Con lo justo: Alemania pasó de rueda con su chapa y ahora juega ante Inglaterra

Con un gol de Ozil, superó por 1 a 0 a Ghana, que también pasó a octavos por diferencia de gol y jugará ante Estados Unidos; el encuentro entre los germanos, que se adjucaron el Grupo, y los británicos está en el camino de la Argentina como posible rival en cuartos de final.
Nicolás Balinotti
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23 de junio de 2010  • 21:24

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JOHANNESBURGO.- Sólo el peso específico de su historia lo convierte en un rival temible. Alemania ya no es el mismo equipo de siempre. Tal vez en esa búsqueda de progreso, se echó mano como nunca antes a futbolistas extranjeros para un seleccionado en el que la curiosidad es que todos sus integrantes actúan en la Bundesliga.

¿Alguien alguna vez imaginó un seleccionado alemán con polacos, bosnios y brasileños? Bueno, esta es la Alemania actual, la que caminó entre abismos para acceder a los octavos de final del Mundial, instancia en la que se cruzará con Inglaterra, el domingo que viene, en Bloemfontein.

Con angustia, el seleccionado alemán evitó ser el primer equipo de su país en no superar la primera etapa en un Mundial. El desahogo se hizo esperar entre momentos de zozobra y tensión. Recién a los 14 minutos del segundo tiempo, Mesut Oezil, un alemán con ascendencia turca, les dio la tranquilidad a los germanos con un remate desde la puerta del área. El exiguo triunfo por 1 a 0 le alcanzó para adjudicarse el Grupo D y su cruce de octavos de final será con Inglaterra, que también accedió con una carga de sufrimiento.

La inesperada caída de Serbia frente a Australia le abrió el paso a Ghana a la siguiente instancia. En el primer Mundial en Africa, Ghana es el único país del continente que continúa en carrera. Se enfrentará con Estados Unidos, el sábado, en Rustemburgo.

Si la derrota con Serbia había hecho del choque de hoy con Ghana un cruce a todo o nada, más dramatismo contextualizó el partido la presencia de los hermanos Boateng, uno para cada equipo. Kevin Prince nació en Berlín y juega para Ghana. Su hermano Jerome es alemán y juega en el conjunto europeo. Son hijos del mismo padre y se criaron en ambientes diferentes. El malo de la película es Kevin Prince, que forjó su carácter en el barrio de Wedding, donde la delincuencia pasea por las calles.

"Me crié en un sitio en donde uno sólo puede ser traficante de drogas, gángster o futbolista", dijo hace poco en una entrevista con la agencia DPA. Pero su imagen de chico malo tomó notoriedad cuando el 15 de mayo lesionó a Ballack y dejó a la figura alemana sin Mundial. Desde entonces, Kevin Prince es el enemigo público N°1 de Alemania. En Soccer City se lo hicieron sentir con silbidos y murmullos.

Al triunfo alemán no le sobró nada. Fue estrictamente con lo justo. Padeció con los avances africanos, sobre todo con las subidas de Boateng, Ayew y Asamoah.

A Alemania se la percibe vulnerable, frágil. La ausencia de Ballack, como un guía de referencia se advierte. Podolski y Schweinsteiger necesitan de mayor compañía. Ghana tal vez mereció mejor suerte. Aunque el azar le extendió la mano desde Nelspruit, donde Australia venció a Serbia y le allanó el camino al único equipo africano que se mantiene de pie.

Lo que viene. Como primero de Grupo, Alemania se medirá ante Inglaterra, el domingo, a las 11, hora de la Argentina, y el ganador de ese partido jugará con el triunfador de la Argentina y México. El sábado, a las 15.30, Estados Unidos jugará ante Ghana y el que pase se medirá en cuartos de final con Uruguay o Corea del Sur. Uno de esos cuatro equipos estará en las semifinales.

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