Federico Molinari: a la conquista de América, con la fuerza de sus brazos

Federico Molinari, en busca de otra gran actuación
Federico Molinari, en busca de otra gran actuación Fuente: LA NACION
Es uno de los grandes créditos de la delegación argentina en los Juegos Panamericanos de Toronto; el gimnasta, especialista en anillas, llega a la cita en un momento ideal
Gastón Saiz
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29 de junio de 2015  • 09:23

No es un superhéroe pero intentará serlo el 14 de julio, el día en que se disputará la final de anillas en los Juegos Panamericanos de Toronto . La remera con el escudo del Capitán América que luce en la charla es un símbolo de su búsqueda deportiva, a tono con el gimnasta de elite mundial que es. Federico Molinari saltó a la consideración de todos cuando llegó a la definición de su especialidad en Londres 2012; entonces, la gimnasia artística se metió de lleno en la agenda olímpica.

Maduro a los 31 años y con triunfos importantes recientes, como en la Copa del Mundo de Anadia, Portugal, Molinari apunta a reescribir su historia panamericana, hasta ahora una mueca triste en su carrera. En Santo Domingo 2003 pagó el precio de su inmadurez de 18 años; en Río 2007 se rompió los ligamentos de la rodilla derecha y siguió compitiendo lesionado, mientras que en Guadalajara 2011 se lastimó el hombro derecho y quedó en inferioridad de condiciones. "Ahora siento que puedo competir de igual a igual con cualquiera y me veo con posibilidades de estar arriba; de hecho, en Portugal les gané a dos rivales directos."

Este atleta nacido en Rosario, que desde los cuatro años vive en San Jorge, Santa Fe, se refiere al puertorriqueño Tommy Ramos y al cubano Manrique Laurdet, pero señala como máximo favorito en Toronto al brasileño Arthur Nabarrete Zanetti -campeón olímpico en Londres 2012- y no se olvida del norteamericano Donnell Wittenburg. "Evolucioné desde los últimos Juegos Olímpicos, donde nadie esperaba nada de mí y fui finalista. Ahora me veo como un deportista de nivel mundial y llego a las competencias con otro peso, con otra jerarquía. Me hice de un nombre y los jueces ya me evalúan con otros ojos."

Era evidente que el pequeño Federico terminaría envuelto en algún asunto del alto rendimiento. Aunque en su infancia, lógicamente, todavía no podía visualizar su horizonte deportivo. La mudanza a San Jorge se dio por un ofrecimiento de trabajo para sus padres, Fernando y Alicia, que se convirtieron en entrenadores de gimnasia en el Club Atlético San Jorge Mutual y Social. Inquieto siempre, de chiquilín paseaba el día entero por las instalaciones de la entidad y se multiplicaba entre la práctica de la gimnasia, el tenis, el básquetbol, la natación, la pelota a paleta y el golf. Su padre no le quitaba la vista de encima y un día le dijo: "Fede, si querés llegar a lograr grandes cosas con la gimnasia tenés que dedicarle más tiempo y dejar de hacer tantos deportes". Ahí mismo fue cuando se animó en las seis especialidades: suelo, caballete, anillas, salto, barras paralelas y barra fija.

Con la incipiente popularidad que ganó en Londres profundizó su estudio de las anillas, el ejercicio que mejor le sienta genéticamente por la fuerza de sus brazos. "Vengo puliendo detalles. La idea es que en las seis posiciones de fuerza durante la rutina marque una postura definida, sin moverme, el mayor tiempo posible. Debo mantenerme 2 o 3 segundos para que los jueces no tengan dudas. Es decir: que sobre tiempo y no falte para que no haya descuento de puntos. Pero lograr eso no es nada fácil; implica mucho ensayo en los entrenamientos".

Gracias al roce mundial aprendió una salida mucho menos complicada respecto de la que mostró en Londres, que lo condenó al último lugar entre los finalistas después de tropezar hacia adelante sobre la colchoneta. "Antes terminaba el ejercicio con un doble agrupado. Aquel último giro y medio era ciego, ya que no me dejaba ver el final del piso y me jugaba a clavar. Ahora hago lo que se llama un doble extendido, con un solo giro, que demanda una ejecución técnica mucho más sencilla".

No le gusta pasar inadvertido. Se mueve cómodo bajo el rótulo de candidato panamericano y no le pesa la presión. Canaliza esa exigencia de manera positiva. Su padre, Fernando, lo acompañará en su papel de coach en Toronto, como en tantas otras competencias. "Cuando yo era adolescente teníamos nuestras disputas; las discusiones en casa se trasladaban después al gimnasio. Ahora la relación es diferente, disfrutamos juntos y además lo hice abuelo".

Molinari se reinventó dentro de su disciplina: entre enero de 2013 y abril de 2014, mientras seguía en actividad, formó parte del elenco de la obra de Flavio Mendoza "Stravaganza, estados del tiempo", en la que actuaba maniobrando en las anillas. En lugar de jueces, había 1000 personas que lo miraban desde las butacas. Fueron 300 funciones en el teatro Broadway y en el Luxor de Carlos Paz, bajo una atmósfera totalmente distinta. Una adrenalina especial surgida de los nervios que trae cualquier show en vivo. "Y... era una prueba mental, más que física. Estaba el miedo a equivocarse frente a tanta gente, pero me sirvió muchísimo como experiencia psicológica y la capitalicé para las competencias". Ciertas veces, cuando venía de obtener una medalla, Mendoza le arrimaba un micrófono y él contaba sobre sus logros.

Hace un par de días, Molinari pasó a saludar por camarines. En realidad, sabe que el verdadero espectáculo lo deberá brindar desde la clasificación en anillas, el 11 de julio, la primera aproximación para un zarpazo al podio en Toronto 2015. La rutina perfecta, ésa es su obsesión desde muy chico.

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