Mundial de básquetbol: Argentina y Uruguay se aseguran la sede conjunta en 2027

La candidatura rioplatense, que pretendía el campeonato de 2023, sería confirmada en junio próximo; FIBA designó sede a Filipinas-Japón-Indonesia para dentro de seis años
Xavier Prieto Astigarraga
(0)
10 de diciembre de 2017  

Las delegaciones de Argentina y Uruguay, en la sede de la FIBA, en Suiza
Las delegaciones de Argentina y Uruguay, en la sede de la FIBA, en Suiza

MIES, Suiza.- En el fútbol lo quieren para 2030. En otro deporte importante, el básquetbol, lo tienen muy encaminado, casi en su poder, para tres años antes. Argentina-Uruguay 2027 está a seis meses de pasar a ser una realidad como campeonato mundial, siempre y cuando la candidatura cumpla las condiciones que pronto le exigirá FIBA, a principios de año. La votación será en junio, y si los rioplatenses, que serán únicos postulantes, cumplieren esos requisitos, serán proclamados organizadores de la Copa del Mundo de básquetbol de dentro de casi una década.

No es exactamente lo que querían, pues desde el 6 de octubre de 2016 se prepararon para ser la sede de 2023. Ayer, el Bureau Central de FIBA eligió unánime la otra propuesta, la de Filipinas, Japón e Indonesia, para que acoja el mundial que sucederá a China 2019. Pero eso no empañó lo que terminó siendo una “hermosa noticia” para los vecinos americanos, según la calificó Federico Susbielles, el presidente de la Confederación Argentina (CABB).

El de 2023 será, entonces, el primer mundial de básquetbol que se jugará en más de un país. La postulación tripartita era fortísima, casi invencible, por más que el certamen anterior también se realice en Asia. Filipinas-Japón-Indonesia ofrece un mercado de casi 500.000.000 de personas, algo fundamental para un deporte que apunta a ser el segundo del planeta, más un poderío económico casi inigualable y una pasión enorme por el baloncesto, al punto de que un partido universitario puede reunir 15.000 aficionados en Filipinas. De hecho, las etapas finales del certamen tendrán lugar en un estadio para 55.000 espectadores en Manila, la capital de esa nación, que perdió ajustadamente la asignación de 2019 a manos de China.

Competir contra semejante candidatura era difícilísimo para Argentina-Uruguay, una conjunción de menos de 50.000.000 de habitantes, capacidad económica inferior e infraestructura más modesta. Ningún estadio argentino cubierto alcanza hoy las 10.000 localidades de capacidad, aunque Parque Roca ofrecerá 15.000 una vez techado y cerrado, cuando se lo entregue en abril para los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018. Para mediados de año Uruguay prevé completar la construcción del Antel Arena, reemplazante del histórico Cilindro de Montevideo, que contendrá entre 10.000 y 15.000 lugares, según la actividad.

Argentinos y orientales pueden esgrimir un nivel deportivo muy superior, pero poca incidencia tiene eso en la decisión de otorgar una sede mundialista. Es de creer que la gloria de la Generación Dorada tuvo mucha menos incidencia directa que la capacidad política de un argentino en la presidencia de FIBA, Horacio Muratore. Luego de la exposición final de cada candidatura en Mies, cerca de Ginebra, Suiza, donde tiene su sede la entidad, el Bureau se reunió con los representes sudamericanos y les anunció su determinación favorable al este asiático con esa segunda chance para ellos. Tras un contacto con los gobiernos de sus países, los vecinos aceptaron la alternativa: ser candidatos únicos para 2027. Al tucumano Muratore le tocó mostrar ante las cámaras el cartel que oficializaba a Filipinas-Japón-Indonesia como organizador para 2023, pero si todo va bien, en su gestión podrá anotarse un mundial para su país.

La Argentina fue sede del primer torneo, que ganó en 1950, y del de 1990; su socio celeste albergó el de 1967. Filipinos y japoneses fueron organizadores en 1978 y 2006, respectivamente; a Indonesia nunca le tocó. Vale señalar que de los cinco certámenes celebrados entre 2006 y 2023, tres y medio (Turquía 2010 se desarrolló parcialmente en Europa) habrán tenido lugar en Asia.

FIBA nunca había adjudicado dos sedes mundialistas en un mismo día, y no lo tenía previsto para esta vez. En virtud de que “las dos candidaturas fueron consideradas de primerísimo nivel” efectuó esta excepción, aunque pendiente de decisión final para el caso de 2027. Estuvo a tono con lo que realizaron FIFA en el fútbol con Rusia 2018 y Qatar 2022 (con nítidos indicios de corrupción, por cierto) y el Comité Olímpico Internacional en los Juegos Olímpicos con París 2024 y Los Ángeles 2028. Buenos Aires, mientras tanto, espera para 2032.

Ése será el último gran suceso deportivo universal que buscarán el país y su capital en un lapso de apenas cinco años. Para 2027 pretenden, además del mundial de básquetbol, el de rugby y los Juegos Panamericanos, y para 2030, la Copa del Mundo de fútbol, también con su vecino de la Banda Oriental. Por lo pronto, otro Argentina-Uruguay está muy cerca de darse. Con pelotas naranjas y bajo techo, pero también con mucha repercusión. En junio quedaría confirmado.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.