Mundial de básquetbol China 2019. Se enciende la ilusión de un grupo que quiere desterrar la comparación con la Generación Dorada

El plantel y el cuerpo técnico, en la última práctica en Wuhan, antes del estreno de este sábado.
El plantel y el cuerpo técnico, en la última práctica en Wuhan, antes del estreno de este sábado. Crédito: @CABBoficial
Diego Morini
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30 de agosto de 2019  • 19:09

WUHAN, China.- Cada 50 metros se repite una frase que primero suena como una dulce melodía y después se transforma en una onda expansiva de sonidos ininteligibles. La intriga se apodera y motiva a conocer qué sucede con esa pelota de sonidos para quien no domina el idioma de estas tierras y allí aparece Yuan Guaoncong, una voluntaria que, amablemente y con un teléfono como puente, explica que "Qing lái. Huanyíng lái dào wuhàn tiyù zhongxin" es la recepción en el escenario que este sábado, desde las 9.30 hora de Buenos Aires, verá debutar a la Argentina en el Mundial de básquet China 2019 y será el primer paso importante de un grupo que quiere escribir su propia historia.

Después de un par de intentos llega a ser clara la explicación de Guaoncong y le pone luz al interrogante en cuestión: "Por aquí, por favor. Bienvenidos a Wuhan Sport Center". Esa es la forma en la que reciben a cualquiera los voluntarios en el estadio que, con Corea del Sur como rival en el inicio, el conjunto de Sergio Hernández pretende enterrar la comparación con la Generación Dorada.

La tranquilidad se transmite en gestos y en complicidades. Nada de histerias. Los jugadores viven realmente esta competencia como la gran oportunidad. No se encierran en sus habitaciones, cuidan los descansos, las comidas y hasta se permiten alguna broma al aire: "Estamos tan concentrados que hasta miden el ph del agua mineral que tomamos", comenta un integrante del plantel.

No se advierte fastidio alguno por las complicaciones que se presentan para hacer cortes de videos en la preparación de los rivales, ya que las conexiones a Internet aquí no son nada sencillas. Sólo se enfocan en aprovechar el momento.

Baja un mensaje claro, es la cita que puede significar el despegue definitivo del pasado y los mensajes bajan con fuerza: "Campazzo y Laprovittola podríamos decir que, en su momento, desafiaron a la Generación Dorada. Ese sería el título. Como si dijesen los admiramos mucho, pero nosotros podemos crear nuestra propia generación. Y son pibes que les mostraron el camino a los demás. Hay que elegir muy bien las palabras, porque alguien puede interpretar que yo estoy diciendo que esta camada es tan buena como la otra y esa no es la idea. Lo que digo es que se trata de una camada que no se queda de brazos cruzados, sino que va por todas. En actitud y en mentalidad va a estar siempre arriba, que ya tiene algunos líderes jóvenes, como Facu y Nico, y guerreros incondicionales, como Garino, Deck, Brussino o Vildoza. Ojo, pueden perder. Hay algo que tenía la Generación Dorada que se expresaba así: 'Yo no tengo problemas que me ganen, lo acepto'. Nunca los escuchabas decir que no les iban a ganar: al contrario, reconocían que les podía ganar cualquiera. 'Pero ojo, primeros juguemos', decían ellos. Estos chicos cayeron en un vestuario donde estaban Ginóbili, Nocioni, Scola, Prigioni, Delfino. A esta generación siento que también da gusto verla jugar", explicó Sergio Hernández, el hombre que vio crecer ambos procesos.

La referencia ineludible es Luis Scola. Observa al grupo, charla con todos y se vuelve a parar a un costado. Le explica movimientos a Marcos Delía. Siempre es así. Se divierte, con sus formas, pero lo hace. No va a estar a los gritos haciendo bromas, pero se puede advertir que la pasa bien. Y en su discurso se aclara esa sensación del despegue con el proceso más glorioso del básquetbol argentino.

"Disfruto jugar en este equipo. Creo que hicimos cosas muy importantes con la Generación Dorada. El cariño por la selección no está relacionado pura y exclusivamente con haber ganado. Ni con tener un buen equipo ahora y la posibilidad de volver a ganar. Está relacionado con más cosas. Simplemente competir. Hoy tocan resultados más modestos. Estamos porque queremos representar a nuestro país. Es un buen mensaje, y me gustó mandar ese mensaje si alguien lo tomó. Es lo positivo de haber jugado post Generación Dorada", contó Luis Scola, en una entrevista con LA NACION .

Se mueven por todos lados y actúan como un bloque. La buena energía sobrevuela y no hay discursos acomodados. Sólo se enfocan en Corea, no hay miradas sobre Nigeria ni Rusia. Todo a su debido momento. Ahora es cuestión de sentir que el arranque tiene que dejar claro cuál es la intención de este grupo. "Ya está. El cambio profundo ya se hizo hace años en México 2015. Se agarró la posta, aprovechamos la experiencia de Luis y sabemos que él es nuestra referencia. Los valores que se transmitieron de la Generación Dorada hay que mantenerlos y encontrar la mejor versión del equipo. Si eso da para pelear por títulos y llegar a los Juegos Olímpicos, bienvenido sea. Si no, el éxito estará en encontrar nuestro techo", explicó Facundo Campazzo.

Siempre tiene una sonrisa a mano, grita y juega con sus compañeros. Patricio Garino camina por los pasillos del Wuhan Sport Center y parece un nene que irradia felicidad. Pero también entiende que el paso definitivo para este grupo debe ser la Copa del Mundo: "La verdad es que estamos cansados de la comparación con la Generación Dorada. Los admiramos, los queremos, son un ejemplo para seguir, sabemos que estamos donde estamos siguiendo sus pasos, pero ya está. Ya pasó la Generación Dorada, cualquier similitud que le pregunten a Luis. Nosotros no queremos que nos comparen más. Cada uno tiene sus virtudes. Me parece que es una oportunidad de oro para nosotros. Vamos a jugar el primer torneo grande como grupo y es algo que deseábamos. Y siento que sin presiones, porque no tenemos que demostrarle nada a nadie. La mayoría no tiene experiencia en un Mundial, así que vamos hacer la nuestra y a tomarlo como aprendizaje".

Y no es casual la unidad en el discurso. Por eso las reflexiones de Nicolás Laprovittola no sorprenden: "Había una gran incertidumbre en el básquetbol argentino con qué podía pasar con nosotros. Me parece que con sacrificio y compromiso logramos competir de la forma que entendemos que se debe. Nos gusta que la gente reconozca lo que hacemos, eso nos suma mucho. Antes era la comparación constante y hoy se habla de lo que puede hacer este equipo".

Vuela un pelotazo en medio de la práctica y nada parece perturbar a Marcos Delía. Mira, suela una mueca desafiante para su "agresor" y sigue su camino. Todos siempre siguen la misma ruta: "El grupo está muy bien, hace varios años que trabajamos juntos, que venimos sumando partidos y torneos. De todas maneras, el Mundial de China será el primer torneo "grande" que le toque a esta camada, así que será un lindo desafío y una gran exigencia, para la cual creo que estamos preparados y vamos a responder muy bien", sostiene Delía.

Se escucha cómo suena la cumbia de la mano de Gabriel Deck, se lo ve caminar y metido en su universo a Luca Vildoza. Se mueven en sincronía todos los integrantes del plantel. Están en el umbral de la Copa del Mundo. El telón se correrá este sábado para ellos y quieren ser los protagonistas sin quedarse anclados en el pasado. El futuro está en sus manos.

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