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"Si Bayern Munich aumentara los precios de las entradas como hacen en la Premier League, tendríamos una enorme tormenta de mierda". Christian Seifert, director ejecutivo de la Bundesliga, lo dice sin eufemismos ("a huge shitstorm"). Bayern Munich, cuantifica Seifert, ingresa anualmente entre 30 y 40 millones de euros anuales menos que Manchester United por boletería. Pierde de ganar 300 millones en diez años. "Nuestros clubes –sigue Seifert- eligen preservar los vínculos con su comunidad. Entienden que son una parte establecida de la sociedad, que unen a la gente y que las ciudades se identifican con ellos". El precio medio de los boletos en la Bundesliga es de 23 euros. Y los estadios, se sabe, tienen una ocupación del 92 por ciento. Una media record de 43.500 personas por partido, casi 10.000 más que la Premier League. La polémica entre las dos de las tres Ligas económicamente más poderosas del fútbol mundial se produjo semanas atrás, cuando hinchas ingleses se aprestaban a marchar hacia la sede de la Premier League en protesta por la nueva suba de los precios de los boletos. El fútbol alemán que la selección argentina del Tata Martino enfrenta hoy en Dusseldorf exhibe mucho más que el Mundial ganado en Brasil. Y también que su ya muy difundido trabajo planificado de la última década. La Bundesliga, ante todo, escucha al hincha.
El precio medio de los boletos en la Bundesliga es de 23 euros. Y los estadios, se sabe, tienen una ocupación del 92 por ciento. Una media record de 43.500 personas por partido, casi 10.000 más que la Premier League
Los propios hinchas alemanes hicieron "escuchar" como nunca su silencio en la célebre protesta "12.12", a fines de 2013, cuando acordaron mantenerse callados los primeros doce minutos y doce segundos de cada partido. No gritaron ni los goles. A los 12 minutos 02 segundos, los hinchas comenzaron a contar en voz alta los diez segundos finales y, cumplido el plazo, volvieron a alentar como siempre. Fue impresionante. "12", además, equivale a que son el jugador número doce. Protestaban porque algunas de las nuevas medidas de seguridad, decían, afectaban sus derechos. Exigieron ser parte de la discusión. El clima futbolero de los estadios alemanes se debe en parte a la obligatoriedad de los clubes de guardar el diez por ciento de sus boletos para la hinchada visitante. En un estadio colmado por 80.000 personas como el del Borussia Dortmund esto quiere decir 8.000 hinchas visitantes que viajan, seguridad incluída. Ciudades como Bremen avisaron que el fútbol deberá asumir el costo si hacen falta más policías. La Bundesliga se jacta de ser una de las ligas más seguras. Pero en las dos últimas temporadas, afirma la policía, se han duplicado los heridos. Los hinchas replican que los heridos subieron en rigor de 846 a 1.100 sobre un total de 18 millones de fans. Como sea, la bien promocionada Liga alemana tiene un costado menos agradable: la infiltración de neonazis en muchas de sus hinchadas.
Los neonazis, por ejemplo, se han acercado a los GnuHonnters (tomado del inglés "new hunters", "nuevos cazadores"), que reúnen a 17 grupos de hooligans de extrema derecha que hinchan por diferentes equipos. También hay "cuadros" del Partido Nacional Democrático Alemán (NPD) de Udo Voigt, condenado en 2012 por odio racial y glorificación del nazismo. Según la revista Der Spiegel, han echado de las tribunas a hinchas de izquierda de diversos equipos. A golpes. Y a gritos de "Auschwitz", el campo de concentración en el que fueron exterminados más de un millón de judíos y por el que la justicia alemana realizó en febrero pasado allanamientos masivos en once estados para arrestar a unos treinta ancianos de casi 90 años de edad que terminaron siendo liberados. "Fue, otra vez, el intento de enmendar lo que probablemente sea el record más vergonzoso en la historia de la justicia alemana", dijo Spiegel. De 6.500 miembros de la SS que sirvieron en Auschwitz y sobrevivieron a la guerra, apenas medio centenar recibió condenas. Dos temporadas atrás, minutos antes de un partido ante Vfb Stuttgart, un fanático de la "Northside" del Borussia Dortmund subió la inmensa reja de la Sudtribune, se sacó la remera para exhibir sus músculos y realizó el saludo nazi.
En Dortmund, una ciudad con altos índices de violencia de extrema derecha, conviven en las tribunas miembros de la "Northside", de Nacionalistas Autónomos (AN) que llaman "Fuhrer" a su jefe, del Borussenfront liderado por el neonazi Siegfried Borchardt y "Desperados", un grupo ahora más radicalizado cuya creación fue auspiciada años atrás por una organización (Dortmund Fan Project) que recibe dineros públicos y de la Liga alemana y que busca integrar a sectores marginados. Unity, el grupo que sí tiene vínculos formales con el club, comenzó a perder control. Algunos de sus miembros fueron arrancados de sus camas en raids nocturnos. El Dortmund cobra los boletos más baratos de la Bundesliga, 9 euros, y unos 25.000 hinchas gritan y saltan en la tribuna de pie, un sector que otros clubes han comenzado a reestructurar. Meses atrás, oficiales de seguridad del club, supuestamente exmiembros de "Desperados", gritaron a una delegación visitante "negros, putos y judíos". No es un dato menor. El Borussia Dortmund es hoy el segundo equipo más poderoso de Alemania. Bicampeón 2011-12, antes de que Bayern Munich retomara el reinado, los dos grandes amenazan con instalar un monopolio que no existía años atrás, cuando también eran campeones equipos como Wolfsburgo, Bremen y Stuttgart. Es el otro costado inquietante de la Bundesliga.
La TV, que paga 560 millones de euros reparte de modo mucho más equitativo que en España, donde Real Madrid y Barcelona se quedan casi con la mitad de la torta. El campeón de la Bundesliga recibe 33 millones de euros, apenas el doble que el último. La diferencia, en rigor, se produce porque Bayern Munich ingresó 65 millones por Liga de Campeones y el Dortmund 54 millones. En 1992, el presupuesto en salarios de Bayern Munich era un 50 por ciento superior al de un club como Hamburgo. La diferencia es hoy del 400 por ciento. "Sería más honesto que Bayern Munich y el Dortmund se vayan a jugar una Superliga europea", piden algunos. El Dortmund, patrocinado por Puma, se recapitalizó con más de 100 millones de euros en una peligrosa carrera de fichajes para competir con Bayern Munich-Adidas, campeón de la última Bundesliga con siete fechas de anticipación. Es un dato extraño para una Liga que, forzada tras la quiebra del magnate de TV Leo Kirch, impuso cuentas ordenadas (dos terceras partes de los clubes tienen ganancias) y clubes en manos de los socios (50 + 1). Y, tras el fiasco de la Euro 2000, crear academias que forman hoy a 5.200 jovenes, con técnicos de gran nivel, muchos de ellos recibidos en la Universidad de Colonia. Es la cuna de los futuros Lahm, Muller, Schweinsteiger y Gotze. Los sueldos iniciales de los jovenes que suben a Primera ayudan además a que el costo de masa salarial de la Bundesliga sea del 34 por ciento, la mitad de la Premier League. Y, más importante, el semillero alemán ayuda a tener una selección nacional fuerte. Inglaterra fue eliminada de Brasil en apenas dos partidos. La Bundesliga, en cambio, promocionó su nuevo inicio de temporada: "Bienvenido a la liga que fabrica a sus campeones mundiales".
El deseo permanente de evolucionar y arriesgar en el fútbol alemán se reflejó con el cambio de estilo, dándole lugar a jugadores acaso más pequeños pero más técnicos. Con una influencia primero de la España campeona de Sudáfrica y luego fortalecida con la decisión de Bayern Munich de fichar a Pep Guardiola, quien, como cuenta "Herr Pep" (ya hablaremos del gran libro de Martí Perarnau) impuso su sello ya en la primera práctica, cuando sacó las pesas y ordenó que todos los ejercicios fueran con pelota. El fenómeno, es cierto, no alcanza a todos. La ex RDA no tiene hoy equipos en Primera. Apenas tres en la B. El tradicional Dynamo Dresden cayó a la C. Y, aún en el oeste, clubes como Fortuna Dusseldorf, un exgrande del fútbol alemán, también está en la B. Su estadio, donde hoy juega Argentina, se llamaba Rheinstadion (por el Rhin). Ahora se llama Esprit Arena. Y apenas se llena.



