Carlos Simeone, padre del Cholo: "Entre los 50 y los 55 va a llegar a la selección"

Cristian Grosso
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31 de enero de 2017  

Carlos Simeone habló sobre la carrera de su hijo como entrenador: "Él a la selección la amó y la ama"
Carlos Simeone habló sobre la carrera de su hijo como entrenador: "Él a la selección la amó y la ama" Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

Diego. En la familia es Diego. El apodo nunca invadió la intimidad. “Lo primero que dijo fue goooool, dijo gooool. Increíble, su gen futbolero ya aparecía… ¡Antes que mamá dijo gol”, repite Carlos Simeone , como si no terminara de creer la historia. Es el padre del Cholo … pero no don Carmelo, el célebre lateral de Boca. Si lo habrán confundido… “Hace muchos años, un señor me corrió por la playa con un chiquito. ‘Este hombre tiene un hijo que juega una barbaridad…, ¡pero sabés cómo jugaba él!’ Me quedé mudo…, ¿qué le iba a decir? Estaba con un nene de 8 años... No le iba a romper la ilusión…” Don Carmelo murió en 2014 y no fueron pocos los que creyeron que Diego Pablo había perdido a su papá.

Cuando pisa Madrid, en migraciones revisan su pasaporte y se detienen en el apellido. Les llama la atención y algunos no contienen la curiosidad. Volante temperamental y ahora entrenador. ¿Pero de qué Simeone se trata? De Carlos, socio vitalicio de GEBA, protagonista durante años de los campeonatos internos y ahora director técnico de ‘Los Alpes’, su equipo en veteranos. “Como jugador era metedor, un cinco tapón… robacampista me chicanea Diego. Una vez salimos campeones…, pero como técnico no gané nada”, bromea Carlos después de tres temporadas dirigiendo a muchos amigos con los que todavía se prende en los picados de cancha grande de los miércoles por la noche.

-¿Los Alpes se parece en algo a Atlético de Madrid?

-Mmmmm, 4-4-1-1, hacemos un gol y lo defendemos todos.

-¡Pero toma más recaudos que su hijo!

-Noooo. Tengo volantes que llegan, rompen y sorprenden. Me gusta jugar así.

Diego a su padre le dice ‘Simeone’. Ni papá ni Carlos. Y a su mamá, Nélida, también le aplica el apellido y le dice ‘González’. Códigos de familia. A sus hermanas sí las llama por su nombre: Natalia y Carla. Carlos se hizo futbolero en la calle y fanático de Racing por un vecino de Palermo. A los 7 años llevó al Cholo por primera vez al Cilindro y la pasión no se detuvo más. “Admiraba al brasileño Falcao, era su referente infantil. También lo atrapaba la personalidad de Passarella, le gustaba Kempes… En el Mundial 78 ya tenía 8 años y lo vivió de punta a punta”. Relata con orgullo que su hijo jugó en casi todos los puestos: 4, 2, 3, 5, las dos bandas del mediocampo y 9. “Le faltó atajar nomás. Diego fue un 10 habilidoso, es más, en su debut en Pisa hizo un golazo después de un sombrerito increíble. Con los años se fue acomodando a otras funciones del fútbol”, analiza.

-Después de Giovanni, Giuliano y Gianluca, el año pasado llegó Francesca, la primera hija mujer del Cholo. ¿Cómo lo ve a su hijo?

-Lo veo como un padrazo, siempre lo ha sido con sus hijos. Tiene una relación fantástica con ellos. Y ahora…, con la nena... uhhhh, lo veo feliz, le llegó algo maravilloso en un momento muy especial.

-Al menos a ella no la va a enloquecer con el fútbol…

-No se sabe… quizá sale periodista deportiva.

Cuenta Carlos que en la casa del Cholo, en la exclusiva urbanización La Finca, próxima al municipio madrileño de Pozuelo de Alarcón, no hay ni un ambiente sin una pizarra con abrojitos para armar equipos... “Vas al baño y hay una pizarra…”, bromea. En definitiva, responde a una obsesión compartida: “Cuando nos juntamos, el 90% del tiempo hablamos de fútbol. El resto hablamos de la vida, pero… poquito”, acepta. “‘Pues hombre… usted es el padre’, me dicen el Madrid y hasta me piden autógrafos. Yo me quiero esconder. ‘¡Cómo te gusta Simeone!’, me carga Diego. “Nunca lo había visto así, tan golpeado como después de perder la Champions del año pasado. Pero nunca, nunca. Tremenda desilusión. Se le escapó ahí. No sabía si quedarse, mandarse a mudar…, estaba muy mal, esa fue su mayor tristeza”. Se filtra el futuro… “En Madrid está muy cómodo. Pero creo que en algún momento va a venir el cambio… Italia, Inglaterra, no lo sé, pero va a venir”. ¿Y la selección? “También, pero tranquilo, en su momento. Estoy con él en esperar un par de años más. Él hoy necesita el trabajo en la semana, el partido del domingo… Creo que entre los 50 y los 55 va a llegar a la selección, por ahí va a andar la cosa. Él a la selección la amó y la ama”. Cholo tiene 46 años, entonces… el presagio de Carlos podría darse en Qatar 2022 o en el 2026, en el Mundial XXL de 48 seleccionados…

-¿Diego es receptivo ante la crítica?

-Sí, escucha, escucha. Yo tengo una manera de hablar muy cortita. No me expreso demasiado, pero se lo tiro por elevación. Y llega. Así me manejo con él y con mis hijas. Con los tres igual, y me pescan en el aire.

Carlos está jubilado. Pero vaya si se mantiene activo… “En breve llegaré a los 48 años en la empresa en la que trabajé toda mi vida. Cuando cumplí la edad me preguntaron si quería seguir y les dije que sí. Aprendí mucho cerca de los dueños: en conducta, valores, seriedad…. son alemanes”, agradece. Se refiere a la firma de Orbis, puntualmente a la planta de Villa Adelina donde sigue concurriendo.

-Su hijo es…

-Es un tipo muy sano, totalmente sano…, por eso ha tenido algunas dificultades en la vida. Un tipo que no entiende la maldad en la gente. A veces, tendría que haber sido un poquito más malo. Es muy respetuoso, muy educado, muy noble.

-Pero el año pasado apareció una pelota en la cancha para cortar un avance de Málaga…

-Sí, sí…, ¡no podés hacer eso! Me quedé helado. Por un lado, la picardía... Pero por otro lado, no… no, eso no. No me gusto, no me gustó para nada.

-¿Le dice las cosas que no le gustan?

-A veces se las digo, con mucho cuidado. Porque soy muy respetuoso, nos respetamos mucho mutuamente. Trato de buscar el momento, por ahí dejo que pase el momento. Por ejemplo, ahora le dio: ¿por qué les cuesta tanto recuperar la pelota? Eso le veo ahora al equipo. Trato de no molestarlo. Es muy difícil que hablemos antes del partido. No lo hacíamos en sus días de jugador y tampoco lo hacemos ahora como entrenador. Después si, le digo ‘me parece que tendrías que haber metido este cambio’…, tenemos mucho dialogo. Y cuando baja el rendimiento del equipo todos nos damos cuenta y sufrimos a la par de él. Siempre no se puede triunfar y hay que estar preparado. Como Diego dice, en las crisis se crece.

Carlos elige cinco entrenadores que marcaron a su hijo: Bilardo, Bielsa, Basile, el Bambino Veira y el sueco Eriksson. Pocos..., casi nadie sabe que el primer club donde se probó el Cholo fue Argentinos Juniors. Nunca lo llamaron, entonces apareció Vélez. En los tiempos del baby, llegó a jugar en tres clubes a la vez: Estrella de Oro, de Caseros; General Paz, de Mataderos, y El Fortín, de Devoto. “Se cambiaba en el auto, íbamos de un lado al otro el mismo día”, confirma Carlos. Y recuerda especialmente un partido: “En un campeonato interno de Orbis, en el equipo nos faltaba uno. Diego tenía 13 años y ya estaba en la 9na de Velez, pero nadie sabía nada y nos permitieron ponerlo porque era un nene. ¡Hicimos una pared inolvidable para los dos…! Fue sólo esa vez, nunca más jugamos juntos”.

Sin hermanos varones, Natalia y Carla sufrieron al Cholo en el patio de la casa en la calle Costa Rica 4876. Les pateaba penales, las obligaba a jugar a Titanes en el Ring…y como él era Martín Karadagián, siempre ganaba. “Vi el debut de Diego en primera, en la cancha de Gimnasia..…y 26 años después, también estuve en el Bosque para el debut de Giovanni. Aunque los dos perdieron por el mismo resultado, qué felicidad… Sueño con estar en el debut de Gianluca (18 años) y de Giuliano (14)…, Es cierto que para el más chiquito falta, pero me sobra confianza”. Porque de eso se trata ser un Simeone.

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