Boca-Paranaense, por la Copa Libertadores: el xeneize dio un paso convincente a cuartos

El festejo de Wanchope
El festejo de Wanchope Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
Pablo Lisotto
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31 de julio de 2019  • 23:37

Boca selló ante su gente una serie difícil. Complicada. Incómoda. A lo bueno que había exhibido una semana atrás en Curitiba, le sumó un 2 a 0 sobre Athletico Paranaense que le permite meterse entre los ocho mejores de América, en una instancia en la que enfrentará a Liga de Quito y que también definirá en la Bombonera.

Hasta los 12 minutos del segundo período la serie estaba abierta. El 0 a 0 generaba tensión entre el público, que gritó como nunca y como siempre para alentar hasta perder la voz. Pero entonces Ramón Ábila, amado o discutido, la recibió en la medialuna, se acomodó hacia su derecha y sacó el latigazo. Gol, clasificación y alivio. Y también, en el festejo, un mimo a la distancia a Darío Benedetto, ausente por una lesión que le impidió despedirse dentro del campo de juego. Poco después pudo llegar el segundo. Wanchope la dominó, con un enganche hizo pasar de largo a su marcador y, cuando parecía que pateaba de zurda, se la cedió a Zárate. Pero su remate fue desviado por Santos.

Hubiera sido arriesgado llegar a los últimos minutos de juego sin sentenciar el asunto. Aunque cada vez que Paranaense se arrimó al arco xeneize, chocó contra Andrada una y otra vez, valiera la jugada o estuviera anulada por fuera de juego.

Fue un comienzo nervioso. "Si persigo esa clase de fantasmas, me vuelvo loco y doy una batalla que no tengo que dar. Porque voy a terminar más predispuesto a pensar que, ante cualquier cosa que me cobren en contra, me quieren perjudicar", había dicho Alfaro en los días previos, intentando evitar algo que no pudo. Boca entró en estado de alerta al campo de juego. El penal que le cobraron una semana atrás en Curitiba (sobre la hora, por la intervención del VAR y que Marco Ruben estrelló contra el poste izquierdo de Andrada), hizo que el equipo de la Ribera iniciara la acción en la Bombonera con la guardia alta. Mucho más atento a lo que cobrara el árbitro chileno Julio Bascuñan que enfocarse en hacer su juego.

Boca intentó siempre
Boca intentó siempre Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Y para colmo, el juez hizo todo lo posible para justificar esa preocupación. En los primeros 12 minutos, las acciones se detuvieron más de la mitad de ese tiempo, por diferentes infracciones en favor del conjunto brasileño, y amonestando antes de los 20 a Nandez, Weigandt e Izquierdoz. Demasiado estricto, como dejando bien en claro que no sería para nada localista. Luego, equilibró su actuación y emparejó sacándole amarilla a Pedro Henrique y Wellington en la visita.

De a poco, luego de varios insultos del público al árbitro y fundamentalmente a la Conmebol, Boca se fue calmando y entrando en juego. Y entonces se acercó al arco defendido por Santos. Y lo tuvo Nandez, después de un generoso pase de Ábila, pero el remate del uruguayo fue tapado casi en la línea.

El 1 a 0 como visitante le daba una engañosa tranquilidad. Porque apenas un gol rival llevaba todo a los penales. Siempre peligroso, Ruben inquietó a la zaga central xeneize, que de manera inesperada cambió un intérprete, luego del muy buen trabajo de Paolo Goltz en Curitiba y ante Huracán. Izquierdoz no sólo volvió a la titularidad, sino que tuvo un premio mayor: sin Tevez entre los once, lució la cinta de capitán.

Wanchope se lo perdió en el primer tiempo, pero marcó en el segundo
Wanchope se lo perdió en el primer tiempo, pero marcó en el segundo Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Cerca del exCentral hubo otro foco generador de preocupación. Emanuel Mas seguramente soñó con Rony, que con su cambio de velocidad por momentos fue indescifrable. Pero no le alcanzó.

Paranaense fue un rival duro para Boca. La serie de octavos fue muy pareja, y se definió por detalles: el bombazo de Mac Allister en Curitiba y la lucidez de Wanchope para aprovechar una de las pocas claras que tuvo dentro del área, sellada luego con el zurdazo en el final de Eduardo Salvio, que fue su primer festejo con la camiseta xeneize. El 2-0 que garantizó el pase a cuartos.

En su despedida, Nahitan Nandez fue la figura de la cancha. Un despliegue como los que acostumbró desde que llegó hace casi dos años, desborde e intensidad. Todo lo que históricamente el hincha le exige al jugador que viste la casaca azul y oro. El chico Nicolás Capaldo cumplió un muy buen trabajo, cortando los ataques del rival con sacrificio, pero también con lucidez para evitar faltas innecesarias que llevaran peligro al área propia. Su presencia es un acierto pleno de Alfaro. Hubo otra buena actuación de Alexis Mac Allister, autor del gol fundamental en Brasil, como nexo entre el mediocampo y la línea de ataque por izquierda. Y adelante, todo fue de menor a mayor. Zárate y Ábila arrancaron en otra sintonía, pero en el segundo período aportaron su buen pie y su cuota goleadora, respectivamente.

Alfaro puede celebrar tranquilo su partido 900 como entrenador (378 victorias, 253 empates y 269 derrotas). Boca ganó, volvió a mantener su valla invicta y está en cuartos de final. La (nueva) revancha con River, aunque todavía falten los cuartos de final respectivos con Liga de Quito (Boca) y Cerro Porteño (River) ya se vislumbra en el horizonte de las semifinales de la Libertadores.

Abila marcó y le dio tranquilidad a Boca
Abila marcó y le dio tranquilidad a Boca Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

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