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Nada de lo que involucra a Carlos Tevez pasa desapercibido. Dentro y fuera de la cancha, su figura es un imán y su carisma todo lo potencia. Su voracidad competitiva lo ha llevado a ser el ícono de la coronación de Boca luego de casi cuatro años sin festejos del equipo. En su vigesimosegunda vuelta olímpica personal porta los colores del club en el que puso los cimientos del ídolo que mutó en jugador del pueblo. No necesitó amarrarse a la cinta de capitán (la llevó ante Tigre, por la ausencia del Cata Díaz) ni jugar todo el certamen para ser el emblema de la consagración.
Su reencuentro con el mundo xeneize fue el que imaginó tener mientras creció acumulando más títulos con Corinthians, en Brasil; Manchester United y Manchester City, en Inglaterra (donde además salvó del descenso a West Ham con el gol del triunfo en el último partido), y Juventus, en Italia. Con la camiseta que debutó en el fútbol profesional el 21 de octubre de 2001, a los 17 años, levantó ayer la quinta copa en tonalidad azul y amarillo, una cosecha que incluye tres logros internacionales: Libertadores e Intercontinental de 2003 y Sudamericana de 2004. Por aquellos años también festejaba con la selección argentina, en el sudamericano Sub 20 de Uruguay, el Preolímpico de Chile y los Juegos Olímpicos de Atenas, con la chapa de goleador.
En los últimos doce meses, Tevez volvió a vestir ambas camisetas. Cuentas pendientes en un año particular, con elecciones en el club y en el país. Su llegada a Boca en julio fue la apuesta fuerte de Daniel Angelici, que irá por la reelección el mes próximo, y sus palabras sobre la precaria situación social en Formosa, en vísperas de un partido de la Copa Argentina, retumbaron en plena campaña política nacional. Sin guión, con el sentimiento de quien conoce los contrastes del lujo y la pobreza. Criado por sus tíos maternos Segundo Raimundo Tevez y Adriana Noemí Martínez en el barrio Ejército de los Andes, el popular Fuerte Apache, en Ciudadela, el 10 no olvida sus orígenes. Le sonó familiar lo que observaba desde la ventana de un hotel internacional. Se expresó y desde el kirchnerismo se sintieron ofendidos. Lo tildaron de "villerito europerizado" , pero recibió el apoyo de la gente, incluso con banderas en la cancha. Tiene voz y voto.
En pareja con Vanesa Mansilla, la madre de sus hijos Florencia, Katia y Lito Junior, Carlos Alberto Martínez Tevez es la cara de la gloria futbolera por estas horas, aunque tenga la nariz magullada luego del codazo de Víctor Cáceres en Paraguay, en la segunda fecha de las eliminatorias. No volvió a Boca por pedido de la familia. Nunca los expuso. Carlitos sintió que era el momento y no dudó en sumarse a la aventura del torneo local -en el que Boca estaba bien encaminado-, tras jugar la Copa América que Argentina perdió con Chile del otro lado de la cordillera, sin participar de los dos últimos partidos. A los 31 años, estaba listo para disfrutar de ese universo que de chico lo había abrumado. Con espalda para jugar de Tevez, ya sea en el equipo liderado por el Vasco Arruabarrena, con el que no llegó a compartir plantel como jugador, o en el de Gerardo Martino, hasta discrepando con el DT sobre su funcionalidad, como punta o retrasado.
Con el recuerdo del penal fallado ante Uruguay en la Copa América de 2011 en nuestro país, ese tipo de ejecuciones volvió a tener un condimento en sus pies esta temporada. Los fallados, como ante Defensa y Justicia o Crucero del Norte jugando para Boca, y también los convertidos, especialmente el que le permitió a la Argentina pasar a las semifinales del torneo continental, ante Colombia, tras igualar 0-0. Son datos estadísticos. Más ruido hizo su cruce con Ezequiel Ham, quien terminó con fractura de tibia y peroné en una jugada desafortunada. Se disculpó con el chico de Argentinos Juniors, lo visitó en la clínica que fue operado y recibió el perdón que necesitaba escuchar. La jugada encendió la mecha sobre si una sanción de oficio a Tevez tomaba cuerpo de ejemplar. La situación cobró mayor repercusión por estar involucrado el Apache y, claro está, por el desenlace, diferente de otras acciones similares que no terminaron con huesos rotos.
Extrovertido, ocurrente, crítico, agradecido y sin un discurso políticamente correcto, su fama le allanó algunos caminos para darse gustos. Desde ser caddie de Andrés Romero en 2012, en un torneo de golf en Inglaterra, hasta convertirse en un Piola Vago más subiéndose al escenario con el grupo de cumbia conformado por amigos de aquellos tiempos en los que aún se lo conocía como Carlos Martínez y vestía la camiseta de All Boys en las inferiores. Una época en la que cada peso que entraba a su casa valía oro y en la que no se animaba a soñar con lo que llegaría: el reconocimiento, el dinero, la gloria y el amor del pueblo futbolero, fundamentalmente el de Boca, el club al que regresó luego de 11 años para que más fuerte que los dolores lumbares que lo pusieron en duda en algunas fechas suene su grito de campeón.
participaciones directas tuvo Tevez en los 33 goles que anotó Boca sumando las anotaciones en el torneo local y la Copa Argentina.



