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Un policía con cierta jerarquía designaba, con el azar como único criterio, quién debía posar el dedo pulgar en una de las cuatro máquinas que estaban en la puerta 6 del estadio de Vélez. Se encendía una luz verde y una leyenda advertía: "Acceso permitido". Casi un minuto después una suerte de computadora con el sello del Ministerio del Interior de la Nación liberaba el camino.
En la fila, había jóvenes y adultos. Todos esperaban expectantes. Se escuchaban bromas y quejas. "Pero yo no soy barra, ¿por qué tengo que poner el dedo?", exigió un chico una explicación. Fue en vano. El policía lo observó en silencio y se encogió de hombros, sin nada para decir. Mientras tanto, por un costado, en tropa, ingresaba sin control un numeroso grupo de personas. Era la barra brava, La 12. O parte de ella.
Después de que algunos superaban la supervisión policial por el derecho de admisión, cualquier tipo de control ya parecía exiguo. Ningún policía custodiaba el acceso. Los molinetes estaban liberados. Ni la entrada ni el carnet de socio eran requisitos para ingresar. Había gente que se quejaba de los tumultos y de los empujones. La impunidad simulaba trazar una frontera: de los molinetes hacia la tribuna la jurisdicción dejaba de ser de los uniformados.
Nuevamente en Vélez, como ya sucedió en otras oportunidades, la barra hizo suyo el control de la puerta 6, la vía de acceso al sector popular. En el corazón de la tribuna se ubicó Maximiliano Mazzaro, el segundo en el escalafón jerárquico de La 12. El jefe es Mauro Martín, que está internado en la clínica Santa Isabel, por una herida de bala en el pulmón y el colon, que sufrió en el choque de facciones en el viaje a Santa Fe para el partido de Boca con Unión.
A su manera, Martín quiso decir presente. Envió a su hermano Gabriel, también miembro de la cúpula de la barra, a pararse cerca de Mazzaro. Ellos digitaron los movimientos de la hinchada. Y también los cánticos. Así fue que cuando gritaron prometiendo venganza "a los traidores", desde los tres costados restantes de la cancha silenciaron la voz de la barra con aliento hacia Boca. Nunca más en toda la tarde la hinchada volvió a cantar sobre su interna.
Boca aplicó el derecho de admisión a 67 socios y entre los prohibidos está la facción que rivalizan con Martín y que comulgan con Rafael Di Zeo, el ex jefe de La 12 del que se sospecha que orquestó el choque de la semana pasada. De la barra oficial, el acceso está permitido para todos excepto para Martín y otros dos barras que continúan heridos.
Pese a su estado de salud, Martín ya activó su regreso a la tribuna. Intimó al club para ser excluido del listado de admisión por ser una medida "arbitraria y discriminatoria", según dijo su abogado, Horacio Rivero. Mientras que Mazzaro y su hermano Gabriel manden en la tribuna, Mauro Martín sabe que su poder, por ahora, no corre riesgo.




