El mal paso en el Mundial de Japón abrió interrogantes

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
Tomás Cubelli y Marcos Kremer en el Mundial de Japón, donde los Pumas no estuvieron a la altura
Tomás Cubelli y Marcos Kremer en el Mundial de Japón, donde los Pumas no estuvieron a la altura Fuente: AP - Crédito: Eugene Hoshiko
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7 de noviembre de 2019  • 12:10

Hay señales que anuncian que se vienen otros tiempos de debate domésticos que hasta quizá incluyan la posición de que el rugby de clubes y el profesional empiecen a dormir en cuartos separados. También de cara al futuro existen dos situaciones en las que se abrieron goteras. Por un lado, la reciente Copa del Mundo en Japón y la fallida actuación de los Pumas demostraron que la Argentina, tal como funciona el modelo la UAR, está lejos de conseguir todo lo que ostentan las potencias en la alta competencia. Por el otro, la situación del rugby de voluntarios, la base de todo el deporte, es por lo menos incómoda y, en la parte más visible, con una exigencia de juego, pretensiones y calendarios no acordes con una actividad no rentada. Por todo eso es que se impone al menos una revisión de unos y otros para ver si se va por una ruta que les convenga a todos.

Las elecciones próximas en las principales entidades, la UAR y la URBA, pueden llegar a dar indicios importantes al respecto, pero no debe perderse de vista a todo el país. En esa vía, hay que remarcar algo que pasó inadvertido para la prensa nacional: la firme y unánime posición que tomaron los clubes tucumanos a través de su Unión, logrando así que la UAR revea una medida que para ellos afectaba al desarrollo de toda la región. Fue la primera de las señales de lo que se marca en el comienzo de esta nota.

Es verdad que es muy pronto para sentenciar el proyecto profesional de la UAR, ya que recién comenzó en 2016. Pero si la primera prueba importante era en Japón, la conclusión es que si no hay modificaciones de peso, la suerte en Francia 2023 puede ser idéntica. Por lo pronto, con sólo un grupo de jugadores disputando todo (Pumas y Jaguares) todo el año y todos los años, y sin dejar venir a los que están en Europa, no hay una fórmula mágica que lleve al seleccionado a competir de igual a igual con las potencias.

La Argentina no tiene cinco franquicias como Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica ni una competencia profesional interna como Inglaterra, Francia, Irlanda, Gales, Escocia, Japón y los Estados Unidos.

El sistema profesional está soportado por los clubes (de allí salen los jugadores) y es el que más dinero se lleva, pero no arrojó resultados. Todavía se espera un informe de lo que pasó en Japón. Pero más allá de eso, hay otra realidad que debe asumirse: la Argentina no tiene cinco franquicias como Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica ni una competencia profesional interna como Inglaterra, Francia, Irlanda, Gales, Escocia, Japón y los Estados Unidos. Ni siquiera torneos internos semirrentados como sus socios en la Sanzaar. Aparece una posibilidad de lograr que antes de 2023 los Jaguares XV ingresen en la Currie Cup A (jugar en la B no significa adquirir competencia en serio profesional), lo que sería un buen impulso. En cuanto a la Liga Sudamericana de pronta concreción, ayudará más al resto de la región que a la Argentina.

Mario Ledesma, head coach de los Pumas
Mario Ledesma, head coach de los Pumas Fuente: Reuters

En el rugby argentino tampoco hay todavía una conciencia profesional. Nadie rinde examen. No se observa autocrítica en serio, que no es reconocer que algo salió mal, sino cambiarlo. También falta infraestructura (un campo propio, por ejemplo) y potenciar los staff con entrenadores extranjeros. Habrá que ver no sólo si hay dinero para eso, sino cómo se vuelve a repartir el que se tiene, que, por otra parte, es, después del fútbol, el mejor presupuesto del que dispone un deporte en el país.

Mientras no aparezca otra franquicia -parece casi imposible por el costo-, habrá que buscarles competencia de primer nivel a los juveniles que vienen surgiendo y que ya firmaron contrato con la UAR. Jaguares no alcanzará para todos. ¿Qué harán Mario Ledesma y la UAR? ¿Seguirán dejando afuera ahora a jugadores como Pablo Matera y Tomás Lavanini? ¿Armará el head coach un nuevo grupo con los más jóvenes? ¿Y, por otro lado, qué posición tomarán los clubes? ¿Aparecerá Hugo Porta, el ícono, liderando sus posturas? ¿Quedará Agustín Pichot, el otro gran emblema, al frente de la World Rugby o marcando las pautas del profesionalismo? Preguntas que tendrán respuestas en otra etapa que se abre. El tablero se moverá.

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