El futsal argentino, un deporte que no para de crecer y ya le apunta al Mundial

Crédito: Diego Spivacow
En el futsal de AFA participan 8.500 jugadores, federados en más de 70 clubes de Capital Federal y el Gran Buenos Aires
Rodolfo Chisleanschi
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5 de febrero de 2016  • 00:23

Es sorprendente que el futsal no despegue en Argentina, no le encuentro una explicación, ¿quién no alquiló alguna vez con los amigos una cancha de fútbol 5?". Fernando Wilhelm, 33 años, 11 de ellos jugando en Europa, pone la pelota bajo la suela -detalle técnico identificativo por excelencia de esta especialidad- pero no alcanza a descubrir las razones que frenan el desarrollo de un deporte que, de uno u otro modo, es el más practicado del país.

Wlihelm es el capitán de la selección argentina que el próximo viernes debutará en el Sudamericano de Asunción, clasificatorio para el Mundial de Colombia de este año. Y su reflexión responde a la realidad. Porque más allá del indudable crecimiento experimentado en los últimos años, al fútbol de 5 contra 5 se lo sigue viendo más como un entretenimiento con amigos que como una actividad profesional.

"En la Argentina atrasamos 10 o 15 años respecto a las potencias como España, Brasil o Italia", resume Diego Giustozzi, director técnico de la selección y responsable directo de la transformación que vive el futsal argentino. "Por ejemplo, no existe la cultura del reconocimiento al jugador de este deporte. En Brasil o España representan una forma de vida. Hay gente que ve en televisión a Falcao, a Vinicius, a Sergio Lozano o Javi Rodríguez y quiere ser como ellos, porque son famosos, tienen buenos autos, firman autógrafos... Eso acá no pasa".

Santiago Basile es uno de esos futbolistas que camina las calles de forma anónima, aunque ya lleve ganados tres Olimpias de plata de la especialidad. "Si nos comparamos con las ligas más fuertes estamos 7-8 puntos, pero seguimos evolucionando", afirma el jugador de Kimberley de Villa Devoto. Los números ratifican su diagnóstico. Hoy, en el futsal de AFA participan 8.500 jugadores, federados en más de 70 clubes de Capital Federal y el Gran Buenos Aires que se reparten en 3 categorías y que cuentan con sus divisiones inferiores y en muchos casos, con su rama femenina. Cada uno debe pagar un canon de participación de entre 40.000 y 80.000 pesos anuales.

Es en los presupuestos que destinan los clubes a la actividad y en las obras de adecuación de las canchas a las medidas reglamentarias donde se nota el interés cada vez mayor que despierta el futsal. "Hay algunos que ya gastan unos 100.000 pesos por mes", se entusiasma Oscar Ríos, vicepresidente de la Comisión de Futsal de AFA. "Pero aun así no alcanza para armar una Liga Nacional".

Tal vez, los Juegos Olímpicos de la Juventud (YOG) Buenos Aires 2018, donde el futsal sustituirá al fútbol once, traigan el impulso definitivo.

Potencialmente, el futsal reúne las condiciones para que ciudades de tamaño medio sean sede de equipos fuertes, como ocurre en el básquet o el voley. Sin embargo, no ocurre. "Tengamos en cuenta que somos un deporte con 30 años de historia, los otros llevan más de 100", puntualiza Giustozzi.

Pero además, los obstáculos son numerosos. El aspecto económico es el más importante, e incide en la falta de difusión masiva. Y también persiste la división histórica entre el futsal AFA y el de la CAFS (Confederación Argentina de Fútbol de Salón), que mantiene su fortaleza en muchas zonas del país como Mendoza, Misiones o Comodoro Rivadavia. Esta dualidad dispersa las energías y bloquea el crecimiento. "Por un lado, habría que unirse para tener más fuerza", propone Wilhelm, "y por el otro, hay que encontrar gente apasionada, que tenga un bolsillo amplio, no busque un beneficio inmediato y esté dispuesta a aportar y también a formar parte de una historia".

Tal vez, los Juegos Olímpicos de la Juventud (YOG) Buenos Aires 2018, donde el futsal sustituirá al fútbol once, traigan el impulso definitivo. "Hicimos una tarea de scouting en varias regiones del país para seleccionar 200 chicos y chicas con vistas a los YOG", cuenta Esteban Pizzi, coordinador del Programa de Desarrollo del futsal en el ENARD.

La gran esperanza de que el futsal pegue el salto a la popularidad está, justamente, en su arraigo entre los jóvenes, sin distinción de sexo. "Queremos formar parte de los que hasta ahora se llamaron Juegos Evita, que se organizan a nivel nacional", subraya Pizzi, quien también es el preparador físico de la Selección Argentina. "Vamos a presentar un proyecto a la Nación y a la Ciudad de Buenos Aires para que el futsal empiece a jugarse en los colegios y se enseñen las reglas", subraya Oscar Ríos en el mismo sentido.

El factor social juega a favor de la actividad. "Por espacio e infraestructuras, el futsal funciona como factor de contención", explica Pizzi: "Se necesitan menos jugadores y espacios más reducidos, se puede jugar en colegios y en cualquier clima, con -10 grados o con 40. Y además, premia al que quiere jugar, porque castiga la fricción (después de la 5ª de equipo por tiempo se ejecutan tiros libres sin barrera) y como en el básquet, no existe la pérdida de tiempo".

Con ilusiones y pese a los impedimentos, el futsal se ha convertido hoy en una nave a punto de despegar. Pongan la pelota bajo la suela y ajústense los cinturones...

La selección que sueña un título y busca un apodo

Ni leones, ni pumas, ni guerreros, ni murciélagos... La Selección Argentina de futsal no tiene apodo. Posiblemente porque esté a la espera de una actuación consagratoria para apropiarse de uno. ¿Podrá ser este año? A partir del viernes 5, en Asunción, los dirigidos por Diego Giustozzi disputarán el Sudamericano que otorga 3 plazas para el Mundial de setiembre a jugarse en Colombia.

"El Mundial, si llegamos, será el torneo que nos dirá exactamente dónde estamos", dice Alamiro Vaporaki, jugador de Boca nacido en Ushuaia. En los últimos dos años, la Selección creció como nunca: fue campeón en dos torneos no oficiales -Copa de las Naciones en Brasil y Copa Continental en Kuwait, ambas en 2014- y en la Copa América 2015, "pero la realidad es que no tuvimos demasiado roce con las potencias", aclara el futbolista fueguino.

Hoy, Argentina ocupa el 5º puesto en el ránking FIFA, por detrás de Brasil, España, Italia y Rusia -"los 4 países con las ligas más poderosas", subraya Giustozzi- y aspira a más. "Tácticamente estamos muy bien", sostiene el técnico argentino, "ahora tenemos que convencernos de que realmente podemos ser campeones en cualquier torneo, algo que incluso los rivales están asumiendo. Nos falta, en los momentos cruciales, dar ese salto de calidad de creer que podemos estar a la par de los rivales fuertes".

Baile de nombres y normas

La organización y desarrollo de este deporte conoce numerosas variantes y denominaciones, no siempre fáciles de explicar y a veces contrapuestas entre sí. Esta es una breve guía para intentar entender de qué se habla en el mundillo del fútbol reducido.

Futsal o Fútbol Sala: Es el regulado por la FIFA (y la AFA en nuestro país). Se juega en canchas de 40x20 metros y pelotas de entre 62-64 cm de circunferencia y 400-440 g de peso. Los cambios se hacen con el balón en juego, los laterales y córners se ejecutan con el pie y los arqueros no tienen limitaciones para salir ni en el saque desde el arco.

Fútbol de Salón (antiguo Futsal): Regulado por la AMF (y la CAFS en la Argentina). Las canchas son más pequeñas (aproximadamente como las de básquet); y los balones, más chicos y pesados. Los cambios se hacen con el juego detenido, los laterales se ejecutan con las manos, el arquero no puede atravesar la mitad de la cancha. El saque de arco debe picar en campo propio o tocar a algún jugador antes de superar la línea media.

Fútbol 5, Baby y Papi Fútbol: Son denominaciones diferentes referidas básicamente al mismo juego: el que se desarrolla en las canchas de los colegios, clubes de barrio o las de césped sintético que abundan hoy en cualquier ciudad, por lo general más cortas y estrechas que las del Fútbol Sala. Las reglas son variables según el tipo de torneo y la edad de los participantes, ya que no existen criterios unificados ni en todo el país ni a nivel internacional.

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