El Mundial de Seven desembarca en San Francisco, capital internacional de la tecnología

Los capitanes posan en la bahía de San Francisco, donde se ubica Silicon Valley
Los capitanes posan en la bahía de San Francisco, donde se ubica Silicon Valley Crédito: rwcsevens.com
Alejo Miranda
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19 de julio de 2018  • 23:59

SAN FRANCISCO, Estados Unidos.– En Fahrenheit 451, Ray Bradbury anticipa un futuro en el que las personas interactúan con la televisión y se convierten en partícipes en la tira. Sesenta y cinco años después de la publicación de esa obra maestra, aquel augurio empieza a hacerse realidad. En este Mundial de Seven la experiencia del espectador cobra una relevancia que estará a la altura de lo que sucederá en la cancha.

Desde que la disciplina de juego reducido adquirió trascendencia mundial en los ochentas con el Seven de Hong Kong, la participación del público es un componente central. Las tribunas viven los partidos como una fiesta, y World Rugby ha sabido trasladar esa mística a otros puntos del planeta privilegiando ese entorno alegre en la elección de las sedes de las diez etapas del Circuito Mundial, que se desarrolla anualmente.

Para este séptimo Mundial, la organización va más allá dándole a la audiencia, principalmente la presencial pero también la televisiva y la virtual, un grado de participación en el nivel de lo que transcurre en el campo, con las redes sociales, la inteligencia artificial, la realidad virtual y el big data como herramientas.

¿Qué mejor sitio para esto que Estados Unidos, país de vanguardia tanto en innovación tecnológica como en acontecimientos deportivos? El Mundial tendrá lugar en California, el estado de donde era oriundo Bradbury, y en en la Bahía de San Francisco, donde se ubica Silicon Valley, el polo tecnológico mundial en el que se instalaron Google, NetFlix, Yahoo!, Facebook, Apple...

Además, el seven se presta para la participación popular. Los partidos son cortos (dos tiempos de 7 minutos) y hay intervalos por explotar. La acción transcurre a lo largo de tres días, uno más que la del certamen femenino, que se intercala con el masculino. Las jornadas comienzan a la mañana y terminan a la tarde, por lo que el grado de atención a lo que ocurre en la cancha va variando. Algo que se ajusta a la perfección al modelo estadounidense. Y el AT&T Park (42.000 espectadores), ubicado a unos pasos de los muelles de la bahía, se presta para la ocasión por su capacidad tecnológica expuesta en los encuentros de béisbol de San Francisco Giants. Ideal para maximizar la experiencia del espectador.

Entre las novedades que habrá entre hoy y pasado mañana se destacan: una aplicación para smartphones con notificaciones exclusivas para quienes estén en el estadio; acceso a todas sus áreas mediante realidad virtual; un bot de inteligencia artificial contra el que se podrá competir prediciendo resultados; estadísticas en tiempo real; cámaras televisivas súper lentas y otras en los postes de las esquinas; interacción en el estadio vía redes sociales. Estas entregan 8.700.000 seguidores a World Rugby, que llevará el Mundial a 200 países por 18 cadenas de televisión.

"Fuera de la cancha, los hinchas podrán seguir la acción en tiempo real por medio de la aplicación oficial del Mundial, que brindará actualizaciones al instante, transmisión en directo y comentarios. Con nuestra nueva experiencia de realidad virtual, los espectadores tendrán la posibilidad de experimentar el certamen como nunca", afirmó Brett Gosper, CEO de World Rugby, que espera 95.000 asistentes al cabo de los tres días. "En la cancha, con el formato de eliminación directa, cada partido cuenta, ya que los equipos necesitan ganar todos para consagrarse campeón. El nuevo formato va a generar una atmósfera única y vibrante para los espectadores del estadio y los de los hogares", agregó.

Los favoritos y las chances de los Pumas 7s

Respecto a esta segunda afirmación, hay cierta resistencia de jugadores y público. Tradicionalmente el seven, sea en mundiales, Juegos Olímpicos o Circuito Mundial, se desarrolla con una rueda de clasificación y playoffs desde los cuartos de final. En esta ocasión tendrá todos partidos de eliminación directa, con dos copas "consuelo" para los que vayan quedando en el camino. El formato clásico no solo da una chance más tras perder un encuentro, sino también un cruce menos exigente en los cuartos como recompensa por haber ganado la zona. Acá está todo configurado por un ranking que no refleja la realidad.

El seleccionado argentino, por caso, iniciará su participación en los octavos de final contra el ganador de Canadá vs. Papúa Nueva Guinea, hoy a las 23.25 de Buenos Aires (televisación de ESPN). De avanzar, jugará en los cuartos con Fiji, si este le ganare al vencedor de Japón vs. Uruguay.

El equipo isleño es uno de los máximos candidatos al título. Bicampeón mundial (Hong Kong 1997 y 2005) y vigente campeón olímpico, es históricamente el seleccionado más fuerte en seven y a su habilidad innata agrega un poderío físico muy difícil de contener. Llega reforzado con estrellas del rugby de XV, como Josua Tuisova (Toulon) y Leone Nakarawa (Racing 92). El otro favorito es Sudáfrica, dominador en la actualidad tras ganar los últimos dos circuitos anuales y que va por su primer título, afirmado en un grupo experimentado de especialistas en seven.

Un paso atrás está Nueva Zelanda, el campeón actual (Moscú 2013, además de Mar del Plata 2001), al frente de un grupo amplio de seleccionados que llegan con aspiraciones fundadas: Estados Unidos, con los dos rugbiers más rápidos del mundo (Perry Baker y Carlin Isles); Inglaterra, subcampeón olímpico en Río de Janeiro 2016 y ganador del primer mundial (Edimburgo 1993), y la Argentina, subcampeón en Dubái 2009 y ocupante de tres podios en esta temporada. Kenia, Australia, Gales, Francia y Escocia guardan un ápice de esperanza en una modalidad que, por su fugacidad, suele deparar sorpresas.

Históricamente semillero de figuras del rugby de XV, como Jonah Lomu, David Campese, Lawrence Dallaglio y Agustín Pichot, el seven ha ido adquiriendo autonomía e identidad propia. En San Francisco, procura romper el molde en materia de espectáculo deportivo.

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