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Como consecuencia de un derrame cerebral que lo indujo a un estado de coma farmacológico, durante su internación de tres semanas en la sala de terapia intensiva del Sanatorio Anchorena, falleció anoche, el gran maestro danés Bent Larsen, de 75 años. Mañana será enterrado en un cementerio privado de Olivos, en una ceremonia íntima de sus familiares y allegados.
Desde 1982, una de las máximas leyendas del ajedrez de Occidente, había elegido a la Argentina como lugar para levantar su última morada. Ese año, tras participar en el torneo internacional Ciudad de Mar del Plata, el experto ajedrecista ejecutó el bizarro enroque en el que trocó piezas por casa y damas por esposa; formó pareja con Laura, una abogada argentina, un amor fulminante de sólo una semana que bastó para permanecer unidos en matrimonio los últimos 28 años. Vivían juntos en una pequeña vivienda en la ciudad de Martínez, un punto en el norte de Gran Buenos Aires,
Larsen había nacido en Tilsted (Dinamarca), el 4 de marzo de 1935, pero su crianza e infancia transcurrió en la ciudad de Holstepro; allí a los 6 años descubrió el ajedrez. A los 12 comenzó a pulir sus rudimentos en un club de ajedrez y siete años después se consagró maestro internacional. A los 21, alcanzó el título de campeón de su país y el título de gran maestro tras su brillante actuación en la Olimpíada de Moscú (1956). Allí defendiendo el primer tablero del equipo de Dinamarca sumó 14 puntos sobre 18 posibles. En 1958, a los 23, llegó por primera vez a la Argentina y como una señal del destino, su debut triunfal fue la conquista del Magistral Ciudad de Mar del Plata.
Su máximo esplendor junto al tablero se produjo durante las décadas de 1960 y 1970 cuando su ranking Elo, lo ubicó entre los 3 mejores jugadores del mundo. Larsen fue el único ajedrecista Occidental que logró tener score favorable contra la mayoría de los campeones mundiales soviéticos, superando en más de una ocasión a Botwinnik, Smyslov, Petrosian, Tal, Spassky y Karpov. También sumó victorias ante Bobby Fischer. Además entre sus extraños records con el ajedrez su nombre figura como el del primer gran maestro vencido por una computadora (Deep Thought, en Long Beach 1988) y en su última participación en un magistral (Ruibal) en la Argentina, en 2008, finalizó último con 0 puntos luego de nueve ruedas.
"El ajedrez a veces es una comedia. Aunque parezca extraño no ganar ninguna partida, no creo que sea tan raro, me ha ocurrido en otras ocasiones, como en Habana en el 67 donde tuve varias veces a punto de perder y sin embargo no perdía. Aquí me sucedió lo contrario", contó a La Nación el gran maestro con su particular ironía con la que escondía su enorme timidez.
Con más de 5000 partidas disputadas a lo largo de su dilatada carrera, con seis campeonato nacionales en Dinamarca, con un 4° puesto en el Mundial Juvenil de Birmingham (1951) y 5° en Copenhague (1953), los primeros puestos en: Wijk Aan Zee (1960 y 1961), Torneo IBM en Amsterdam (1964), La Habana (1967), Winnipeg (1967), Mónaco (1968), Lugano (1970), Las Palmas (1972), Manila (1973) y muchos más.
También se adjudicó los torneos Interzonales –clasificatorios para el campeonato mundial- de Amsterdam (1964), Sousse (1967)y Biel (1976). Disputó cuatro matches del Ciclo Candidatura: En 1965, cayó en semifinal ante Tal; en 1968, perdió la semifinal con Boris Spassky, en 1971, fue vencido por Bobby Fischer y en 1977, en Cuartos de final fue derrotado por Lajos Portisch.
También realizó aportes a la literatura del ajedrez:
Larsen´s Selected Games. Esta obra, en su traducción al castellano fue mejorada con un mayor número de partidas y editada bajo un nuevo título: Yo juego a ganar.
Otros libros: Santa Mónica 1966, Spassky vs. Fischer 1972. Bent Larsen´s Good Move Guide, Teoría y práctica en los juegos abiertos, entre muchas más. La última publicación fue realizada en España bajo el título: "Mis selectas 100 partidas".
En 2004, en su casa en Martínez charló con La Nación, consultado sobre las razones de la pasión que el ajedrez despierta entre los hombres, el veterano maestro, con voz grave y una pequeña mueca de complicidad, contó:
"El ajedrez es una hermosa amante a la que volvemos una y otra vez sin que importen las muchas veces que nos rechace".



