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La primera batalla entre la Argentina y Polonia está en la superficie, en el total sentido de la palabra. Es una disputa que está a la vista por el tipo de cancha presentada por los locales. Muy rápida, montada sobre madera, ideal para sacadores y de pesadilla para los jugadores de buena devolución. "Una superficie que casi no se ve en el circuito...", dijo Leo Mayer , a quien no le viene del todo mal semejantes condiciones. Las reglas de la Copa Davis le ofrecen esa ventaja al equipo local y es por eso que Daniel Orsanic no gastó muchas energías en reclamos y protestas. La Davis obliga a sortear este tipo de contratiempos y adaptarse a ellos.
Polonia extremó su condición de local. Como lo hace Francia para recibir a Canadá y como lo propone Australia para jugar contra Estados Unidos. Empecemos por los franceses que se pasaron de excéntricos y llevaron su partido hasta la isla caribeña de Guadalupe. Yannick Noah, nuevo capitán del equipo, forzó a la federación de tenis a gastar 1,5 millones de euros para trasladar 400 toneladas de polvo de ladrillo y armar una cancha lenta. Tiene capacidad para 9 mil espectadores en el principal velódromo de la isla. Ese viaje a territorio ultramar de Francia, más cerca de Caracas que de París, tuvo como objetivo desactivar el potencial de Milos Raonic y Vasek Pospisil.
Noah entendió que llevar la serie al Caribe era una alternativa superior a cualquier opción al aire libre en la propia Francia. La decisión tuvo un efecto disuasorio: Raonic y el doblista Daniel Nestor no estarán finalmente en Guadalupe. La extravagante mudanza implica que la mayoría de los franceses se perderán, en vivo, alguna de las acciones de la serie por las 5 horas de diferencia que hay con Europa. Esta movida no le cayó bien a la mayoría de los integrantes del equipo, especialmente a Gael Monfils quien fue el único que sentó posición publicamente en contra del traslado de la sede. Monfils recordó que Francia casi va a Guadalupe para jugar la final de la Copa Davis 2014, contra Suiza, que finalmente ganó con Roger Federer y Stan Wawrinka en el gran estadio de fútbol de Lille.
Australia y Estados Unidos jugaron hasta ahora 45 veces por la Copa Davis. Las nuevas generaciones observarán este nuevo duelo entre los dos países que se enfrentaron por primera vez en 1905, cuando Australia y Nueva Zelanda se unían para conformar un mismo equipo. Para la ocasión, el equipo de Lleyton Hewitt (que decidió incluirse como jugador, ante la baja de Nick Kyrgios) eligió el antiguo escenario del Kooyong Stadium en Melbourne para este cruce. Esa fue la casa del Abierto de Australia desde 1972 hasta 1987. Es el mismo lugar en el que Guillermo Vilas ganó en 1978 y 1979.
Australia jugó por última vez en el césped del Kooyong contra Estados Unidos en 1993. Su vuelta a un sitio histórico apunta a darle un ambiente tradicional al esfuerzo que implica movilizarse para los visitantes. "Vengo de Australia a Sudamérica y luego tengo que volver a Australia para la Copa Davis. De ahí a volar a Estados Unidos para jugar Indian Wells y Miami. Así de difícil empezó el año para mí. No paro de viajar...", comentaba John Isner durante el Argentina Open, donde tuvo un paso en falso inolvidable.
Francia con sus 400 toneladas de polvo de ladrillo desparramadas por Guadalupe y Australia en el histórico pasto de Melbourne son las únicas series de esta primera ronda que se jugarán al aire libre. A pesar de jugar bajo techo, Bélgica recibe a Croacia en cancha lenta, lo mismo que Italia frente a Suecia. Como es natural, todos en la búsqueda de la mayor ayuda posible para el local.
Hace más de 30 años, Paraguay disfrutó de un breve reinado cuando jugaba en Asunción. El ídolo local Victor Pecci contaba con la colaboración como singlista de Francisco González, un portorriqueño nacido en Alemania, criado en Estados Unidos y que representó a Paraguay en la Copa Davis. Esa rara mezcla se completaba con una cancha de madera encerada en la que Paraguay puso de rodillas a la Checoslovaquia de Iván Lendl y Tomas Smid en 1983 y la Francia de Yannick Noah y Henri Leconte en 1985. Era imposible ver la pelota. El griterío en el estadio era constante y los visitantes padecían una guerra de nervios. La ITF l uego le prohibió a Paraguay utilizar esa cancha y su fuego se extinguió para siempre.
Desde entonces algunas normas se han modificado, pero las superficies pueden ser el arma secreta que entrega el reglamento para beneficio y placer de los locales. Frente a un equipo polaco que ha perdido calidad humana, la cancha parece ser el único obstáculo para avanzar a los cuartos de final. No es malo el panorama.


