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Debe de haber muchos futboleros en el mundo que atesoran entre sus pertenencias una camiseta antigua del equipo de sus amores. Cuando se la observa, recorren el cuerpo momentos y jugadores vinculados con esa tela que ya es historia.
A Santiago Monti, "Pancho", le ha pasado. En repetidas ocasiones se dirigió a un cajón de su placard, tomó la camiseta que utilizó Boca entre 1992 y 1993, en plena infancia suya, y pensó: "Qué melancolía...". Sin embargo, no todos tienen el talento y la visión suyos como para activar eso que puede parecer una simple remera y exprimirle la magia que tiene. ¿Cómo lo hizo? Encarando hace seis años un proyecto para visibilizar cómo el fútbol y las mujeres van de la mano.
El apodo de Santiago se debe simplemente a una manera de nombrarlo desde pequeño entre su familia y sus amigos. Él es abogado, pero su pasión es la fotografía. Ya durante el secundario pasaba horas capturando momentos, objetos y personas. Lo enamoró tanto esa arte que, si bien ha tenido trabajos remunerados con la cámara, asegura que lo haría gratis por el resto de su vida. En realidad, las fotos son sólo una de sus pasiones. Porque la que tiene por Boca, heredada de su papá, es también muy fuerte. Desde chico era llevado a la cancha por su padre y era tan fanático que tenía una gran colección de camisetas xeneizes. "Por ejemplo, tenía el buzo que usaba Navarro Montoya y una de esos años firmada por todos los jugadores", detalla para LA NACION. Desde hace tiempo no las tiene: por los movimientos de una mudanza, muchas se perdieron.
Pero Pancho no se quedó en el enorme lamento. Pasó el tiempo y eligió darle a ese hecho otro significado. Y reflexionó que esa camiseta de principios de los noventas que sí tenía guardada en su ropero escondía algo que había que aprovechar. "Sobrevivió, y eso ya la convirtió en especial", explica. Con su cabeza llena de arte encontró un sentido profundo a sus tonos: "Es una de mis favoritas porque tiene un poco gastados los colores, pero sentí su aura especial y me di cuenta de que era muy fotografiable. El azul es un celeste que se parece al cielo, mientras que el amarillo es un dorado hermoso", explica Monti. E hizo una sentencia inmediata: "Va a volver a cobrar vida". Así nació "Bomboneras".

El 2014 recién se iniciaba cuando a Santiago se le cruzó la imagen de la mujer para ser el centro del proyecto. Recordó las veces en que pisó el mítico estadio boquense para alentar al club de sus amores y que él había prestado minuciosa atención a lo que otros no: las mujeres presenciaban partidos de fútbol con igual fanatismo al de los varones o más. "Desde que tengo uso de razón, siempre las vi en los estadios. Yo he visto mujeres llorar, exponer su sentimiento y gritar un gol con mayor locura que la de un hombre. Cada vez que iba a la cancha me encontraba con una realidad que no se mostraba en los medios, en internet ni en cualquier otro lado. Y hasta había un claro juicio sobre eso: siempre se ponía la atención en el hincha masculino como si a la femenina no le gustara o no supiera de fútbol. Entonces, hice el clic de empezar a mostrarlo", relata orgulloso sobre cómo empezó todo.
Entonces, en febrero de aquel año, armó el combo. Sacó del encierro aquella camiseta, pensó que en un buen grupo de mujeres encontraría su mismo sentimiento por Boca, tomó sus cámaras y fue en busca de la pasión femenina por los colores azul y oro. ¿Con qué idea? Armar encuentros con ellas y fotografiarlas para el proyecto Bomboneras, que consistía en la publicación de un libro.

"Esto nació con la idea de retratar la pasión femenina en el fútbol. Yo les daba esa camiseta porque quería mostrar la unidad que hay por Boca. Es como una comunidad, un símbolo. Es el amor por una camiseta que, más allá de los modelos que hay año tras año, no deja de ser una. Por eso quería que todas tuvieran la misma camiseta", cuenta Pancho, que en 2018 terminó el álbum puramente visual –de 128 páginas– en el que quedaron inmortalizadas las producciones y fotografías en las que participaron entre 80 y 90 mujeres.
El mensaje fue doble. Monti no se conformó con el simple hecho de mostrarle al mundo de la pelota que también ellas son parte, sino que además se convenció de que nadie debía quedar fuera. Desde una niña a la que la camiseta le calzaba gigante hasta a una abuela rockera. Diferentes generaciones y estilos, pero una misma manera de sentir.
Entre las historias, una mujer me contó que en su santuario no está Dios: le reza a Riquelme
"Eso siempre me gustó para el proyecto. Al hacer fotos con mujeres de diferentes edades, pensé en hacerlas con muchas cámaras y estilos distintos. Fui variando entre máquinas profesionales, de rollo, descartables... Pensaba mucho en qué tipo de cámara encajaba más con la mujer", narra Santiago, que fue más a fondo en los encuentros. Se trataron no sólo de reunirse, fotografiar y despedirse, sino que además las citas incluyeron siempre una charla mediante un café o una caminata para oír qué historia traía la persona en cuestión: "Siempre disfruté de cada encuentro con las hinchas, e incluso de algunas me hice amigo. Conocí gente increíble. Entre las historias, una mujer me contó que en su santuario no está Dios: le reza a Riquelme", comenta.
Bomboneras no terminó en eso. Aunque el libro fue publicado, el entusiasmo por lo que estaba logrando impulsó a Monti a continuar con el proyecto, aunque modificando la temática, para renovarse. Sus cámaras continuaron captando a fanáticas, pero en un contexto distinto: dentro o fuera del estadio en los días de partido, cada una con su propia camiseta. Eso le permitió guardarse los momentos en los que una mujer festeja un tanto de Boca y alienta en medio de los cánticos. Le implicó, alguna vez, perderse goles del equipo por estar atento a esos detalles. Algo que, sin embargo, no lamenta: "Me gusta todo el plan. Ir a lo previo, escuchar cumbia antes de entrar e ir sacando fotos. Lo tomo como un plan muy largo; no voy exclusivamente al partido. Soy fanático, pero me gusta también todo lo de alrededor. Y muchos ya me conocen y me piden fotos: mujeres, familias, grupos de amigos. Es toda una experiencia y una de las cosas que más felices me hacen en la vida", afirma.
En tiempos en los que la imagen de la mujer aún no tenía el valor y la fuerza que posee hoy en día, Santiago puso un pie adelante hace seis años y visibilizó mediante Bomboneras la participación activa femenina. Causó tan buenas impresiones que apenas tres meses después de publicar las primeras fotos en las redes sociales, Boca lo convocó para una muestra en el club un 8 de marzo, presenciada por miles de socias. "Era mi sueño y la ratificación de que lo que estaba haciendo llenaba a mí y a los demás", recuerda con felicidad.

Como si fuera poco, Nike, marca que vistió al plantel auriazul hasta el año pasado, lo contrató para una de sus últimas campañas en la institución: ante su lente estuvo, por ejemplo, Mauro Zárate, pero también Camila Gómez Ares, Cecilia Ghigo y Florencia Quiñones, futbolistas xeneizes. "Las marcas de ropa y los clubes están empezando a mostrarlo más. En aquel entonces no era muy común. Hice Bomboneras desde el amor a Boca, a la mujer y a la fotografía. Sabía que era un proyecto que iba a dejar un mensaje", sostiene Pancho. "Lo más loco es que lo hice solo. No tuve una estructura detrás. Yo soy el fotógrafo, el productor, el asistente y el organizador. Todo a pulmón y con un esfuerzo económico para publicar el libro. Pero siempre estuve convencido de lo que iba a conseguir", apunta.
Por ahora, aquella camiseta volvió al cuarto, pero no a un cajón: encuadrada, luce por encima de la cama de Santiago mientras el proyecto sigue con otras ideas. Los recuerdos de la niñez y el sueño cumplido de los últimos años se potencian cada vez que la observa con los ojos llenos de emoción. "Quizás, algún día, rompa ese vidrio y haga que renazca para una segunda edición", empieza a imaginar. Para que muchas más mujeres, por medio de su cámara, puedan mostrar que el fútbol también les pertenece.







