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ROSARIO.- Habitualmente se dice que los partidos correspondientes a la Promoción, por ser ésta una serie de ida y vuelta, son "cotejos de 180 minutos". Pero, vale la pena aclararlo, la tensión que sobrevuela en los primeros 90, de a ratos da la impresión de que en ellos se juega el envión anímico decisivo para la segunda parte. Así se vive, se sufre y se celebra o se lamenta, aunque apenas haya transcurrido la mitad de la historia...
Anoche, Rosario Central buscó infructuosamente la diferencia que le permitiese soñar con la vuelta a primera, pero -de momento- debió conformarse con la igualdad (0 a 0) frente a San Martín, de San Juan, el conjunto que defiende el sitial en el círculo mayor. Sufrió Central. Fundamentalmente, porque no encontró una identidad de juego ni logró siquiera un lavado de cara a pesar de los cinco cambios respecto del equipo que cayó ante Desamparados. Fueron más los intentos a través de la fuerza y la potencia que los que transitaron por el juego atildado, que en realidad no apareció en todo el partido. A todo esto, los sanjuaninos le opusieron orden y tranquilidad, claves que Facundo Sava les inculcó desde el banco, sabedor de que con paciencia y un Ardente especialmente inspirado les alcanzaba para llevarse la igualdad que habían venido a buscar y que les cayó muy bien anímicamente.
Inclusive, dentro de un mayor esfuerzo de Central, a los 20 minutos, un tiro libre de Álvarez pasó cerca del palo derecho de Manuel García y marcó el primer llamado de atención para los canallas.
La situación más clara de los locales se produjo justo cuando se cumplía el segundo y último minuto de descuento: Ardente le tapó de modo espectacular un mano a mano a Castillejos y enseguida, con el arco a su disposición, Méndez la tiró por arriba del travesaño. Y si el público rosarino tuvo todo el entretiempo para recuperarse del impacto causado por el gol perdido, en el primer minuto del segundo período, los dirigidos por Juan Antonio Pizzi desperdiciaron una opción más nítida todavía: Castillejos habilitó a Toledo y éste, solo ante Ardente, volvió a sucumbir ante el achique del arquero, que con esfuerzo despejó al córner. Justamente en Toledo y en su decisión de encarar siempre recayeron las ilusiones centralistas. A los 13m, metió un cabezazo por arriba del travesaño y cinco minutos después, otra vez de cabeza, hizo impactar la pelota en el travesaño después de un centro de Carrizo. En el final, en la única desinteligencia entre Ardente y Álvarez, Toledo estuvo otra vez al borde del gol, pero no se le dio.
Igual, fue poco para el conjunto de la B Nacional, que pareció no haberse recuperado aún de las últimas derrotas que lo condujeron a jugar esta instancia. San Martín llegará mejor parado al desquite, sabedor de que otro empate lo dejará en Primera. Pero, a fuerza de ser repetitivos, vale aquella frase inicial: "Son partidos de 180 minutos..."




