Ángel de tu soledad

Román Iucht
Román Iucht MEDIO:
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9 de noviembre de 2010  • 10:31

Como una mezcla caprichosa entre lo casual y lo cabalístico, la tan temida fecha trece marcó el final de la sociedad entre Ríver y Angel Cappa. Un proyecto pensado para ser desarrollado en un año como mínimo, se interrumpió al cabo de cuatro meses, producto de algunas razones que van un poco más allá de los resultados.

Passarella sabía del costo que podía significar cualquier resultado ante Boca y actuó en consecuencia. Un traspié en el clásico hubiera desembocado en la salida del ahora ex entrenador millonario, pero con Boca como principal trampolín para eyectar del cargo al técnico. Un triunfo implicaba darle crédito y aire a un trabajo que desde hace algunas semanas ya era mirado con cierta desconfianza. La ecuación al Kaiser, no le cerraba por ningún lado y el final tenía una única salida.

Los puntos perdidos ante Quilmes, Gimnasia y All Boys, que son los que hoy más le interesan al pueblo de Nuñez, ayudaron para dejar de pensar en un futuro condicional que proyectaría a Ríver fuera de la zona de Promoción con un par de buenos resultados, para analizar éste presente concreto que lo inquieta, mostrándole que aún sigue en la zona más incómoda de los promedios.

Sin embargo, el fin del ciclo de Cappa tiene otras aristas que merecen algún comentario.

La primera inquietud que se impone es, si era éste Ángel o en realidad no era el otro. Dicho de otro modo: solo Passarella sabe si buscó a Cappa por sus pergaminos o solo para evitar a Ramón. El riojano era el candidato mayoritario, pero su autonomía lo hubiera ubicado claramente en el primer lugar de la escena. Cappa fue una apuesta del presidente y si salía bien, igual que ahora que decidió interrumpir el vínculo, la responsabilidad le cabía con exclusividad.

Desde lo futbolístico, las inquietudes son varias, pero sobre todas las cosas la puesta en vigencia de un viejo debate dentro del fútbol. ¿Debe el entrenador imponer sus ideas, más allá de las características de los jugadores?

En Huracán con un plantel más corto que el que tenía en Ríver, pero con algunos apellidos de calidad excelsa como Pastore, Bolatti, Defederico o Goltz, Cappa logró convencer a sus jugadores para jugar a su estilo. Llegó con una idea con la que convenció a sus muchachos y además se encontró con la materia prima para ponerla en práctica.

En Ríver quiso volver a aplicar la fórmula, pero el resultado ya no fue el mismo. La naturaleza de los jugadores millonarios impone un juego más vertical, sin tanta paciencia para el toque lateral cadencioso esperando encontrar algún espacio. La falta de convencimiento del grupo ante la prédica de su líder, la escasa preparación física como un elemento despreciado por el técnico y los constantes cambios, especialmente en la mitad de la cancha, desperfilaron a un equipo que nunca en todo el campeonato jugó realmente bien y que en las últimas fechas se fue en fade como un sonido que se debilita con el paso del tiempo.

La crispación permanente ante algunos fallos arbitrales, impropios de un conductor, más cierto autismo comunicacional que va desde el presidente hasta el entrenador, terminaron por armar un combo con resultados deficientes.

Los jugadores por último, tienen lo suyo. La conformación de un plantel en el que salvo Carrizo, Almeyda y Pavone ninguno fue capaz de hacer diferencias visibles y que ya se cargó a dos entrenadores desde el comienzo del post-aguilarismo, invita a involucrarlos a la hora de repartir las responsabilidades. En un plantel en el que no hay gran diferencia en la jerarquía entre titulares y suplentes en la mayoría de los puestos, la rotación permanente tuvo que ver con las dudas del técnico tanto como con su propia irregularidad.

Ahora Gallego parece ser el nombre elegido para la sucesión. El "Tolo" es un hombre de la casa y más allá de su distanciamiento con el presidente, su deseo de revancha luego de su traumática salida de Independiente y sus probados conocimientos lo posicionan en el primer lugar en la grilla de largada.

Todavía hay margen, pero el momento es delicado. Hace un tiempo excesivamente largo, Ríver dejó de ser un grato nombre.

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