Walter Herrmann: "Éste habría sido el final perfecto para retirarse, pero..."

Máxima figura de la primera conquista de San Lorenzo en la Liga Nacional, el ex campeón olímpico evalúa la posibilidad de seguir jugando; mañana cumplirá 37 años
Fernando Vergara
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25 de junio de 2016  

Walter Herrmann en pleno festejo
Walter Herrmann en pleno festejo Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Apenas coronado por primera vez San Lorenzo en la Liga Nacional, Walter Herrmann trepó a uno de los aros para cortar las redes, como suelen hacerlo los campeones. Fue un sitial parar el ex alero de NBA e hincha del Ciclón, decisivo al punto de convertirse en el jugador más valioso del 4-0 de la final con La Unión. "Siempre viví en el interior y nunca imaginé que San Lorenzo armaría un equipo de Liga y que yo sería parte. Es un sueño", cuenta el Conde.

–¿Qué te entusiasmó del proyecto?

–Estaba en España de vacaciones y la primera llamada que recibí fue de Tinelli. No entendía nada: un llamado de Marcelo al celular no es muy normal. Me generó una expectativa impresionante y él quería saber si yo estaba interesado en jugar acá, porque todavía estaba en Brasil. Fue una alegría muy grande. Me junté con Julio Lamas en Venado Tuerto y la idea me pareció fabulosa. Se formó un equipo para pelear arriba, pero no imaginé que seríamos campeones.

–¿Cómo se vive este proyecto ambicioso y el inminente traslado a Boedo?

–Es excelente. Desde hace mil años renegamos. Y es nuestro deporte el que dará la puntada. Fueron muchos momentos soportando las cargadas: primero porque no teníamos la Copa Libertadores, después con lo del barrio. Vamos camino a concretar los dos objetivos y el básquet tiene cuerda para rato.

–Este domingo cumplirás 37 años. ¿Ahora ves el juego de un modo diferente?

–Antes de la final muchos compañeros me preguntaban si estaba nervioso, porque ellos no podían dormir. Yo también tenía ansiedad; esas cosas permanecen más allá de la edad y la experiencia. En el rectángulo de juego sí, veo todo de otra manera. Cuando uno es chico si le sacan una pequeña diferencia en el marcador, piensa que es imposible remontar. Hoy sé que muchos jugadores, si no tienen experiencia, pueden sufrir esa ansiedad. En esos aspectos juegan los años.

–¿Tenés ganas de seguir?

–Ganas tengo, pero hace dos o tres meses pensé en el retiro nuevamente. Desde mi vuelta en Atenas siempre digo que es el último año y no... me fue bien en Brasil, ahora en San Lorenzo y cada año que pasa algo me mueve a más. Ahora vamos a inaugurar la cancha, tenemos la Liga de las Américas... Tengo un mejunje bárbaro en la cabeza. En estos días tengo que resolverlo con la familia. Si bien no hace falta irse campeón, éste habría sido el final perfecto para retirarse, pero...

–¿Precisas la adrenalina?

–Yo me crié con una pelota, desde los 6 años. A los 30 me retiré y no extrañé tanto, pero me saqué las ganas en Ciudad, mi club de toda la vida. Ahí me volvió el cosquilleo previo a los partidos. Después aparecieron Atenas y Brasil y acá me tienen hoy...

–¿Qué cambió del Herrmann campeón en Atenas en 2002 al basquetbolista de hoy?

–La experiencia y la parte física. En esos años yo era muy superior, más en velocidad que en lo físico. También era más alocado, y obsesivo con los puntos: si no hacía tantos, me ponía loco. Hoy lo regulo mucho más. Soy jugador de equipo. Antes mi posición era de alero, y ahora, de ala-pivote. En el juego maduré, gracias al paso por Europa y la NBA. Cuando era chico sólo quería salir en el diario y hacer puntos. Y en categoría mini, mi papá me daba 10 centavos por punto anotado: no le hacía un pase a nadie.

–Sos el jugador más reconocido de la liga. ¿Los mas jóvenes te dicen algo?

–Durante el juego me hablan más los grandes: me dicen que estoy impecable, que tengo que seguir jugando. Después de la final, en el vestuario, los chicos de San Lorenzo me miraban con la pelota de jugador más valioso. Alguno decía "¿cuándo conseguiré una yo?". La respuesta es: paciencia y trabajo, no hay secretos. En dos años puede tocarles.

–¿Extrañás el seleccionado?

–Sí, pero lo mío pasa por una cuestión física, no me siento como a los 25 años. Después del cuarto partido contra La Unión quedé fundido. Y ya estoy pensando si juego una Liga más, en la pretemporada. Cuesta. Para ser parte del seleccionado se precisa estár 100% físicamente; yo no voy a arrastrarme por la cancha. Siempre que volví al básquet lo hico porque me sentía bien; si no, habría cortado el contrato a mitad de temporada.

–¿Alguna vez te sentaste a analizar tu carrera?

–Si me hubieran dicho que iba a conseguir la mitad de lo que logré, no lo habría creído. Cuando era chico era imposible soñar con el oro olímpico: ¿quién imaginaba que se podía ganarle a Estados Unidos? Jugué en Europa, en la NBA. Estoy orgulloso.

–Alguna vez dijiste que tenías mentalidad de tenista.

–Vivo mi mundo, mi vida pasa por otro lado. Pasa que si alguien no es fanático de su actividad, se lo llama ‘raro’. Cuando dejo de jugar hago otras cosas: veo tenis, veo automovilismo, me desconecto. Normalmente el basquetbolista vive hablando del mismo tema. No soy un seguidor ferviente cuando no juego, no me hace falta estar todo el día vinculado a mi deporte. En la NBA había charlas para explicar qué pasaría una vez que dejáramos de jugar. Hay gente que se asusta y entra en depresión.

–Por tu forma de ser, eso no te pasará...

–Cuando me retiré, a los 30 años, tenía tantas cosas fuera del básquet que no me alcanzaba el tiempo. Tengo un negocio nutricional y una franquicia de ropa infantil en Venado Tuerto: quieto no puedo estar nunca.

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