Mundial de básquet. Un mensaje de superación que no opacó la angustia del último acto

Fuente: Reuters
Diego Morini
(0)
15 de septiembre de 2019  • 23:59

PEKIN, China.- Se descubren en los pequeños gestos de qué está hecho este equipo argentino. Hasta el segundo final dejaron enseñanzas. No usaron el dolor como excusa y tampoco se permitieron ser incorrectos bajo los efectos de la angustia. La imagen final fue la del equipo en el podio con la medalla de plata en el pecho, y con Luis Scola y Sergio Hernández pidiendo que aplaudan a la gente y que sientan orgullo por lo realizado. Ninguno se corrió de esa idea, aun cuando Laprovittola, Campazzo o Vildoza estaban ahogados por las lágrimas. Siguieron al pie de la letra el manual de conducta de la selección argentina de básquetbol, que no está escrito, sino que es parte de su ADN.

Duele. En el aire se respira tristeza, pero no por no haber podido dominar nunca a un rival como España, sino porque la Argentina hizo tantas cosas realmente magníficas en este torneo y se le escapó por tan poco. De ninguna manera la caída por 95-75 va a desatar cuestionamientos, porque ellos dejaron la piel en la cancha. Porque incluso cuando no fue la mejor producción, ni negoció el esfuerzo ni terminó desbordado por la impotencia. Resultó conmovedor verlos ahí parados con el alma destrozada, pero fue una lección lo que sucedió un par de minutos después, cuando tomaron la palabra ante la prensa.

"Uno quiere empujar al equipo para que crea que es el mejor y que va a ganar todos los partidos. Y cuando lo lográs y te pasan cosas como éstas, crees que sos un desastre porque pensabas que ibas a ganar todos los partidos. Pero la realidad es que no hay nada por lo que estar triste. Nosotros éramos los más optimistas del mundo, pero no creo que nadie del equipo pensaba que íbamos a estar acá. Quizás lo pensó un solo loco... No hay que olvidarse de las cosas, poner todo en perspectiva, ver las cosas con claridad, porque es lo necesario". Las palabras de Luis Scola son contundentes. Es un líder, puede estar herido, pero no disimula para las cámaras. Él fue "ese loco" que creyó. Él también es el que les pidió a todos, antes de acudir a la premiación, que se sintieran plenos por lo que habían hecho. Que no debían reprocharse nada y que se vaciaron por completo por el conjunto nacional. Una lección tras otra.

Aceptaron las felicitaciones de cada uno de los españoles, reconocieron que el rival los superó, ninguno estuvo enojado porque el resultado no fue el que querían. Les llevará unos días darse cuenta del impacto que generaron en la Argentina. Cuando estén en España, Campazzo, Laprovittola, Deck, Garino, Vildoza y Brussino, podrán tomar dimensión de todo. El resto del grupo que regresará al país se dará cuenta de todo cuando pisen Buenos Aires. En un par de días entenderán que lo que ofrecieron dentro de la cancha resultó un mensaje mucho más poderoso de lo que ellos podían imaginan. Tuvieron a un país pendiente y a muchos pidiendo que el seleccionado argentino de básquetbol sirva como modelo para mejorar como sociedad. Impensado antes de llegar a China.

Se besa Sergio Hernández la medalla delante de las cámaras para reforzar la idea. No quiere dejar de hacerlo. "Es normal la tristeza del equipo y está bien que así sea, porque no es normal que salgas cantando porque perdiste. Todos al final, dentro de dos o tres horas van a tomar conciencia del logro. Pero Luis (por Scola) y yo somos más conscientes ahora hasta dónde llegamos. Seguimos compitiendo, sabiendo que debíamos ser dignos en la derrota. Lo asumís, lo aceptás, felicitás al rival porque fue mejor y nada más. Los jugadores jóvenes tienen que entender que hicieron una tarea increíble. Mi sensación es que nosotros no perdimos el oro, sino que ganamos la plata. Yo, que soy uno de los peores perdedores que he visto en mi vida, aun así creo que ganamos la plata. Creo que este equipo es espectacular y que va a estar en mi corazón y en el de los argentinos por el resto de nuestras vidas".

Yo, que soy uno de los peores perdedores que he visto en mi vida, aun así creo que ganamos la plata. Creo que este equipo es espectacular y que va a estar en mi corazón por el resto de mi vida"
Sergio Hernández

No hay consuelo para ellos, dejaron el estadio Wukesong en silencio y con el sabor amargo de no haber podido ganar, pero también con el dolor de no haber competido de la forma en la que a ellos les hubiera gustado. Claro, con el corazón caliente, es lógico tener ese sentimiento, aunque desde afuera apenas es un detalle, porque aquí todos estuvieron de acuerdo que los dos mejores equipos de la competencia llegaron a la definición. Y tal vez, cuando logren desahogarse en sus habitaciones en el hotel Shangri-la, ahí en el piso séptimo, puedan comprender que son el segundo mejor equipo en una Copa la Mundo. ¿Alguien recuerda cuál era la consideración para con este grupo antes de esta aventura asiática?

Hay un mensaje que está impregnado en la piel de estos jugadores. Si Indianápolis 2002 fue el trampolín de la Generación Dorada, ¿cómo no imaginar que este China 2019 no puede resultar de la misma manera? Pero si eso no sucediese, tampoco debería resultar un problema para este grupo, porque no está conformado sólo por el mandato del éxito, aunque sí lo desea a cada paso. Pero lo que conforma a este grupo es el espíritu por competir dignamente. Y aquí lo hicieron.

"Es un momento de dolor, pero no nos mató nadie, tenemos que estar orgullosos por el lugar al que llevamos a la Argentina. Tener esta medalla en el pecho es valor y orgullo". Luca Vildoza, que tiene 24 años y es uno de los más jóvenes del equipo, es el dueño de esta reflexión ¿Se entiende de qué está hecho este grupo?

Si alguno estaba triste por lo que sucedió aquí, es posible que sea una sensación efímera. Sólo hace falta estar cerca de este grupo para comprender que lo que hicieron en la Copa del Mundo, de ninguna manera, puede modificarse por un resultado. La grandeza es lo que marcará para siempre a este seleccionado argentino de básquetbol.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.