A corto plazo: el día que el nuevo entrenador de Messi dirigió a Guinea Ecuatorial

Setién, con una larga trayectoria en el fútbol español
Setién, con una larga trayectoria en el fútbol español Fuente: Archivo
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13 de enero de 2020  • 20:26

Durante sus casi veinte años como entrenador, Enrique Quique Setién, flamante conductor del FC Barcelona, trabajó en varios equipos de segundo orden. Tras asumir en reemplazo del despedido Ernesto Valverde, el club blaugrana será su experiencia más importante como director técnico.

Setién condujo durante mucho tiempo al Racing de su ciudad natal, Santander, y también trabajó por seis años en el Lugo, aunque comenzó a ganar reconocimiento la temporada pasada, al frente de Betis, con el que consiguió un rutilante triunfo por 4-3 en el Camp Nou frente a Barcelona.

Sin embargo, y dentro de su extensa trayectoria, Setién tiene un paso casi anecdótico como entrenador de selección. Fue en 2006, cuando visitó Guinea Ecuatorial como representante de Logroñés por un convenio de colaboración. El brasileño Antonio Dumas renunció como DT de ese seleccionado en medio de la clasificación para la Copa Africana de Naciones, y los dirigentes le ofrecieron convertirse de inmediato en su reemplazante.

"Coincidió que estaba allí y me ofrecieron el cargo. Acababa de dimitir Antonio Dumas y me pidieron por favor que me hiciera cargo de la selección. Entonces no tenía trabajo y me presentaron una propuesta de trabajo, unas ideas que parecían muy claras", contó tiempo después en una entrevista en el sitio español Público. El estreno fue con una dura derrota por 3-0 frente a Camerún. Antes y después, recibió cientos de promesas sobre lo que iba a ser un proyecto serio y a largo plazo.

"Estuve durante bastante tiempo conociendo el país, su vida, sus infraestructuras, sus posibilidades. Volví a Guinea, incluso estuve durante varias semanas, conocí su vida, observé muchos niños, hablé con mucha gente. Llegué a traer, incluso, a Esteban Torre, a una de las personas que trabajan conmigo, vimos muchos partidos y a muchos jugadores, porque creía en ese proyecto. O quise creer, al menos", expresó Setién sobre aquella situación.

Y luego detalló el epílogo de esa experiencia: "A medida que pasaba el tiempo donde me di cuenta de que esta gente no tenía intenciones ni seriedad ni nada que se pareciese a firmar un contrato. Me reuní un día con el presidente de la Federación y un familiar de la cúpula, pero nada más. En uno de los viajes me tuvieron tres días en el hotel sin que apareciese nadie. Aquello fue definitivo (...) Fui a trabajar, a ganar dinero. Tengo que trabajar para vivir. De hecho, la propia vida en Guinea, el hotel, la comida..., todo eso me generó unos gastos que yo mismo tuve que cubrir, la Federación de Guinea no me pagó nada".

Setién recordó lo que vivió durante su paso por Guinea Ecuatorial de manera más humana que profesional: "Era un país deprimido, triste, sin apenas infraestructuras y con gente en situación muy difícil, con enfermedades que se palpaban en las mismas calles y gentes muy poco habladoras, en la propia Bata, la ciudad principal. La situación es de lo más alejado que podemos pensar nosotros los occidentales. Recuerdo que en el primer viaje fui con un fotógrafo del diario As, recorrimos las zonas más deprimidas del país y es difícil olvidar lo que vieron nuestros ojos. Había niños muy necesitados, que jugaban descalzos en las calles de Malabo o Bata llenas de agujeros, con balones raídos, y a los que eso no les importaba nada, porque tenían esa pasión. Había que hacer algo por ellos. Yo fui, porque estaba dispuesto a intentarlo. Quise hacerlo. Pensé en hacer selecciones por edades para que los chavales jugasen cada semana una competición controlados por entrenadores. Pero sí es verdad que no es fácil y que me consta que, desde entonces, las cosas han cambiado poco. Ha pasado mucha gente después de que estuviese yo y casi todo el mundo ha durado muy poco. Porque allí la vida va muy despacio. Nosotros en Occidente estamos acostumbrados a otra cosa. Y sí es verdad que cuando yo fui a Guinea sabía que debía armarse de paciencia, pero una vez allí comprobé que la paciencia tiene un límite".

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