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SANTIAGO DEL ESTERO.- "De la Argentina me gusta todo y a mi señora le encanta también. Siempre veniamos de paseo, casi todos los años, a visitar amigos", dice Flor Meléndez, el técnico puertorriqueño que dirigió a nuestra selección nacional en el Mundial de 1986 y que tras pasar por varios equipos (Obras Sanitarias; Unión, de Santa Fe, e Independiente, de General Pico) hoy está de vuelta dirigiendo a Libertad, de Sunchales. "Mis cuatro hijos vivieron acá y una de mis hijas, Aixa, para su casamiento, me pidió que le regalara un viaje a la Argentina", aclara para dejar en claro que está en su segunda patria.
Su trayectoria internacional lo llevó a dirigir en varios países, incluyendo selecciones nacionales y por eso su visión del básquetbol autóctono no hay que desperdiciarla. Sabe mucho y tiene autoridad para hablar de la Liga Nacional y el basquetbol en general, incluyen el gran tema del recambio de la Generación Dorada, a la que vio jugar muchas veces en su país, en diferentes torneos.
"Estoy tratando se adaptarme a la Liga, está muy cambiada. Se juega diferente a cuando yo dirigía Independiente, a fines de los ’90. Es muy rudo y los árbitros dejar jugar mucho. Se puede agarrar y empujar, incluso al jugador que no tiene la pelota, como en ningún otro lado. Sólo en Venezuela puede encontrarse algo parecido. No hay juego límpio, existe mucho contacto. Yo le pregunto a los árbitros constantemente porque quiero adaptarme. Pero ese juego rudo hace que dominen los jugadores que tienen los pies en el piso y los habilidosos, que pueden hacer una penetración, van a desparecer. Jugando así no van a aparecer más los Ginóbili, esos jugadores de gran talento que podían desplegarlo en una cancha. El basquetbol internacional se juega sin agarrones y lo raro es que la Argentina tiene excelentes árbitros que son reconocidos internacionalmente y que cuando van a dirigir afuera no dejan jugar como acá. No lo puedo entender realmente. Yo se que las hinchadas empujan, pero así se va a perjudicar el desarrollo de los jugadores y se está viendo un básquet feo, muy fuerte.
Meléndez ya no teme que lo critiquen por decir esto, tiene espaldas para soportarlo y además todo su análisis fue hecho sin compromisos, sin pensar a quien le cae bien o mal en una ambiente sensible a las opiniones de extranjeros. "Otra cosa que me sorprendió fue el progreso de los entrenadores, hasta los màs jóvenes demuestran una gran capacidad. Saben mucho, preparan bien los partidos y son muy profesionales"
Pero a la hora de hablar de la estructura de la Liga, su discurso volvió a cambiar: "Esta Liga Nacional es la mejor de América, reconocida en cualquier parte del mundo, està solida, bien organizada, sólo le falta mejorar la infraestructura. En Puerto Rico pasó algo parecido hasta que el dirigente Tuto Marchand metió un decreto y dijo que el club que no tuviera un estadio para 5.000 personas y con aire acondicionado no podía seguir compitiendo. Lo que pasa es que allá los municipios apoyan, todos los estadios son de la ciudad; en cambio acá la política no ayuda a desarrollar el deporte. Es una pena porque el básquetbol es para la familia"
Sobre el recambio de la Generaciòn Dorada, también fue muy claro. "Veo que hay mucho material humano en la Argentina. Muchos jugadores con talento, pero hay que hacer un plan de trabajo con los jóvenes y dedicarles mucho tiempo, pero siempre sabiendo que repetir una camada de doce grandes jugadores no es fácil. Hay que tener paciencia. Le pasó a todos los países. No es fácil repetir tantos éxitos".
Y cerró la charla hablando de su Libertad y esa mala fortuna que lo acompañó en el arranque de la temporada con los lesionados. "La rotura del tendón de Aquiles del Gringo Pelussi nos desarmó. Perdimos al líder y un tremendo jugador. Después vino el desgarro de Juan Pablo Cantero y ahora Wolkowyski. Espero que la buena venga en los momentos decisivos."

