20.000). El libro circula recurrentemente sobre el vacío que deja una ausencia: la de Florencia, la hermana de la autora que murió a los siete años, antes de que Lila naciera. “Soy la hija que vino después de una tragedia. De un caos impronunciable. ¿Qué padres me tocaron? ¿Qué hacemos los hijos con el dolor de nuestros padres? ¿Quién sostiene el dolor de una familia?”, se pregunta la autora, como motor de una investigación que llevó adelante durante cuatro años. En ese proceso, Bendersky puso en juego no solo las recursos periodísticos que adquirió en su profesión sino también una capacidad para hilvanar un relato que pone en evidencia los resortes de la memoria.

Por momentos, los testimonios se contradicen porque cada uno evoca las cosas de una manera distinta. En otros casos, los recuerdos son minuciosos, fotográficos. En el caso del padre, la memoria resulta inaccesible, por el tamaño de su dolor. En la búsqueda de Bendersky hay un claro intento por comprender una historia personal y familiar pero también por recuperar lo perdido en el silencio de sus padres. La cantidad de datos minuciosos y aparentemente insignificantes que la autora va registrando a lo largo del libro parecen responder menos a reglas de la crónica que a una necesidad de hacerse de un reservorio de recuerdos: “Quería recuperar un pedazo del tejido familiar, pero no dimensioné todo lo que me iba a pasar a mí y a las personas que me dieron su testimonio. No solo narro un episodio que ocurrió en mi familia, sino una tragedia que tocó fibras muy sensibles de la comunidad de amigos que rodeaba a mis padres.”, cuenta la autora a LA NACION.
Memoria política
Por un camino similar, transita Hubo una vez un patio, de Ana Julia y Martín Bonetto (Planeta, $34.900), que se presenta en público este sábado en la librería Naesqui. Los autores son hermanos e hijos de padres desaparecidos en la última dictadura militar. El libro, sin embargo, no focaliza en los hechos políticos que llevaron a la desaparición de sus padres sino, justamente, en llenar ese vacío con el tuvieron que lidiar durante toda su vida.
Por eso, la propuesta que idearon los autores consistió en recopilar materiales que combinan lo narrativo con lo visual, configurando un montaje que, para ellos, representa el hogar familiar que nunca tuvieron. “El libro fue la excusa para sentarnos a armar ese ‘patio’ donde por fin pudimos estar los cuatro juntos. Fue un trabajo de arqueología familiar donde aparecieron cosas que habrían quedado guardadas para siempre, como los poemas de mi vieja o detalles cotidianos de mis padres, para mostrarlos como personas comunes, padres, amigos”, explica Martín Bonetto a LA NACION.

Ante el carácter inevitablemente fragmentario de los recuerdos de la infancia y la ausencia de los cuerpos, los autores plantean el libro no como una biografía convencional, sino como la creación de un espacio propio recuperado. Acerca de la repercusión del libro, Ana Julia Bonetto comenta: “Es un libro vivo, un libro que va mutando, porque desde que se publicó no paran de derramarse mensajes de gente nueva que los conoció y nos quiere contar más o seguir aportando detalles a lo que veníamos juntando en el libro. Y esto, para nosotros, es oro en polvo porque son como caricias de ellos que vuelven a través de estas voces.”
Dentro de la misma temática pero ya directamente desde la ficción, se encuentra La organización vence al tiempo (Fondo de Cultura Económica, $24.000), de Raquel Robles. Lejos de las narrativas épicas tradicionales, la autora construye una novela coral que se detiene en las microresistencias de la vida cotidiana en el encierro: los pequeños acuerdos para sobrevivir, la ternura compartida y la solidaridad como herramientas fundamentales para no perder la condición humana bajo la violencia y el hambre.
Por su parte, la editorial Corregidor refuerza su catálogo dedicado a la historia reciente con dos lanzamientos en marzo y abril. Por un lado, 1976-Crónica de un verano en sombras, de Ana Silvia Galán, ofrece un registro documental y literario sobre las vivencias de la represión clandestina en el interior del país, contado desde el punto de vista de una joven de 19 años. Y, por otro, Atravesando la noche, de Andrea Suárez Córica, en una edición ampliada que reúne 79 relatos oníricos, junto con nuevos testimonios, cartas y archivos descubiertos recientemente y que reafirman el carácter inacabado y en constante proceso de la memoria política argentina. Más que un simple ejercicio de revisión histórica, esta oleada de lanzamientos sugiere que, a 50 años del inicio de la dictadura, la memoria en Argentina ha dejado de ser un monumento estático para convertirse en un organismo vivo y profundamente cotidiano.
Al desplazar el foco de las grandes narrativas hacia lo que puede percibir una casa en el monte, el tiempo lento de las plantas o los fragmentos de un patio familiar recuperado, estos autores nos recuerdan que narrar el pasado es, en realidad, una forma de intervenir el presente. Y que mientras existan palabras para nombrar la ausencia, el tejido de nuestra historia seguirá latiendo y transformándose.
Para agendar
Hubo una vez un patio, de Ana Julia y Martín Bonetto, se presenta el sábado 18 de abril, a las 18.30, en la librería Naesqui, Charlone 1400. Además, el viernes 8 de mayo, a las 17.30, en la sala Ernesto Sabato de la Feria del Libro.
Diario de las flores, de Larisa Cumin, se presenta el sábado 18 de abril, a las 18.30, en Que Bonita Galeria, Jujuy 2659, Mar del Plata.
Un cactus en el medio, de Lila Bendersky, se presenta el viernes 24 de abril, a las 19, en la Feria del Libro, stand de Big Sur, Pabellon Amarillo.
Una casa sola, de Selva Almada, se presenta el viernes 8 de mayo, a las 19, en la Feria del Libro, Sala Carlos Gorostiza.
Otras noticias de Arte y Cultura
La gran “travesía” del Moderno. De la primera muestra flotante a la conquista de la escena internacional
Historia y patrimonio. Cinco recorridos para celebrar el Día de los Monumentos, de la Plaza de Mayo a la casa de San Martín en Yapeyú
"Usted es un gran gaucho". Juan Carlos Dávalos y Ricardo Güiraldes, una amistad sellada en un camino polvoriento
1Premiaron en Estados Unidos el libro de poemas “Teoría de la voz y el sueño”, de Liliana Ponce
- 2
A los 82 años, murió el británico Ian Watson, “gran maestro” de la ciencia ficción
3Quién es Nelio Biedermann, el joven de 22 años que ya comparan con Thomas Mann
4Cine York: el renacimiento de una mítica sala de barrio en plena crisis de la industria




